miércoles, 10 de junio de 2020

AGUA POR TODAS PARTES Y NI UNA SOLA GOTA PARA BEBER


En la Tierra hay un volumen de 1386 millones de kilómetros cúbicos de agua, el 71% de
ella es agua  accesible y aún así sigue faltando. ¿Cómo es esto posible? En España,
por ejemplo, estamos rodeados de agua de mar. ¿Por qué no beberla?
Estas son preguntas que cuando en tu clase se habla de calentamiento global, sequía y de la falta de agua te sueles hacer. Pero la respuesta es más que obvia: el ser humano no puede consumir el agua de mar, ésta te produce mucho más mal que bien. Nuestro riñón es el encargado de desechar los elementos innecesarios a través de la orina. Él solo puede producir una orina que tenga menos ión cloruro que el propio medio interno y para eliminarlo tiene que eliminar un volumen de orina superior al volumen de agua marina ingerida pero además tiene que utilizar agua pura, que como no la has bebido porque solo bebes agua de mar, tu cuerpo la coge de los tejidos de los organismos produciendo una grave deshidratación que puede causar la muerte.
La siguiente pregunta que se te viene a la cabeza es, ¿cómo hace esto los riñones? Esto es la variación de concentración de orina, varía entre especies y depende


                   del asa de Henle que es una estructura de la nefrona (unidad principal del riñón) que se encarga de proporcionar el medio osmótico adecuado. Las aves y los mamíferos son los únicos grupos de animales capaces de producir una orina más concentrada que el plasma sanguíneo de cuya filtración procede tal orina.
Entonces, ¿los mamíferos marinos no pueden beber agua de mar? Ellos sí son capaces porque pueden producir una orina de muy alta concentración osmótica. Estos animales disponen de 30 ml de agua pura por cada litro de agua de mar. Los humanos no podemos alcanzar esta concentración tan alta para expulsar el
exceso de sales por lo tanto su eliminación produce esa pérdida neta de agua.
Nuestro límite en condiciones extremas y en un periodo no prolongado es de una concentración osmótica de 1400 mOsm l-1, cuando lo normal es de 285 mOsm-1. Los mamíferos marinos pueden alcanzar esa cifra sin esfuerzo, esa es una gran diferencia con el resto de mamíferos.

SUMMARY
We know that the human been can not drink seawater. If we drinked, our kidney would not remove the salts so it will need pure water, the kidney will obtain that from the tissues producing a dehydration.
The kidney can do it because he use an anatomical structure called Henle handle 
that make a good osmotic medium.

Irene Martínez Martínez.


martes, 9 de junio de 2020

Y EN UNA ISLA DESIERTA ....¿QUÉ HAY PARA BEBER?



