martes, 6 de diciembre de 2011

CALENTAMIENTO GLOBAL - 1 / GLOBAL WARMING - 1

The United Nations sponsorize a World Conference about Climate Change in Durban (South Africa) these days. It seems that some of the governments do not want to commit in a new agreement to reduce the amount of greenhouse gases released to the atmosphere. This is a good moment to remember some important facts about global warming, its causes (most of them antropic, there is no doubt about it at present) and consequences.
El presente escrito trata sobre el calentamiento global antrópico actualmente en curso. Con la anterior expresión nos referimos al incremento de las temperaturas producido por la expulsión a la atmósfera de dióxido de carbono (en adelante, CO2) y, en mucha menor medida, otros gases como el metano, algunos óxidos de nitrógeno, etc. La principal fuente de este dióxido de carbono es la combustión de derivados de petróleo, gas natural y carbón. Por tanto, podemos afirmar que los principales responsables de esta inyección masiva de CO2 a la atmósfera – y del subsiguiente calentamiento global - son las sociedades industriales desarrolladas, al emplear masivamente estos combustibles fósiles en el transporte, la industria, la obtención de energía eléctrica y otras actividades.
¿Existen pruebas de todo lo expuesto en el párrafo anterior? La comunidad científica internacional lleva muchos años afanándose en investigar esta cuestión y ha encontrado multitud de indicios favorables a la tesis que encabeza este escrito. En su conjunto, esta gran cantidad de hechos no puede explicarse recurriendo a otra causa que no sea suponer que la entrada de millones de toneladas de CO2 en la atmósfera está contribuyendo poderosamente al calentamiento del planeta.
Antes de exponer algunas de estas pruebas, sin embargo, deberíamos de intentar separar este calentamiento antrópico de otros cambios climáticos de origen natural, pues la ciencia ha probado, desde hace mucho tiempo, que el clima terrestre ha cambiado y cambia a causa de múltiples factores naturales: variaciones en la energía recibida del sol, oscilaciones periódicas de la órbita terrestre y de su eje de giro, períodos de mayor o menos actividad volcánica, movimientos de continentes y océanos, etc.
Así pues, deberíamos empezar por responder a la pregunta ¿Está cambiando el clima en la actualidad? En caso de respuesta afirmativa, pasaríamos a intentar responder la interrogante que, en buena lógica, nos surge a continuación: Ese cambio, ¿tiene causas naturales, antrópicas o de ambos tipos?
¿Está cambiando el clima actualmente?
Para intentar responder a esta pregunta con el máximo rigor científico, la ONU financia y apoya la acción del IPCC (siglas en inglés de Grupo Internacional de Científicos sobre el Cambio Climático), formado por cientos de científicos especialistas en todas las disciplinas que tengan algo que aportar a esta cuestión, desde la Física Atmosférica hasta la Geología Histórica, pasando por la oceanografía, climatología, etc.). Estos científicos pertenecen a prestigiosas universidades y centros públicos de investigación de todo el mundo, y publican sus investigaciones siguiendo los mismos exigentes criterios que se utilizan habitualmente en las revistas científicas de máximo nivel. Es difícil, pues, imaginar algún tipo de conspiración universal de la que todos, más las instituciones en que trabajan, sean cómplices.
El IPCC ha publicado varios exhaustivos informes sobre el cambio climático actual, siendo el último de 2007. También publica resúmenes más fáciles de comprender y digerir por personas sin formación científica especializada. Unos y otros se pueden descargar en varias lenguas, entre ellas en castellano, en su portal
El último informe (AR4, en la jerga técnica) va acompañado de un “resumen para responsables de políticas. Ambos pueden descargarse en http://www.ipcc.ch/pdf/assessment-report/ar4/syr/ar4_syr_sp.pdf
De estos trabajos se pueden extraer, entre otras conclusiones, las siguientes:

1. La temperatura de la Tierra (promedio anual, día – noche y de mediciones a lo largo de todo el planeta) se ha incrementado en 0.6ºC en los últimos cien años.
2. En el caso del continente europeo, ese aumento de temperatura en el último siglo ha sido de 0.9ºC. 3. La década de los 90 fue la más calurosa del siglo XX
4. Once de los doce años más calurosos del período 1850 – 2006 se han dado entre 1995 y 2006.

