jueves, 27 de marzo de 2014
lunes, 10 de febrero de 2014
jueves, 9 de enero de 2014
TRES ESCENARIOS GEOGRÁFICOS PARA EL CALENTAMIENTO GLOBAL
En esta entrada
intentamos reflejar cómo afectaría el calentamiento global a lo largo del siglo
XXI a tres regiones muy diferentes desde el punto de vista climático,
demográfico, económico y cultural. Se trata de una descripción cualitativa, muy
sucinta y aproximada, con algunas afirmaciones que necesitarían una matización
si queremos ser verdaderamente rigurosos. Pese a ello, creo que puede ser
válida como primera aproximación para comprender lo que nos espera si no somos
capaces de prevenir este calentamiento.
El calentamiento
global: previsiones cualitativas para distintos escenarios geográficos.
Resumiremos algunas posibles consecuencias del aumento de
temperatura a lo largo del siglo XXI en tres escenarios geográficos muy
diferentes:
1º.- Monzónico. Ej.: Golfo de Bengala Bangla Desh,
Calcuta y Sunderbuns, Delta del Mekong, etc.
1.1.- Mayor intensidad y frecuencia de fenómenos
atmosféricos de alta energía: lluvias torrenciales, ciclones, vientos
monzónicos, inundaciones, etc. Dos causas:
- Más energía cinética de las moléculas gaseosas de la
troposfera.
- Al desplazarse los cinturones climáticos hacia el Norte en
el hemisferio N, las zonas de origen de los ciclones están más cerca de algunas
áreas costeras muy densamente pobladas, como puede comprobarse en cualquier
mapa.
1.2.- Adelanto en la llegada de los frentes lluviosos
monzónicos, con la consiguiente perturbación en la maduración de los arrozales.
1.3.- Salinización progresiva de los acuíferos costeros.
Posiblemente sea la consecuencia más difícil de prevenir y, por tanto, la más
peligrosa a medio plazo.
Nótese que todos estos fenómenos sucederán sobre una región
con una altísima densidad de población (afectarían directamente a algunos
cientos de millones de personas) y a sociedades muy vulnerables a riesgos
climáticos.
2º.- Mediterráneo. Incluye,
en mayor o menor medida, todo el Sur de Europa, Norte de África y Oriente
Medio.
Los modelos regionales más ajustados hasta ahora indican un
incremento de temperaturas de 3ºC – 4ºC, así como una reducción de un 10% - 20%
en las precipitaciones. Todo ello, en su conjunto, traería consigo una
importante reducción en el volumen de agua disponible.
En el caso de Andalucía, lo anterior afectaría sensiblemente
a dos de los sectores productivos más dinámicos de nuestra economía: la
agricultura de regadío y el turismo. Probablemente obligaría a realizar
cuantiosas inversiones en grandes obras de infraestructura para asegurar el
abastecimiento de agua: trasvases de cuenca, embalses, desaladoras, etc. Todas
estas infraestructuras, además de ser muy costosas, tienen un elevado impacto
ambiental.
3º- Norte de Europa. Cuenca
del Mar Báltico, Escandinavia, Islas Británicas, etc.
Los modelos prevén una mayor pluviosidad en forma líquida,
junto a deshielos más rápidos e intensos, y probablemente una mayor frecuencia
e intensidad de inundaciones. La temperatura más alta, junto con el aumento en
la pCO2 atmosférica, podría incrementar el rendimiento fotosintético
y, consecuentemente, la producción agrícola, al menos en ciertos cultivos.
Otras consecuencias serían:
- Posibilidad de introducir nuevos cultivos, propios de
regiones más meridionales: vid, cítricos, etc.
- Apertura de nuevas rutas de navegación a través del
Ártico. Esto haría más rápido y barato el transporte de mercancías a gran
escala entre los puertos europeos y asiáticos.
- Posibilidad de explotación de yacimientos de minerales,
gas, etc. en lugares hoy inaccesibles.
