Mostrando entradas con la etiqueta Ciencia Cognitiva. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ciencia Cognitiva. Mostrar todas las entradas
sábado, 14 de julio de 2018
IGNORANCIA POR EXCESO DE INFORMACIÓN
Leo a Marina Garcés. ¿Cómo he podido vivir hasta ahora, filosóficamente hablando, sin conocer sus escritos? Entre las muchas ideas sugerentes de su librito “La Ilustración Radical”, encuentro la siguiente, que aunque ya conocida, está formulada de manera muy esclarecedora.
El volumen de información que nos rodea es abrumador. Resulta completamente imposible prestar un mínimo de atención a toda ella, requisito previo para poder seleccionar la más relevante, procesarla y utilizarla en nuestras propias elaboraciones intelectuales. Según Garcés, esta situación genera impotencia y dependencia: "Puesto que no podemos formarnos una opinión sobre todo lo que nos rodea, seguimos o nos apuntamos a las que otros nos ofrecen ya formateadas, sin tener la capacidad de someterlas a crítica.”
Sigo citando a Marina Garcés. “Cada época y cada sociedad tienen sus formas de ignorancia... La nuestra es una ignorancia ahogada en conocimientos que no pueden ser digeridos ni elaborados” (La Ilustración Radical, pág.51). Si aceptamos este diagnóstico, las implicaciones educativas son de vértigo.
domingo, 28 de mayo de 2017
PARASOMNIA
Muchas personas comentan el haber tenido la experiencia de algo que ellos denominan viaje astral. Relatan haber experimentado la sensación de terror y angustia al sentir que durante el sueño su cuerpo se encontraba paralizado sin poder realizar ningún movimiento voluntario, incluso llegando a escuchar sonidos y ver figuras como sombras o familiares fallecidos. Este tipo de vivencias las confunden algunos individuos con la condición de haber estado cerca de la muerte. ¿Existe alguna explicación científica para este tipo de fenómenos? Actualmente sí, pues la clasificación internacional de enfermedades y trastornos mentales en su última edición nos habla de diversos trastornos del sueño denominados genéricamente parasomnias. Una de estas alteraciones es la parálisis del sueño. Este trastorno consiste en la incapacidad temporal para realizar cualquier tipo de movimiento voluntario, teniendo lugar durante el periodo de transición entre el estado de sueño y el de vigilia. Puede ocurrir en el momento de inicio del sueño o en el anterior al despertar. Su duración suele ser corta, en general entre uno y tres minutos, tras los cuales la parálisis cede espontáneamente. Durante el episodio, la persona está consciente, con capacidad auditiva y táctil, pero es incapaz de moverse o hablar. Sin embargo, no existe peligro alguno para su vida. Otro tipo de parasomnias, que están descritas clínicamente, son las alucinaciones hipnagógicas (alucinación auditiva, visual y/o táctil que se produce poco antes del inicio del sueño) e hipnopómpicas (alucinación auditiva, visual y/o táctil que se produce poco antes de la vigilia). Estas se pueden dar simultáneamente con la parálisis del sueño. La psiquiatría define además otro fenómeno denominado autoscopia que consiste en la visión de uno mismo desde el espacio exterior. Este tipo de experiencias suelen durar unos segundos y van acompañadas de una intensa sensación de terror. Las alteraciones psicopatológicas nombradas anteriormente (parálisis del sueño, alucinaciones hipnagógicas o hipnopómpicas y autoscopia) son las adecuadas para dar una explicación a las vivencias subjetivas que refieren muchas personas y que atribuyen a fenómenos paranormales o esotéricos sin ninguna base científica, basándose en las supersticiones y creencias populares. Y tú, amigo lector, ¿con que explicaciones prefieres quedarte? ¿Con las especulaciones paranormales y esotéricas o con las respuestas que nos ofrece la ciencia?
Sara Moscoso.
domingo, 23 de abril de 2017
¿PSICOESTIMULANTES PARA EL ESTUDIO?
Las anfetaminas y el metilfenidato son una clase de medicamento que sirven para tratar dos enfermedades: la narcolepsia y el trastorno por déficit atencional e hiperactividad. Actúan aumentando los niveles de dopamina y noradrenalina en el cerebro.