El ser humano se hace constantemente preguntas y de vez en cuando se pone en situaciones extremas. Seguramente sabéis de qué hablo, ¿quién no se ha puesto alguna vez en la piel de Robinson Crusoe? En el momento en que nos ponemos en esa situación, lo primero que nos viene a la cabeza es... ¿cómo podría sobrevivir? Y automáticamente después comenzamos a buscar formas de alimentarnos e hidratarnos, y aquí es cuando aparece la gran pregunta ¿el agua de mar sería un buen recurso para evitar la deshidratación?
Lo más normal es que cuando hayáis intentado responder esta pregunta la respuesta haya sido no, y su justificación haya sido que te da aún más sed, por lo que no serviría de nada, pero... ¿por qué ocurre esto? Para dar una buena respuesta, se debería empezar explicando la función de los riñones: filtrar la sangre, eliminando los desechos y el exceso de agua para producir orina. Estos no están preparados para producir una orina de más de un 2% de concentración y el agua de mar tiene aproximadamente un 3% de sal, por lo que si la bebemos para calmar la sed, los riñones tienen que retirar agua de nuestro cuerpo para diluir la sal extra y esto nos hace sentir más sedientos.
Si bebemos un litro, nuestros riñones necesitarán al menos un litro y medio de agua pura para diluir toda la sal. Para conseguirlo, se verán obligados a retirar medio litro extra de agua de nuestro cuerpo. En el caso de que bebiésemos 1 vaso de agua de mar al día (unos 250 ml), estaríamos ingiriendo una cantidad de sal de 8,75 g aproximadamente.
Además, ingerir este agua crea hipertensión y aumenta considerablemente el riesgo de padecer enfermedades cardíacas y ACV (accidente cerebrovascular), debido a que las arterias se contraerían para mantener la presión arterial y provocando que la sangre deje de llegar al cerebro.
En 1952 un doctor llamado Alain Bombard hizo un experimento llamado «Náufrago Voluntario» en el cual se lanzó a la deriva en el Atlántico durante 65 días en una balsa sin provisiones. Según él, en caso de que te encuentres en alta mar es posible beber una cucharada de agua de mar cada 20 minutos, bebiéndose muy despacio y dejando que la saliva reduzca la salinidad del agua ingerida. Esto, según él, contribuiría a sobrevivir más tiempo. De todos modos, hoy en día se sabe que el Dr Bombard llevaba escondido comida en la balsa, de esta forma su teoría deja de ser muy fiable.
En conclusión, si se os pasa por la cabeza la idea de ser náufragos voluntarios nunca bebáis agua de mar si no queréis deshidrataros, acudid mejor al agua de coco o de otro tipo de fruta acuosa como la pera.
Ángela Gutiérrez Vílchez.

domingo, 7 de junio de 2020

LOS OCÉANOS SE SATURAN DE PLÁSTICOS

La ONU advierte que, para el año 2050 nuestros océanos tendrán más plásticos que peces. 

 Esta preocupante noticia es consecuencia de la gran cantidad de residuos, como bolsas, colillas, botellas, redes de pesca, etc. que se han vertido al mar de forma accidental durante las últimas décadas. En concreto 8 millones de toneladas de basura llegan cada año a los mares y océanos y se desconoce la cantidad exacta de plásticos, pero se estiman que unos 5-50 billones de fragmentos de plásticos se encuentran en el mar, sin incluir los que hay en el fondo marino o en las playas. A islas, como la situada en el territorio de Henderson, en el Pacífico, llegan cada día 3.570 residuos de plásticos a sus costas, acumulando 18 toneladas de desechos en sus 37 kilómetros cuadrados. 

 Pero realmente los grandes perjudicados son los animales del mundo marino, ballenas muertas con gran cantidad de plásticos en sus estómagos, tortugas y delfines agonizantes después de ingerir este material, cangrejo ermitaño en el interior de un tapón de botella, y así podríamos seguir con incontables ejemplos que afectan a estos animales. 

 Por último, esos mismos desechos plásticos afectan a nuestra salud, ya que los pescados y moluscos que consumimos en nuestra alimentación contienen grandes cantidades de microplásticos que, al consumir estos animales, pasan a nuestro organismo. 

 El impacto de los vertidos en los océanos viene originado por el tiempo que necesita el plástico en biodegradarse, ya que dependiendo del tipo y de las condiciones a las que se expone (luz solar, agentes mecánicos, oxígeno) tarda más o menos tiempo. Algunos ejemplos de estos periodos serían: hilo de pesca ± 600 años, botella ± 500 años, cubiertos ± 400 años, vaso 65-75 años, bolsa 55 años, suela de zapato 10-20 años, colilla 1-5 años, globo 6 meses. 

 Además de la contaminación de aguas y animales con microplásticos, existen otros problemas como los accidentes que sufren los animales marinos y aves del entorno al producirse enredos (tortugas que quedan atrapadas en las viejas redas de los barcos), asfixias (cigüeñas atrapadas en bolsas de plástico), estrangulamientos o desnutrición de los animales al ingerir estos materiales y bloquear el estómago o el intestino (polluelos que tragan algún trozo de plástico y mueren por perforación del intestino o problemas crónicos e irreparables).