Hay indicios de peso de que todas las predicciones relativas
a esta área geográfica se están empezando a cumplir. Se han vuelto a cultivar
viñedos en el Sur de Inglaterra, varios barcos mercantes han abierto nuevas
rutas costeando el Ártico y los estados ribereños han desencadenado multitud de
acciones diplomáticas para hacer valer sus derechos de explotación de las
nuevas reservas minerales del Ártico.
Si comparamos los tres
escenarios anteriores, observaremos fácilmente que las consecuencias del
calentamiento pueden ser muy diferentes, dependiendo de la región del mundo que
estudiemos. Profundizando un poco más, encontraremos que gran parte de las
consecuencias más negativas recaen en escenarios geográficos muy densamente
poblados y dominados por la pobreza, como BanglaDesh, Calcuta, Filipinas, delta
del Mekong, etc. Por el contrario, algunas de las pocas consecuencias que
pudieran ser positivas - como la extensión hacia el Norte de Europa de cultivos
mediterráneos de alto valor añadido, o la explotación de recursos minerales en
regiones árticas – se concentran en algunas de las regiones más ricas y
desarrolladas del globo.
El lector o lectora
inteligente sabrá relacionar estos hechos con las actitudes que países ricos y
pobres (dicho de manera sumaria aunque inexacta) han mantenido durante las
negociaciones para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin
duda, el lector o lectora inteligente sabrá extraer las oportunas
consecuencias.
domingo, 29 de diciembre de 2013
WHY DARWIN AND NOT ARISTOTLE / POR QUÉ DARWIN Y NO ARISTÓTELES
Si nos hiciéramos las preguntas realmente fecundas para hacer avanzar nuestra comprensión de la historia de la Ciencia, una de ellas sería seguramente ésta. Para formular una teoría evolutiva no se necesitan grandes desarrollos tecnológicos ni tampoco un sofisticado aparato matemático: basta con un conocimiento de la diversidad de seres vivos y un agudo sentido de la observación aplicado al medio natural.
Tanto Aristóteles como Darwin disponían de ambas cualidades en grado sumo. Es cierto que Aristóteles, a diferencia de Darwin, no conoció los cinco continentes y la inmensa biodiversidad que albergan. Sin embargo, estaba familiarizado con la multitud de formas de vida que poblaban el mar Egeo, e incluso las estudió con detenimiento. Algunas observaciones de Aristóteles sobre el ciclo de vida de Moluscos y Equinodermos no fueron confirmadas por la Biología hasta el siglo XIX. Así pues, no le faltaban conocimientos sobre los seres vivos como para preguntarse por su origen y elaborar, al menos, una hipótesis evolutiva. Sin embargo, no se encuentra nada de ello en sus obras. ¿Por qué?
La respuesta que nos proporciona la historia de la ciencia y del pensamiento es, dicho de manera breve y tosca, que a Aristóteles le faltaba un marco conceptual dinámico, algo que no se desarrolló hasta la Edad Moderna. Dicho en términos más gráficos, Aristóteles - como casi todo el mundo en su época - observaba la naturaleza a través de unas "gafas" fijistas. Esta entrada trata de mostrar, muy sucintamente, cómo se creó el clima conceptual que permitió el florecimiento de diversas teorías evolutivas en el siglo XIX.
En la actualidad se conocen casi dos millones de especies
diferentes, pero los especialistas en biodiversidad estiman que el número de
especies existentes es muy superior, tal vez de unos diez millones. Explicar el
origen de tal variedad de formas de vida constituye uno de los grandes
problemas que debe intentar resolver la Biología.
Sin embargo, el origen de las especies no ha sido percibido
como un problema hasta, al menos, fines del siglo XVIII. Durante los siglos
anteriores, la ciencias de la naturaleza se guiaban por concepciones propias
del sentido común. De una gata nacen
gatos (nunca perros ni conejos) y de una yegua, caballos (nunca asnos ni
cebras). Los papiros y frescos egipcios, de hasta 5000 años de antigüedad,
muestran los mismos chacales, halcones, vacas, palmeras, etc. que pueden verse
hoy en día. Todo lo anterior fundamenta la idea – de sentido común – de que las especies no cambian. A esta forma de
pensamiento biológico se la conoce como fijismo.