Las primeras anfetaminas fueron sintetizadas en 1887, aunque
los laboratorios farmacéuticos comenzaron a comercializar estas sustancias en
la tercera década del siglo XX, observándose que producían un aumento del nivel
de alerta, de la capacidad de concentración y de la tolerancia al dolor. Durante
la II Guerra Mundial, tanto el ejército alemán como el aliado utilizó
anfetaminas inicialmente en pilotos, conductores de tanques y camiones,
tratando de obtener un aumento de la energía, incluso una vez traspasada la
barrera del agotamiento físico y mental; posteriormente, su uso se generalizó
incluso para tratar de aumentar y mantener la moral de los soldados. También el
uso planteó desconfianza por algunos incidentes de fuego amigo que se atribuyó
al consumo de anfetaminas por parte del soldado que disparó. Un folleto del
Ministerio del Aire Británico, impreso en 1943, revelaba que se conocían los
efectos adversos del uso de anfetaminas, pues en él se exponía que: “cualquiera
que tome anfetaminas siente que tiene control total sobre la situación y que puede
seguir desempeñando sus tareas sin necesidad de descansar y considera que puede
obrar bien, cuando lo cierto es que está cometiendo toda clase de errores”.
El medicamento psicoestimulante, cuyo uso ha generado más
dudas desde el punto de vista bioético, es el modafinilo que aumenta de forma
indirecta los niveles cerebrales de dopamina y noradrenalina, y su uso
terapéutico es el tratamiento de la narcolepsia. Los estudios muestran que el
modafinilo realmente mejora la atención y la memoria a corto plazo, pero otros
trabajos también señalan que distorsionan la consolidación de recuerdos.
Pero el hecho es que en la actualidad su uso está cada vez
más difundido en las universidades de élite y en los ambientes profesionales
muy competitivos en los que dormir ocho horas puede resultar un lujo excesivo.
Un estudio (McCabe et al, 2005) ha estimado que casi el 7% de estudiantes
estadounidenses mentalmente sanos han usado psicoestimulantes, llegando esta
tasa en algunas universidades hasta el 25%, y posiblemente estas cifras hayan
aumentado aún más en los últimos 10 años.
La cuestión está generando mucha polémica en la comunidad
científica. Hay autores (Heinz A et al, 2014) que se posicionan en contra
porque este tipo de medicamentos pueden ser adictivos. Algunos científicos a
favor (Henry Greely et al, 2008) del uso del que denominan “mejoradores
cognitivos”, tal como han publicado en la prestigiosa revista Nature, incitan a
un consumo responsable. De hecho, este debate se encuentra también centrado en
la terminología que se utiliza, ya que los partidarios llaman a estos fármacos
“mejoradores cognitivos”, mientras que los detractores los consideran droga.
A pesar de que hemos visto diversas
opiniones sobre cómo actúa el fármaco en la mente de las personas, parece que
el resultado es que se mejora la atención y la memoria a corto plazo, pero
perjudica la consolidación de recuerdos. Desde mi punto de vista, el uso de
estos psicoestimulantes para mejorar el rendimiento en los estudios podría
mejorar los resultados académicos de algunos estudiantes que, por la presión a
que se ven sometidos, recurren a una vía fácil. Sin embargo, el aprendizaje se
ve afectado ya que los recuerdos no se afianzan y lo “aprendido” de esta manera
queda olvidado al poco tiempo. De esta manera ¿estaríamos aprendiendo realmente
cuando estudiamos bajo los efectos de estos medicamentos? ¿O simplemente
estamos mejorando nuestras calificaciones académicas a costa de una buena
enseñanza? Por lo tanto, considero que es preferible aprender con autenticidad
y por medio de nuestro propio esfuerzo que a base de “potenciadores cognitivos”
que, tras aumentar nuestras notas, pueden resultar adictivos y nocivos para la
asimilación de conocimientos.
Sara Moscoso.
Etiquetas:
Behavior,
Biología,
Biology,
Cerebro,
Ciencia Cognitiva,
Cultura Científica,
Farmacología,
Human behaviour,
Neurociencia,
Neurología,
Neuropsicología,
Pharmacology
sábado, 30 de julio de 2016
UNA VISIÓN DEL PROFESORADO / AN INSIGHT ON TEACHERS
“Y luego estaban los profesores. Había que verlos.