 El consumo de plásticos arroja cifras alarmantes, siendo los países más industrializados los que más utilizan estos materiales, como puede apreciarse en el gráfico (fig. 1). En este mapa, podemos observar los residuos de plásticos mal administrados y los remolinos de agua que atrapan enormes masas de desechos en su corriente. 

 Toda esta cantidad de desechos podría reducirse de forma eficaz, mejorando la gestión de las basuras, reduciendo su cantidad y reciclando. Es un esfuerzo de todos y frenar esta contaminación es responsabilidad también de todos, desde quienes los fabrican, lo consumen y administran los residuos. 

Ya en varios países del mundo se han iniciado medidas para detener este problema global, por ejemplo, en Holanda, Alemania, Croacia, Canadá y varios estados de EE.UU. y Australia, ya tienen en marcha sistemas de retorno de envases que ha demostrado que permite recuperar casi el 100% de los envases. Otros como Francia, Marruecos, Senegal, Ruanda, Mauritania o China, han optado por la prohibición del empleo de determinadas bolsas de plásticos. El uso de las microesferas de plásticos empleadas en productos cosméticos está prohibido por leyes en EE. UU. Australia y otros países como Canadá, Dinamarca, Suecia o Reino Unido están en fase de sacar nuevas normas para impedir su utilización. 

 También de forma individual se pueden tomar medidas para reducir el consumo de estos residuos, evitando las bolsas de plástico de un solo uso y utilizar en su lugar bolsas de tela, cestas o carros, priorizando la compra de botellas y envases reutilizable y/o retornables, controlando los ingredientes de los cosméticos y evitar los productos con microplásticos: polietileno (PE), polipropileno (PP), PET, PMMA y/o nylon, rechazando envases y utensilios de un solo uso como vasos, cubiertos o pajitas y por supuesto, depositando los residuos plásticos en el contenedor adecuado. 

 Por otra parte, habría que duplicar los esfuerzos para conservar y utilizar de manera sostenible los océanos, mares y recursos marinos y sería deseable que se invirtiera en procesos que, no sólo limpien, sino que impidan que los desechos terminen en el mar. 

 El gran potencial del reciclaje es indudable, de botellas de PET (polietileno tereftalato) recicladas pueden proporcionar fibras para fabricar camisetas, los vasos usados de plástico pueden tener más oportunidades transformándose en cubos de basura, bancos para parques o juegos de parques infantiles. La idea es no fabricar más, sino reutilizar lo ya producido, aunque no sea bien acogido por las fábricas de plásticos que obtienen grandes ingresos anuales (600 mil millones). 


















Cristina De la Plata Delgado.

