domingo, 8 de enero de 2017
ALFRED WEGENER SONG BY THE AMOEBA PEOPLE
A funny approach to Alfred Wegener's life and works.
jueves, 17 de noviembre de 2016
COMPONENTES DE LOS ALIMENTOS, PARA 3º ESO
Este sencillo video trata sobre las sustancias que forman los alimentos. Útil para el alumnado de 3º de ESO.
miércoles, 2 de noviembre de 2016
EL VIAJE DE CHARLES R. DARWIN ALREDEDOR DEL MUNDO / THE VOYAGE OF THE BEAGLE
Un documental que narra, a través del viaje de Darwin en el bergantín Beagle, la gestación de sus ideas evolutivas.
Otro documental, más completo aunque quizá no tan atractivo para alguien que se acerque por primera vez al tema:
Otro documental, más completo aunque quizá no tan atractivo para alguien que se acerque por primera vez al tema:
lunes, 17 de octubre de 2016
VOYAGE OF THE BEAGLE
The second of a series of short, simple and easy to understand documentaries about evolution.
Discover how Darwin's curiosity, his passion for natural history, his voyage on the Beagle, and his use of the scientific process led to the publication of his groundbreaking book.
Discover how Darwin's curiosity, his passion for natural history, his voyage on the Beagle, and his use of the scientific process led to the publication of his groundbreaking book.
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History of Science.,
Natural Selection,
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Scientific Culture
DEL FIJISMO AL EVOLUCIONISMO EN MENOS DE 100 AÑOS
Las especies no
cambian. Nadie ha visto que de un animal nazca otro de distinta especie. Los
perros siempre engendran perros, y de las semillas de manzana siempre germinan
manzanos. Por otro lado, los grabados más antiguos de nuestros antepasados (por
ejemplo, los de los antiguos egipcios, con más de 5000 años) muestran animales
y plantas idénticos a los actuales.
Las anteriores palabras podrían haber sido pronunciadas por
un científico fijista, como lo eran
todos hasta fines del siglo XVIII. El
fijismo (los seres vivos no cambian)
se basa en el sentido común, por lo que es difícil desmontarlo. Además, la
aparente inmutabilidad de las especies se complementaba muy bien con la idea de
un planeta muy joven, de solo unos 6000 años de edad, que parecía desprenderse
de la interpretación literal de la Biblia.
A fines del siglo XVIII ya se habían descubierto muchísimos fósiles, y algunos sugerían la
existencia en el pasado de organismos muy distintos a los actuales. Algunos de
estos fósiles correspondían claramente a animales marinos, pero se encontraban
en lo alto de montañas y en regiones muy alejadas del mar. Todo ello podría
interpretarse como una prueba de que las especies animales y vegetales cambian
con el tiempo, es decir, evolucionan.
Sin embargo, no fue así. Desde su mentalidad fijista y creacionista, los
científicos de la época buscaron explicaciones que no chocaran con sus ideas. Por
ejemplo, el gran paleontólogo francés Cuvier
imaginó la historia de la Tierra y de la vida como una sucesión de catástrofes
y creaciones sucesivas. En cada catástrofe, asociada a un diluvio, se extinguía
toda la fauna. A continuación, Dios creaba una nueva fauna formada por especies
nuevas. Cualquier hipótesis era preferible antes que admitir cambios
evolutivos.
Sin embargo, desde finales del siglo XVIII hasta mediados
del XIX, en diferentes países europeos surgieron muchos sabios y científicos
que, con más o menos claridad y rigor, empezaron a cuestionarse el fijismo y a
proponer la existencia de cambios temporales en los seres vivos. En Francia
(Buffon, Lamarck, Saint-Hilaire), Alemania (Humboldt, Von Baer) o Gran Bretaña
(Erasmus Darwin, Hutton, Charles Darwin, Wallace), son muchos quienes empiezan
a imaginar una Tierra y una vida en continuo cambio desde tiempos que cada vez
parecen más remotos. ¿Por qué surge esta
corriente de pensamiento de manera aparentemente tan repentina y en tantos
países?
En la época a la que nos referimos, los imperios coloniales
europeos están en pleno desarrollo. A los que anteriormente existía (portugués,
español, holandés), hay que sumar la acelerada expansión colonial de Gran
Bretaña y Francia. Las grandes potencias coloniales, interesadas en engrandecer
sus respectivos imperios, financian expediciones científicas de largo alcance:
Cook, Malaspina, Bouganville, etc. Los objetivos de estas expediciones eran
diversos, aunque siempre dentro del interés colonial: encontrar nuevos recursos
que explotar, elaborar mapas de los dominios más remotos, hallar vías de
comunicación seguras, etc.
Uno de los resultados de estas expediciones fue el hallazgo
de una sorprendente y enorme biodiversidad. Los barcos regresaban cargados con
cientos y cientos de plantas y animales nunca vistos en Europa hasta el
momento. Muchas de estas especies mostraban a adaptaciones a climas y ambientes
muy distintos de los europeos, pero, al mismo tiempo, guardaban importantes
similitudes con la fauna y flora propias de las metrópolis. Todo ello podía,
ciertamente, interpretarse como el resultado de una complicadísima creación
divina. Sin embargo, también cabía otra posibilidad: suponer que las especies
se habían hecho más diversas conforme tenían que adaptarse a cambios
ambientales o colonizar nuevos territorios, es decir, suponer que los seres
vivos cambian.