Unos parecían descorazonados, otros cansados o aburridos, otros lo confiaban
todo a la severidad y a la eficacia, y otros fingían un dinamismo que quería
ser sincero y contagioso, pero que a Lino le recordaba a esos payasos de circo
que, de pueblo en pueblo, se esfuerzan cada noche en divertir a la concurrencia
porque no tienen otra opción, porque ese es su oficio y en él han de poner lo
mejor de su talento, de su pasión, de sus a veces escasas energías.”
Luis Landero: Absolución.
Este fragmento, obra de
uno de mis escritores contemporáneos favoritos, es digno de atención. Ni
comparto ni dejo de compartir esta visión del profesorado. Simplemente, me
parece algo sobre lo que debemos reflexionar, lejos de topicazos
pseudohumanistas y de informes burocráticos al gusto de la inspección.
domingo, 2 de noviembre de 2014
MOONLIGHT STRIKING UPON A CHESS-BOARD.
I might have been a poet, but where is the adventure to explode me into flame.
Esto escribió Amy Lowell hace aproximadamente un siglo. Ni una mota de polvo cubre sus palabras.
Esto escribió Amy Lowell hace aproximadamente un siglo. Ni una mota de polvo cubre sus palabras.
miércoles, 27 de febrero de 2013
LAS CIENCIAS DE LA TIERRA Y MEDIOAMBIENTALES: UNA ASIGNATURA EN PELIGRO / ENVIRONMENTAL SCIENCE: AN ENDANGERED SUBJECT IN UPPER SECONDARY
Un informe de la OMS alerta de la disminución de la fertilidad masculina provocada presumiblemente por la exposición a múltiples compuestos químicos de síntesis en los alimentos, cosméticos, plásticos, el agua e incluso el aire.
En Andalucía, las autoridades van a conceder permisos para extraer combustibles fósiles por el método de fracking. Algunos científicos y la casi totalidad de los colectivos ecologistas se oponen, alegando posibles y graves daños a los acuíferos.
Varios años de sequía en el Sahel, tal vez atribuibles al calentamiento global, provocan desplazamientos de población con las consiguientes tensiones entre distintas etnias y poblaciones de la región. Gobiernos, fundamentalistas varios, intereses económicos, etc. azuzan las tensiones y el conflicto está servido.
Un reciente informe coordinado por la Universidad de Harvard muestra cómo el calentamiento global está detrás del aumento en la frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos: Huracanes, inundaciones, olas de frío y de calor, sequías, incendios, etc.
Gas Natural ha obtenido autorización de la Administración para construir 20 nuevos kilómetros de gasoducto en Doñana, uno de nuestros más valiosos espacios naturales.
La Junta de Castilla-La Mancha planea vender montes de utilidad pública a particulares para su explotación como cotos de caza. La privatización de los espacios naturales está en marcha.
Las autoridades chinas reconocen que un episodio – por lo demás, frecuente – de contaminación por partículas en suspensión en Beijing, ha provocado un aumento en los ingresos hospitalarios por enfermedades cardiorrespiratorias. En España, donde un estudio reciente relaciona los picos de este tipo de contaminantes con una mayor mortalidad por enfermedades cardiovasculares, el Gobierno estudia penalizar fiscalmente los vehículos más contaminantes, así como limitar su acceso a las ciudades.
El Congreso acaba de aprobar la nueva Ley de Costas, que “amnistía” 10000 viviendas de 10 zonas diferentes, y concede una moratoria de 75 años a varios miles más. Quienes se oponen a la nueva ley indican que ésta consagra un modelo urbanístico salvaje y especulador, que no sólo agrede el paisaje litoral, sino que aumenta el riesgo de riadas, erosión de playas, pérdida de hábitats, etc.