martes, 14 de abril de 2020

ENSEÑANZA DURANTE EL CONFINAMIENTO: CAMBIO DE PRIORIDADES

A raíz del repentino confinamiento, la escuela ha saltado por los aires. Se acabó la normalidad, y todo intento de fingir que la actividad docente se mantiene como si tal cosa, por mucho que se aderece de nuevas tecnologías, teletrabajo, etc., está condenada al fracaso, si no al ridículo. Expondré sucintamente en qué me baso para tan categóricas afirmaciones. Adelanto que mis tesis coinciden en buena parte con lo expuesto por Guadalupe Jover en un atinadísimo artículo publicado en El Diario de la Educación. 
Mi mayor discrepancia no radica tanto en el análisis de la situación como en las consecuencias que extraigo de él. Parto de una obviedad que, sin embargo, conviene tener muy presente: estamos ante una situación única. Jamás el sistema educativo ha tenido que hacer frente, de un día para otro, a algo parecido. Por tanto, es normal que todos (repito, todos: profesorado, estudiantes, familias, incluso la propia Administración) estemos desorientados y titubeemos sobre cómo actuar. Admitámoslo. Cualquier intento de fingir normalidad está condenado al ridículo. 
 Si damos por buena la premisa anterior, habrá que admitir que no podemos intentar desarrollar unas actividades lectivas “normales”, solo que a distancia. Hay muchos motivos, y empiezo por el que creo más importante: el profesorado y la administración no pueden ofrecer “clases normales” cuando el alumnado y sus familias están viviendo una situación traumática, encerrados semanas enteras en sus casas, conviviendo en un espacio reducido y con una amenaza invisible pero cada vez más presente, viendo como familiares dejan de trabajar y no saben si volverán a hacerlo, … Desde luego, una situación de estrés prolongado en el tiempo es lo menos aconsejable para desarrollar un aprendizaje “normal”. 
 Añadamos, además, otra obviedad. No se puede transformar un sistema educativo presencial en otro a distancia, literalmente, de la noche a la mañana. Una cosa es utilizar recursos online y comunicaciones a través de las nuevas tecnologías – en mayor o menor medida, la mayor parte del profesorado ya lo estábamos haciendo – y otra muy distinta, pasarse en bloque a un modelo 100% no presencial, con todo lo que esto implica: currículo modificado, evaluación, actividades de todo tipo, etc. La propia infraestructura proporcionada por la Administración, que ya deja bastante que desear en condiciones normales, ahora se revela claramente insuficiente, a pesar de los esfuerzos que se están haciendo. Por otro lado, nuestra formación, experiencia e incluso manera de pensar están totalmente orientadas hacia una enseñanza presencial, aunque usemos cada vez más herramientas telemáticas. En definitiva, padecemos de escasez de recursos, formación y tiempo para abordar con éxito un cambio tan grande. 
Si por el lado de la administración y el profesorado, las insuficiencias son notables (a pesar de los esfuerzos, insisto), veamos qué sucede en los hogares y familias. A estas alturas no debería hacer falta hablar de las enormes desigualdades sociales en el acceso a recursos TIC, material de estudio o, simplemente, lugar apropiado para el mismo. En un modelo presencial, esto puede ser parcialmente compensado en el centro de enseñanza. Ahora es imposible. La famosa “brecha digital” puede desembocar en un abismo social.
 Si antes de la pandemia, la situación en muchos hogares ya era difícil, imagínense hora. ¿Cuántos miles de pisos de 60 metros cuadrados o menos albergan familias con dos o tres niños, padres con trabajo en precario (a menudo sin empleo), algún abuelo en situación de riesgo (o, peor aún, aislado en su domicilio), un o ningún ordenador, una mala conexión a Internet – si acaso – un adulto teletrabajando, etc.? ¿Se imaginan la tensión continua obligados a convivir las 24 horas, día tras día y sin respiro, en estas circunstancias? ¿Podemos pretender que niños y adolescentes estudien a distancia las 11 asignaturas de, por ejemplo, primero de ESO con “normalidad”? 
Por último, pero no menos importante, esta situación pone en primer plano la importancia del factor humano, de la cálida presencia de las personas que están implicadas en el hecho de aprender y enseñar. Esto es tanto más importante cuanto menor es la edad de los estudiantes. Es necesario estar frente a frente para desarrollar las interacciones entre todos nosotros necesarias para aprender. 
 Ante esta situación, que debemos reconocer difícil, ¿qué podemos hacer los enseñantes? Mucho, sin duda, como todas las profesiones que son de intervención social. Allá va mi opinión. En primer lugar, redefinir nuestros objetivos. Tal vez debamos olvidarnos de desarrollar una programación pensada para otras circunstancias muy diferentes. En lugar de ello, deberíamos determinar en qué podemos ser más útiles para nuestro alumnado, ante lo que está experimentando ahora. Mal asunto si la educación que ofrecemos no puede ayudarles a comprender y afrontar la difícil situación en la que nos encontramos. 
¿Qué medidas tomar como docentes? En mi opinión, habría que proporcionar a nuestro alumnado actividades y recursos que les permitan entender lo que está pasando (aproximarse, vale, que esto no lo comprende del todo nadie), otros que les permitan relajarse y aprender sin estrés añadido: lecturas, vídeos, etc. que tengan un valor formativo en sentido amplio y contribuyan a desarrollar habilidades como la lectura, la escritura, la interpretación de una imagen, etc. Muy importante también será desarrollar el espíritu cooperativo y solidario, así como el pensamiento crítico: ¡qué magnífica ocasión para analizar bulos que circulan por las redes, enseñar a rastrear las fuentes, distinguir ciencia de pseudociencia, etc.! Pero todo ello sin agobiar, muy al contrario, aprovechando la ocasión para que se pueda aprender sin añadir más presión a la que ya estamos todos sufriendo. Para ello sería necesario relajar la carga de tareas y plantearnos unos mecanismos de evaluación, si es que ha lugar, más acordes con estas circunstancias excepcionales. 
Queda por abordar la difícil cuestión del “cierre” del curso. En mi opinión, solo es difícil en el caso de los cursos terminales de etapa, las pruebas de acceso a la Universidad y las prácticas en empresas en la formación profesional. Se trata de cuestiones más específicas cuyo debate (al menos en algunos aspectos) merecerá un artículo dedicado a ello. En el resto de los cursos y niveles, sobre todo si el cierre de los centros educativos se prolonga, a mí no me dolerían prendas en darlo por terminado con lo que se ha hecho hasta ahora más lo que estamos haciendo no presencialmente, pero esto último siempre a título complementario. Los profesionales de la enseñanza sabremos como tener en cuenta en nuestras programaciones futuras todo lo que no se ha hecho - o se ha hecho de manera diferente a la prevista - en este curso. 
El sistema educativo tiene que ser lo suficientemente flexible como para asumir y metabolizar un curso anómalo. Si no lo es, entonces merece que este bichito o cualquier otro agente lo ponga patas arriba.