Además de estos datos que hablan directamente de un incremento lento, gradual y sostenido de las temperaturas, hay múltiples pruebas indirectas que apuntan en la misma dirección. He aquí algunas:

• Durante el pasado siglo, el nivel del mar ha ido subiendo a un ritmo de 1ª 2 milímetros por año. A partir del año 1993 este ritmo ha aumentado a 3 mm por año. Este aumento es causado principalmente por la dilatación térmica del agua, pero también empieza a contribuir a él la fusión del hielo de los polos.
• Los glaciares de montaña han retrocedido en todas las grandes cordilleras en los últimos 150 años. A este respecto es muy ilustrativo el ejemplo del glaciar del Ródano, que en grabados de comienzos del siglo XIX puede apreciarse próximo a la ciudad francesa de Annecy, mientras que actualmente su frente se encuentra varios kilómetros más alejado de dicha ciudad. Casos similares se han documentado en glaciares de los Andes o en el famoso glaciar del Kilimanjaro en África. En consecuencia, no parece que estemos ante un fenómeno local o regional.
• La banquisa ártica (capa de hielo que recubre el Océano glacial Ártico) ha perdido más de un 20% de su superficie en los últimos 30 años (datos posteriores al informe del año 2007). Esto ha permitido que en los dos últimos años varios barcos mercantes – incluido un petrolero – hayan viajado desde puertos europeos hasta puertos asiáticos costeando el Ártico, en un preludio de lo que se espera sean nuevas rutas comerciales que ahorren tiempo y combustible a la navegación.
• En este mismo sentido, y también fuera de las conclusiones del IPCC, hay que destacar el enorme interés que los estados ribereños del Ártico (Rusia, EE UU, Canadá, Noruega) muestran recientemente por reafirmar su soberanía sobre esas aguas hasta ahora inaccesibles. No hay más que recordar la famosa expedición “científica” de Rusia hace casi dos años, que colocó una bandera de ese país en las aguas del Ártico bajo el mismísimo Polo Norte Geográfico. Parece que los grandes estados sí se toman en serio este aspecto del calentamiento global, que promete pingües beneficios por las reservas de gas y minerales estratégicos que esconde el Ártico.
• Muchos estudios documentan que la floración de distintas especies vegetales se ha adelantado entre 10 y 20 días en el último siglo, y esto ha ocurrido en distintos continentes y en ambos hemisferios. Otros estudios (muchos de ellos reseñados, como los anteriores, en los informes del IPCC) muestran una tendencia similar al adelantamiento de las fechas de migración de muchas especies de aves. En la cuenca mediterránea, bastantes aves que antes eran pasaban el invierno en África y el verano en nuestras latitudes, ya no realizan esta migración anual, habiéndose sedentarizado en el sur de Europa. En algunas especies la causa puede estar en la aparición en nuestro territorio de nuevas fuentes de alimentación, seguras y estables (pensemos en las cigüeñas y los vertederos), pero en otras no es posible encontrar esa relación.

Todo lo anterior permite concluir que, con un muy alto grado de probabilidad, el planeta está en un período de calentamiento. Esto es perfectamente compatible con el hecho de estar inmersos en una muy larga glaciación. Las glaciaciones, con duraciones de millones de años, están divididas en períodos glaciares propiamente dichos (fríos) y períodos interglaciares cálidos, ambos de decenas o cientos de miles de años de duración. Obviamente, dentro de una glaciación, la duración total de los períodos fríos supera a la de los cálidos.
Pero lo mejor del asunto es que estos períodos fríos y cálidos están, a su vez, divididos en subperíodos fríos y cálidos, de cientos o miles de años de duración. Por ejemplo, la paleoclimatología ha documentado a través del estudio de muchos indicadores climáticos (granos de polen fósil, características de la fauna y vegetación fósil, huellas de estrías glaciares, dunas, turberas, etc. en las rocas,…) que nos encontramos inmersos en una glaciación de larga duración, pero dentro de un período interglaciar que comenzó hace unos 15000 años. Pues bien, dentro del interglaciar cálido en que nos encontramos, se han dado al menos dos subperíodos más fríos (no confundir con glaciaciones): el Dryas Joven, hace unos 6000 años, y la pequeña Edad del Hielo, que se manifestó en el Hemisferio Norte entre aproximadamente el siglo XIV y el s.XVIII.
En este contexto de subperíodos climáticos imbricados en periodos de mayor duración, y estos, a su vez, insertos en vastísimas épocas de predominio del frío o el calor, no debería extrañarnos que se pudiera encajar un corto período de mayores temperaturas provocado por la única especie capaz de modificar con sus acciones la composición química de una capa de la Tierra. Un período más cálido que puede tal vez ser insignificante desde el punto de vista geológico, y no cambiar la tendencia a largo plazo a mantenerse en una glaciación. Pero este calentamiento de origen antrópico, mientras dure – y especialmente si va en aumento – puede tener graves consecuencias para el estilo de vida de grandes poblaciones humanas y extensos ecosistemas naturales. A un campesino de Bangla Desh que depende para su supervivencia de que el monzón de verano llegue en el momento justo para ayudar a madurar el arroz no creo que le consuele mucho la insignificancia a nivel geológico de este “pequeño” cambio climático.
Una vez establecido que nuestro planeta se encuentra, desde hace quizá unos 150 años, inmerso en un progresivo calentamiento, deberíamos preguntarnos, en buena lógica, por las causas de este calentamiento. ¿Naturales o antrópicas? ¿O quizá naturales y antrópicas a la vez? Éste será el tema de la siguiente entrada.

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