Mientras todo esto sucedía, a finales del siglo XVIII y
comienzos del XIX, la historia europea da un vuelco y parece sufrir una
vertiginosa aceleración. Acontece la Revolución Industrial. En unos decenios se
suceden desarrollos tecnológicos que cambiarán rápidamente la faz de la Tierra,
las costumbres y los estilos de vida: la máquina de vapor, el barco de vapor,
el ferrocarril, la fotografía, el telégrafo, … En los planos político,
económico y social, los cambios son igualmente gigantescos. Se suceden las
revoluciones, nuevos regímenes políticos, repúblicas y monarquías
constitucionales, migraciones masivas del campo a la ciudad, grandes
concentraciones industriales, etc. Aparece una nueva clase social – el
proletariado industrial – y un nuevo sistema económico – el capitalismo – toma
las riendas del mundo. El viejo mundo se tambalea y cae rápidamente. La idea de
cambio penetra todos los ámbitos de
la vida.
No es extraño, pues, que en este momento de la historia
europea muchos científicos, de manera independiente, se atrevan a aplicar la
idea de cambio a la naturaleza. Los fósiles, la diversidad de plantas y
animales a lo largo de los continentes, las semejanzas anatómicas entre
organismos separados por océanos y viviendo en climas tan distintos, …. Todo
ello comienza a ser examinado desde un punto de vista más dinámico, que acepta
la posibilidad de que la Tierra y la vida que esta alberga, cambien progresivamente.
En consecuencia, cuando Darwin publica, en 1859, El Origen de las Especies, la aceptación de sus tesis centrales
será solo cuestión de unos pocos decenios.
HISTORIA DE LAS IDEAS EVOLUCIONISTAS / HISTORY OF THE EVOLUTIONARY IDEAS.
Lamarck, Humboldt, Darwin, Wallace,… ¿casualidad o causalidad?
Hasta los siglos XVI – XVII priman en Europa cosmovisiones antropocéntricas, que colocan a nuestra especie (más aún, al hombre europeo y cristiano) en el centro del Universo, que estaría completamente subordinado a él. Esta visión del mundo fue desmontada por los avances de la ciencia, y lo fue en dos períodos diferenciados:
1º En los siglos XVI y XVII, la revolución científico-tecnológica llevó a la sustitución del modelo geocéntrico del universo por el heliocéntrico. A partir de este momento, la Tierra es vista como uno entre los muchos objetos que giran en la inmensidad del Universo, siguiendo las mismas leyes físicas (gravedad) que rigen a todos los cuerpos celestes. Se acabó la singularidad de nuestro planeta.
2º En el final del siglo XVIII y a lo largo del XIX, las ideas fijistas sobre la Tierra y la vida, que consideraban a ambas inmutables, ceden el paso a las evolucionistas. El planeta y los organismos que lo pueblan cambian a lo largo del tiempo, siguiendo leyes (selección natural, actualismo geológico) que pueden ser desentrañadas por la ciencia. La especie humana no es una excepción: tuvo un origen biológico a partir de otras especies animales. Se acabó la singularidad del ser humano.
Los avances científicos son resultado de una aventura colectiva protagonizada por personas, muchas de ellas anónimas. No obstante, es importante conocer los nombres y hazañas intelectuales de algunos de estos científicos que han pasado a la posteridad. Si la revolución científica de los siglos XVI y XVII popularizó los nombres de Copérnico, Kepler, Galileo y Newton – entre otros muchos – el evolucionismo posterior debe mucho de su empuje a Hutton, Lyell, Lamarck, Darwin y Wallace.
Si nos centramos en la Evolución, su importancia no se reduce solamente a la historia de las ideas. Todas las ciencias experimentales se articulan en torno a una o dos grandes teorías (algunos filósofos de la ciencia las llamarían paradigmas) que ocupan un lugar central en la disciplina. Estas teorías no están construidas de una sola pieza y para siempre, sino que se enriquecen continuamente en detalles y refinamientos. Cada una de ellas explica, directamente o a través de sus derivaciones, la mayor parte de los fenómenos naturales que estudia esta disciplina. Pues bien, la Evolución ocupa desde hace bastantes decenios ese lugar central en la Biología y ciencias relacionadas. No se podrían entender los desarrollos actuales de disciplinas aparentemente tan alejadas como la Inmunología, la Neurología o la Ecología sin recurrir a la Evolución.

1º En los siglos XVI y XVII, la revolución científico-tecnológica llevó a la sustitución del modelo geocéntrico del universo por el heliocéntrico. A partir de este momento, la Tierra es vista como uno entre los muchos objetos que giran en la inmensidad del Universo, siguiendo las mismas leyes físicas (gravedad) que rigen a todos los cuerpos celestes. Se acabó la singularidad de nuestro planeta.
2º En el final del siglo XVIII y a lo largo del XIX, las ideas fijistas sobre la Tierra y la vida, que consideraban a ambas inmutables, ceden el paso a las evolucionistas. El planeta y los organismos que lo pueblan cambian a lo largo del tiempo, siguiendo leyes (selección natural, actualismo geológico) que pueden ser desentrañadas por la ciencia. La especie humana no es una excepción: tuvo un origen biológico a partir de otras especies animales. Se acabó la singularidad del ser humano.
Los avances científicos son resultado de una aventura colectiva protagonizada por personas, muchas de ellas anónimas. No obstante, es importante conocer los nombres y hazañas intelectuales de algunos de estos científicos que han pasado a la posteridad. Si la revolución científica de los siglos XVI y XVII popularizó los nombres de Copérnico, Kepler, Galileo y Newton – entre otros muchos – el evolucionismo posterior debe mucho de su empuje a Hutton, Lyell, Lamarck, Darwin y Wallace.

domingo, 25 de septiembre de 2016
GALILEO'S TRIAL
Unos documentales que ilustran el famoso episodio del juicio de Galileo. Este no tuvo más remedio, para evitar una probable condena a muerte, que retractarse de sus ideas sobre la posición de la Tierra en el Universo. Aun así, fue condenado a arresto domiciliario hasta su muerte, varios años después.
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