lunes, 8 de julio de 2019

APRENDIENDO A CAMBIAR EL MUNDO ENTRE TODAS - 5


En el anterior artículo expliqué los motivos que me han impulsado a emprender esta actividad con mi alumnado de Primer curso de Bachillerato, en el marco de la asignatura "Cultura Científica".En este artículo presento algunos detalles sobe el contenido y desarrollo de la actividad. Como sabéis, esta consiste en una simulación, con el máximo realismo posible, de tres ONGs. Los dos grandes objetivos eran: 
1.- Poner en práctica conocimientos científicos, tecnológicos y sociales propios de la asignatura, integrándolos en un proyecto colectivo que desarrolle también la vertiente humanística de la ciencia. 
2.- Tomar contacto con problemas humanos propios de la sociedad contemporánea - tanto a nivel local como global - y valorar la posibilidad e importancia de comprometerse en su solución formando parte de colectivos sociales. 

Al igual que en ocasiones anteriores, nos planteamos crear ONGs cuyo ámbito de acción estuviera claramente relacionado con los contenidos de esta asignatura. Esto significa que las asociaciones deberían trabajar en asuntos social y humanamente relevantes, para los que fuera necesario poner en juego conocimientos científicos y tecnológicos. En la asignatura Cultura Científica trabajamos temas científicos de relevancia social: relacionados con la salud (enfermedades infecciosas, patologías asociadas al estilo de vida en los países ricos, etc.) y el ambiente (gestión del agua, calentamiento global, energías renovables, etc.). Así pues, podíamos utilizar como punto de partida los tipos de ONG sobre los que he trabajado en ocasiones anteriores. 

Propuse a mi alumnado que , en tres grupos, diseñaran detalladamente sendas ONGs: 
1.- Un grupo ecologista arraigado en nuestra ciudad (Sevilla) y centrado en problemas locales, pero, al mismo tiempo, capaz de proyectar su acción en la problemática ambiental global. 
2.- Una asociación de apoyo a pacientes de enfermedades raras y su entorno familiar, capaz de actuar en relación con las familias directamente afectadas, la Administración y la sociedad en su conjunto. 3.- Una asociación de solidaridad y cooperación con una región determinada de África subsahariana (Yadé, República Centroafricana), centrada especialmente en ayudar a mejorar sus estándares de salud y educación. 