¿Qué tienen en común todas estas noticias, extraídas de la prensa de estas últimas semanas? Que todas ellas abordan problemas estudiados por las Ciencias Ambientales. Estas disciplinas proporcionan instrumentos intelectuales para comprender las interacciones entre las sociedades humanas y los distintos subsistemas que conforman la Tierra, y lo hacen desde una perspectiva global, analizando las interacciones entre todos los factores implicados en cada problema, sean naturales (por ejemplo, la infiltración en un acuífero, la erosionabilidad de un suelo, las propiedades físicoquímicas de los gases atmosféricos, la toxicidad de un aditivo alimentario, etc.) o humanas (la demanda de agua para unos regadíos, el uso de vehículos privados en las grandes ciudades, las necesidades de la gente en un pueblo que vive de la pesca, las presiones de un lobby de la construcción para acelerar cierto desarrollo urbanístico, etc.). El resultado es una potente disciplina científica, natural y social a la vez, que proporciona una insustituible capacidad para comprender los problemas que aquejan a nuestro mundo, atenazado por una crisis económica, alimentaria y ambiental. Las Ciencias Ambientales son un instrumento muy útil en la formación de una ciudadanía crítica y comprometida con la transformación del mundo en el que vive.
Pues bien, este instrumento está a punto de desaparecer virtualmente del bachillerato español, si el borrador del proyecto de LOMCE pasa la tramitación parlamentaria en sus términos actuales. Según el borrador que se maneja en el momento de escribir estas líneas, la materia Ciencias de la Tierra y Medioambientales(CTMA) pasaría de ser una materia de modalidad en Segundo Curso de Bachillerato a ser una optativa en Primer Curso. En la práctica, conociendo la organización de los centros de Secundaria, esto significará casi su desaparición.
No me sorprende que desde el actual Gobierno se propicie la extinción de esta asignatura, así como el intento de eliminar la Ciencia para el Mundo Contemporáneo -¿por qué iba a interesarle un espacio para la reflexión crítica sobre los problemas socioambientales desde una perspectiva científica? – pero me sorprende algo más, y me duele, el silencio de la mayor parte del profesorado encargado de impartir las CTMA, así como lo poco que se ha escuchado a asociaciones y colegios de ambientólogos o de otros profesionales relacionados con las Ciencias Ambientales. Lo lamento profundamente, y creo que en el futuro habrá motivos para seguir lamentándolo.
viernes, 31 de agosto de 2012
GENÉTICA Y AMBIENTE EN EL DESARROLLO DE LA DEPRESIÓN
El
debate genética – ambiente está en el centro de los intentos de explicar
científicamente la conducta humana. Este debate se ha ido refinando desde sus
primeras formulaciones en el siglo XIX hasta la actualidad. Inicialmente, los
científicos del comportamiento humano se posicionaban de forma bastante
maniquea. Recordemos las teorías de Lombroso y otros, que ligaban la
criminalidad a ciertas anomalías anatómicas o cromosómicas. En el extremo
opuesto, los primeros conductistas y otras escuelas psicológicas insistían en
su idea de la mente humana como “tabla rasa”, que se llenaba con los estímulos
educativos.
En la
actualidad, la mayoría de los científicos que estudian, desde distintos
enfoques, la conducta humana, aceptan que herencia y ambiente juegan un papel
muy importante en su explicación. Consideran, asimismo, que el componente
genético es mucho más flexible de lo que se pensaba hace unos años (nada
parecido al “gen de la agresividad” que todavía publicitan algunos
divulgadores), puesto que un mismo genotipo puede dar lugar a muy diferentes
conductas dependiendo de las variables ambientales que incidan en su
desarrollo. Esto les lleva a centrar sus
estudios en las interacciones entre genoma y ambiente. Veámoslo en el ejemplo
de la depresión.
Nos
referimos, en principio, a la depresión
reactiva, que es una respuesta orgánica a situaciones estresantes graves o
prolongadas en el tiempo. Como todos sabemos, no todas las personas reaccionan
de la misma manera a estas situaciones: mientras algunas son muy resistentes a
la depresión, otras desarrollan un cuadro depresivo con relativa facilidad
cuando están sometidas a situaciones de estrés. ¿Hay alguna explicación
genética a estas diferencias? Se sabe desde hace cierto tiempo que en los macacos
Rhesus (Macaca mulatta) el gen 5-HTT, que controla la actividad de la
serotonina, influye en la resistencia al estrés. Algunas variantes (alelos)
proporcionan mayor resistencia al estrés y, consecuentemente, mayor dificultad
para desarrollar un cuadro depresivo ¿Ocurrirá algo parecido en humanos?