Por otro lado, hasta por lo menos la época de la Ilustración
(siglo XVIII en Europa), el pensamiento sobre la naturaleza estaba muy influido
por las explicaciones míticas y religiosas, que, en casi todas las culturas,
consideran a la vida como una creación divina. En Europa, el relato bíblico,
común a todas las religiones cristianas, establecía que tanto la Tierra como
los seres vivos habían sido creados por Dios hace unos 6000 años. Esta forma de
pensamiento, conocida como creacionismo, alimentaba la cultura
y la ciencia europeas, reforzando las ideas fijistas de sentido común.
Sin embargo, a fines del siglo XVIII, las ideas sobre la
naturaleza comenzaron a cambiar. Las expediciones científicas que los imperios
coloniales efectuaron por todo el mundo dieron a conocer en Europa la enorme
variedad de formas de vida existente en Sudamérica, África, Asia Oriental,
Oceanía, etc., y – lo que quizá sea más asombroso – su extraordinario ajuste a
las condiciones climáticas y ambientales de cada lugar. Además, el
descubrimiento de multitud de fósiles de animales muy diferentes a los actuales
hacía pensar en una Tierra mucho más vieja de lo que el relato bíblico hacía
suponer. Por último, la idea de cambio
se hacía presente en todos los ámbitos de la vida: tecnológico (Revolución
Industrial, barco de vapor, ferrocarril, etc.), social y político (Revolución
Francesa, pujanza de la burguesía y de su estilo de vida), religioso (leyes de
libertad religiosa en gran parte de los estados europeos) y científico
(nacimiento de la Química, grandes avances en Física y Astronomía,
descubrimiento de nuevos planetas, etc.). Los tiempos y las mentalidades
empezaban a estar maduros para aceptar que los seres vivos también cambian.
Las consideraciones anteriores explican que, tras siglos y
siglos en los que apenas nadie había propuesto ninguna hipótesis evolucionista
para explicar por qué la vida es tan
diversa y ordenada a la vez, a comienzos del siglo XIX se multiplican los
científicos que, en distintos países y con puntos de vista muy diferentes,
exponen ideas evolucionistas sobre el desarrollo de la vida en la Tierra.
Erasmus Darwin (abuelo de Charles R. Darwin) en Inglaterra, Humboldt en
Alemania, Lamarck y Saint-Hilaire en Francia,… hasta llegar a Darwin y Wallace
en la Inglaterra de mediados del siglo XIX.
martes, 24 de diciembre de 2013
NO HAY PROGRESO EN LA EVOLUCIÓN / THERE'S NO PROGRESS IN EVOLUTION
Pocas personas no especialistas en Biología habrán oído
hablar de los Ctenóforos, ni siquiera bajo el menos intimidante nombre de “nueces
de mar”. Son pequeños, marinos y no muy
fáciles de ver. A partir de ahora, sin embargo, pueden ser algo más conocidos,
porque la recién publicada secuenciación de su genoma los coloca en la base del
árbol evolutivo que lleva desde los más antiguos organismos pluricelulares
hasta los actuales animales. Dicho de otro modo: los Ctenóforos parecen ser el
grupo animal más antiguo, del que descenderían, por ramificaciones sucesivas,
todos los demás integrantes del Reino Animal.
Hasta la publicación de este trabajo en Science eran las esponjas los candidatos a antepasados de todos los
animales. La razón estribaba en su mayor simplicidad estructural. En un momento
temprano de su desarrollo los embriones de todos los animales están formados
por una especie de bolsa hecha de células, a la que se ha llamado gástrula. Al crecer en grosor la pared
de esta bolsa o saco, se diferencian en ella tres capas de células. La exterior
(ectodermo) da lugar a la piel y el
sistema nervioso, la interior (endodermo)
al aparato digestivo, y la intermedia (mesodermo)
a los músculos. Pues bien, las esponjas carecen de esta capa intermedia, lo que
les convertía, junto con el tipo de células que las forman (muy parecidas a
ciertos protozoos unicelulares) en candidatas a organismo más antiguo del Reino
Animal. Según esta hipótesis – mayoritaria hasta ahora entre los zoólogos –
después vendrían, por orden de complejidad creciente, los Cnidarios (medusas,
corales y anémonas) y los Ctenóforos.