Los estudiantes que trataran de poner en marcha un grupo ecologista tendrían que poner en juego sus conocimientos de temas como los impactos ambientales en las grandes ciudades, la gestión del agua, las energías renovables, el calentamiento global, etc. Asimismo,tendrían que documentarse sobre la situación urbanística de nuestra ciudad, con especial atención a la movilidad, la contaminación atmosférica y los proyectos que afectan al río y su entorno. 
Por su parte, quienes se agrupaban en la asociación de familiares de pacientes de enfermedades raras tendrían que profundizar en el concepto de enfermedad, los tipos de enfermedades y su repercusión social, con una atención especial a las enfermedades hereditarias y a algunas enfermedades mentales. También tendrían que iniciarse en el complejo mundo de los cuidados y la dependencia, tratando de empatizar con la difícil situación de los familiares de estos enfermos. 
 Finalmente, los miembros de la ONG de ayuda a la región africana antes citada tendrían ante sí una ingente tarea: decidir qué dispositivos de energías renovables utilizarían para abastecer una escuela y un centro de salud situados en el casi inaccesible macizo de Yadé (República Centroafricana); diseñar un sistema barato y práctico de potabilización de agua, así como un conjunto de medidas para abastecer de agua potable a varios núcleos rurales, con objeto de frenar la propagación de ciertas enfermedades infecciosas; poner a punto un programa de lucha contra la erosión del suelo y la consiguiente desertización, que en esta región del mundo constituye uno de los mayores factores ambientales y antrópicos generadores de pobreza. 

En las tres asociaciones, mis estudiantes tuvieron que documentarse sobre los requisitos legales (ley de Asociaciones de Andalucía de 2006, entre otras) para constituir una asociación de utilidad pública. Tuvieron que redactar unos estatutos, hacer una asamblea y elegir una Junta Directiva, definiendo las funciones de cada uno de sus miembros. También tuvieron que definir los tipos de socios, las cuotas que pagarían, las relaciones que mantendrían con otros colectivos (federarse o no federarse con ellos) y con la Administración (solicitud de subvenciones para proyectos concretos, vigilancia crítica de ciertas políticas públicas). Naturalmente, tuvieron que elaborar un presupuesto, detallando fuentes de financiación realistas. 

Cada grupo dispuso de un único documento de apoyo, elaborado por el profesor. En este documento se especificaban los objetivos y productos finales requeridos, así como una pequeña lista de sugerencias y referencias bibliográficas.

Pero tal vez lo más importante es que tuvieron que discutir y aprobar un plan de acción para dos años, definiendo claramente sus objetivos prioritarios, los medios que emplearían para lograrlos (incluyendo la financiación) y los resultados tangibles que esperaban obtener.¿Os parece exagerado? A ellos no se lo pareció. Lo hicieron francamente bien, teniendo en cuenta el escaso tiempo con el que contaron, así como la carga de trabajo que, a finales de este curso, les imponían las demás asignaturas. Elaboraron folletos explicativos, diseñaron y programaron todo tipo de actividades para recaudar fondos, abrieron cuentas en redes sociales e incluso un grupo llegó a redactar, con total corrección formal, la notificación de una manifestación a la Delegación del Gobierno. 

Espero que los resultados se puedan exponer de manera pública en un foro educativo próximamente, pero, en cualquier caso, estaré encantado de ampliar información sobre esta experiencia a quien me la solicite. Lo más importante, para mí, es que una treintena de jóvenes que antes de la actividad desconocían por completo el mundo del asociacionismo y jamás se habían planteado la posibilidad de trabajar colectivamente para mejorar el mundo, lo ven ahora como algo factible y –espero que al menos en algunos casos – deseable. Tal vez alguno de ellos se comprometa en un futuro con algún movimiento de intervención social, y quizá convenza a alguien más para que haga lo mismo. 

Si esto no es “espíritu emprendedor”, que venga Wert y lo vea.

sábado, 29 de junio de 2019

APRENDIENDO A CAMBIAR EL MUNDO ENTRE TODAS - 4

Dedicado a Carola Rackete, la capitana del Sea Watch, que ha tenido el coraje de hacer en la vida real lo que nosotros aprendemos en simulación.


Hace seis años, en el marco de otra asignatura, llevé a cabo por primera vez esta experiencia con alumnado de 1º de Bachillerato (16-17 años). Durante los cursos siguientes ha habido cambios en el currículo, en el perfil de mi alumnado y en el contexto sociocultural en el que nos desenvolvemos. He tenido que metabolizar todo ello, junto con las experiencias educativas desarrolladas en este intervalo, hasta decidirme a poner en práctica nuevamente esta actividad. Los motivos que me impulsaron a hacerla seis años atrás siguen siendo igual o más válidos, así que reproduzco lo que entonces escribí:

En esos días debatimos en clase la importancia de la investigación encaminada a prevenir y curar enfermedades como la malaria, leishmaniasis, kala-azar, etc. También discutíamos el conflictivo asunto de las patentes que grandes multinacionales farmacéuticas detentan y la posible oportunidad de liberarlas para que tratamientos como los antirretrovirales contra el SIDA estén al alcance de todo el mundo. Los propios alumnos se documentaron, formularon argumentos a favor y en contra de las distintas opciones, y las debatieron ampliamente. Como veis, una asignatura peligrosa.
Pues bien, durante el desarrollo de esta actividad pude constatar algo que no era nuevo para mí, pero que en esta ocasión se presentaba ante mis ojos con especial intensidad. Me refiero al hecho de que la totalidad de mis estudiantes mostraban un total y escandaloso desconocimiento de lo que son los poderes públicos, la Administración a sus distintos niveles, y la diferencia entre ésta, las empresas privadas y los colectivos ciudadanos. Llegaban al extremo de exigirle a una asociación de vecinos lo que debería ser competencia de un ministerio, al ministerio o consejería lo propio de una empresa privada, y a ésta lo que habitualmente hace una ONG. Todas las instancias que acabo de mencionar eran vistas como parte de la misma vaga nebulosa que planea sobre sus cabezas y que podrían haber descrito como “los que mandan”, “los que tienen el dinero”, o, simplemente, “los de arriba”.
No es que este desconocimiento del mundo que les rodea me resultara nuevo. Llevo demasiados años en la enseñanza como para no conocer la mentalidad y grado de conciencia social del alumnado con el que trabajo. Sin embargo, esta vez había unas circunstancias que lo hacían especialmente llamativo. El grupo en cuestión estaba formado por jóvenes de unos 17 años, de un entorno urbano, en su mayoría hijos de funcionarios, pequeños comerciantes, técnicos especializados, etc. Además, casi todos son buenos estudiantes, están familiarizados con las nuevas tecnologías, han salido más de una vez al extranjero (participan en el programa bilingüe inglés-español de mi centro) y, lo que quizá sea más importante, tienen unas elevadas expectativas profesionales. En definitiva, lo que yo creía percibir en esos días es que estos futuros médicos, ingenieros, periodistas, enfermeros, profesores, traductores, etc. no distinguían una ONG de un Ministerio, no sabían qué puede esperarse de cada una de estas entidades y - peor aún – ni se les pasaba por la cabeza la posibilidad de agruparse en alguna asociación y  trabajar colectivamente para mejorar cualquier aspecto de nuestra vida.

En estos años son muchas las ocasiones en las que he desarrollado simulaciones y juegos de rol con mi alumnado. Durante este tiempo, he estado expuesto, como todo docente, a un continuo bombardeo de exhortaciones a educar en la “cultura emprendedora”, término de incierto significado, pero que parece asociarse a “empresario – competitivo - individualista – buscador de éxito personal”. La última granizada la he recibido de la Consejería de Educación, en forma de instrucciones para el próximo curso, que ya he comentado en las redes recientemente. Pues bien, una vez más he decidido llevar a la práctica mi particular interpretación del “espíritu emprendedor”, y me he embarcado con mis estudiantes de Cultura Científica en el diseño y creación simulada de tres ONGs.
CONTINUARÁ