Pues bien, la secuenciación del genoma de los Ctenóforos
parece contradecir esta hipótesis, al adjudicarles una mayor antigüedad que las
más sencillas -estructuralmente hablando- esponjas. Habrá que reconstruir
cuidadosamente esa parte basal del árbol evolutivo de los animales, asumiendo
que, desde casi el comienzo de su desarrollo, nuestros antepasados del Reino
Animal disponían de tres hojas embrionarias, y que posteriormente, algunos
perdieron una de ellas, originando los más sencillos Poríferos (las esponjas).
Sin embargo, este hallazgo nos proporciona otra lección al
menos igual de interesante, pero esta vez no sobre el contenido de nuestras
teorías, sino sobre cómo las concebimos, dejándonos llevar a veces por
concepciones más estéticas que meramente científicas. Existen muchas pruebas,
directas e indirectas, de que los primeros seres vivos debieron ser similares a
los más sencillos de los actuales: unicelulares y carentes de núcleo celular,
como las actuales bacterias. A partir de ellos, la selección natural debió
favorecer la aparición de formas de vida más complejas. Células con núcleo,
organismos coloniales, pluricelulares etc.
![]() |
| Anémona (Cnidario). |
De aquí a suponer que la evolución hace progresar a la vida
desde formas simples a otras progresivamente más complejas, solo hay un paso,
el que dio Lamarck y su “Biología del sentido común” (¡ay, qué malas pasadas
nos juega el sentido común en Ciencia!), y que, a su vez, nos recuerda tanto la
scala naturae de los antiguos. Desde
luego, es intelectualmente cómoda, incluso reconfortante, la idea de la
evolución como un camino ascendente desde las formas más sencillas hasta las
más elaboradas, culminando en nosotros, poseedores del cerebro más complejo y
la conducta más refinada. Sin embargo, no hay ninguna prueba empírica favorable
a esta visión (procedente, por otro lado, de ámbitos exteriores a la ciencia),
mientras que sí hay muchos indicios, como este del genoma de los Ctenóforos
- de que los seres vivos pueden originar
formas de mayor, menor o igual complejidad dependiendo de las presiones
ambientales que actúen sobre sus genomas. Otro ejemplo que puede ilustrar la
falta de direccionalidad de la evolución se encuentra en nuestros propios
orígenes. En los últimos años se están acumulando más y más pruebas de que la
posición erguida (ese carácter que, junto con nuestro gran cerebro, parece
marcar nuestra diferencia con nuestros parientes simiescos) apareció y
desapareció varias veces en el desarrollo evolutivo de los Primates. Es más,
hay datos del registro fósil que apuntan a que el antepasado común de
chimpancés, bonobos y humanos poseía ya este carácter, que habría desaparecido
posteriormente en la línea evolutiva que llevó a los chimpancés.
![]() |
| Medusa (Cnidario). |
En conclusión, la secuenciación del genoma de las nueces de
mar supone un nuevo revés para la idea, siempre acechante, de la evolución
direccional. Las sencillísimas esponjas parecen descender de las más
complicadas nueces marinas. La evolución no sigue un progreso, ni siquiera
hacia una mayor complejidad. Los seres vivos cambian, sin más.
Etiquetas:
Biología,
Biology,
Ciencia para el Mundo Contemporáneo,
Ciencias de la Tierra y Medioambientales,
Cnidarios,
Ctenóforos,
Ecología,
Ecology,
Evolución,
Evolution,
Zoología,
Zoology
viernes, 20 de diciembre de 2013
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