domingo, 16 de junio de 2019

SPACE X: LA CONTROVERSIA DEL PLANETA ROJO

 
Space Exploration Technologies Corporation (Space X) es una empresa privada estadounidense que se dedica al transporte aeroespacial. Ha sido creada por Elon Musk, gran empresario de éxito, fundador también de Tesla Motors y cofundador de Pay Pal, entre otros. Con Space X ha creado varios cohetes de investigación, añadiendo la característica de que la mayoría de sus componentes pueden reutilizarse, como el Falcon 1.
Actualmente, la empresa se encuentra desarrollando el proyecto de construir un transporte para desplazar humanos a Marte para colonizar el planeta rojo, lo cual planea hacer a partir de 2024, con el objetivo final (de aquí a cien años) de establecer allí una colonia de millones de humanos. El proyecto consistiría en llevarlos hasta Marte en la nave, que ya se conoce como BFR o Starship, dejar allí alrededor de un centenar de pasajeros y regresar a la Tierra para un nuevo viaje. El objetivo final y principal de Musk es convertir Marte en un nuevo planeta Tierra donde los humanos puedan vivir de forma normalizada y cómoda.
Sin embargo, ante estas ambiciosas intenciones se plantea una cuestión: la Tierra es el único planeta que tenemos, al que los humanos realmente pertenecemos, así como toda la biodiversidad existente a lo largo y ancho de todo el planeta azul. Nuestro único y hermoso planeta, que estamos destruyendo y por tanto también a nosotros mismos.
¿De verdad el ser humano sería capaz de ser tan antropocéntrico y egoísta como para abandonar por completo lo que nos queda del planeta y aplicar la ley del sálvese quien pueda? Sin duda es una pregunta cuanto menos inquietante, ya que da la impresión de que sí seríamos capaces. ¿No deberíamos centrarnos en salvar lo que tenemos y nosotros mismos estamos destruyendo en lugar de tirar el planeta como un juguete roto e intentar reemplazarlo por otro? Estas mismas preguntas también se las plantean personas del ámbito científico, como Lucianne Walkowicz, astrónoma, que es una de las principales detractoras de esta idea. Recientemente, dio una charla sobre el tema en la que destacaba la frase: “no utilicemos Marte como planeta respaldo”.
Según el proyecto que plantea Elon Musk, es mejor la opción de huir, lo cual nos lleva a otra pregunta importante. ¿Y después? ¿Qué ocurriría tras la invasión del planeta rojo? Desde luego, según esta filosofía de escapar por la vía más rápida y “fácil” volveríamos a destruirlo en cuestión de décadas, ya que aunque con la Tierra hemos tardado siglos, ahora tenemos los conocimientos suficientes como para reducir esa devastación a un tiempo mucho menor.
Quizás sea una medida que podríamos utilizar como último recurso y sin duda con una organización de la sociedad marciana totalmente diferente a la terrícola, puesto que este modelo nos ha llevado a la destrucción masiva del planeta sin ningún tipo de miramiento.
Pero por ahora, esta fecha de caducidad que se le ha puesto a la Tierra, aunque cercana, aún no se ha alcanzado, y en vez de mirar a planetas de futuros inciertos, deberíamos invertir nuestra economía y esfuerzos en revertir el cambio que hemos producido en un planeta que ni muchos menos nos pertenece. Para ello, la sociedad debe ser concienciada y tienen que imponerse medidas que nos alejen del egoísmo humano y nos salven – a nosotros y a nuestro hogar planetario - de la avaricia de esta sociedad capitalista en la que hoy en día vivimos y que nos ha llevado a este derroche.
Ya solo queda plantear la pregunta clave. ¿Lo conseguiremos? Y si no es así, siempre tendremos a Space X y su proyecto reafirmante del antropocentrismo listos para salvarnos. ¿O quizá no?
 
Estrella Mérida Pérez.
 
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