Para empezar,
en nuestra especie se ha identificado un gen equivalente al anterior: el
5-HTTLPR, que dirige la síntesis de una proteína transportadora de la
serotonina. Este neurotransmisor interviene en múltiples vías nerviosas y sus
acciones, a través de multitud de pasos intermedios no bien conocidos,
incrementan la resistencia al estrés, dificultando, por tanto, la aparición de
una depresión reactiva. La variante (alelo
es la palabra técnica) de este gen conocida como “larga” (l) intensifica la acción de la serotonina, mientras que la variante
“corta” (c) tiene el efecto
contrario.
En un
estudio realizado en Gran Bretaña, se hizo un seguimiento de 1037 personas
desde su nacimiento hasta que cumplieron 26 años. Se registraron, en todas
ellas, las experiencias estresantes padecidas y, en su caso, los episodios de
depresión, y se correlacionaron con la variante alélica (l o c) del gen 5-HTTLPR
que presentaba cada uno. Los resultados fueron sorprendentes.
Los individuos
que habían heredado un alelo l de su
padre y otro de su madre (abreviadamente, ll)
y quienes habían heredado un alelo l de
un progenitor y uno c del otro (cl), padecieron más depresiones cuantas
más situaciones estresantes sufrieron. Por el contrario, los portadores de dos
copias del alelo l (ll) parecían insensibles a la presión
ambiental: sólo un 10 – 17% de ellos padecieron depresiones, pero en estos
casos la depresión se daba independientemente de que hubieran pasado o no por
situaciones estresantes.
En
conclusión, parece que el alelo c
hace a sus portadores más sensibles a estresantes ambientales, por lo que
aumenta la probabilidad de sufrir depresiones a lo largo de la vida si es que la persona pasa por situaciones
estresantes. En cambio, el alelo l
hace a sus portadores menos vulnerables a los factores ambientales que
desencadenan depresiones, pero no “inmuniza” contra ellas, puesto que entre un
10% y un 17% de sus portadores las padecieron.
Este
ejemplo, junto con otros muchos de interacción genoma-ambiente, nos permite
concluir que tanto uno como otro juegan un papel muy importante, pero que éste
debe ser entendido como algo flexible, como lo es el resultado final de esas
interacciones: la conducta. En nuestro ejemplo, conocer la constitución
genética de una persona nos podría permitir evaluar la probabilidad o, si queréis, el “riesgo” de padecer depresiones
reactivas a lo largo de su vida (algo útil si se quiere desarrollar algún tipo
de programa preventivo) pero en absoluto “predecir” si la persona padecerá una,
dos, tres o ninguna depresión a lo largo de su vida. La diferencia es grande:
las consecuencias, también.
Etiquetas:
Biología,
Biology,
Brain,
Cerebro,
Ciencia Cognitiva,
Ciencia para el Mundo Contemporáneo,
Ethology,
Etología,
Human behaviour,
Neurología,
Neuropsicología,
Science for the Contemporary World
miércoles, 18 de julio de 2012
SOMOS HUMANOS PORQUE SOMOS NIÑOS / WE ARE HUMANS BECAUSE WE ARE CHILDREN
![]() |
| Tomografía de un cerebro humano adulto |
Uno de los fenómenos más fascinantes que rodean la evolución de nuestros antepasados es la “invención” evolutiva de la niñez. Se trata de un fenómeno poco conocido fuera del mundillo de los expertos en evolución, a pesar de que, de una u otra manera, es tratado en bastantes libros de divulgación científica. Si tuviera que elegir uno por su claridad, quizá me quedaría con La evolución del talento, escrito por J.M. Bermúdez de Castro, uno de los tres codirectores de las excavaciones de Atapuerca.
Durante un período bastante largo de la evolución de nuestros antepasados homininos, el entorno natural en el que estos tenían que desenvolverse era bastante parecido a la actual sabana arbolada del Este de África. Parece evidente que en este ecosistema una conducta más elaborada y estratégica, posibilitada por un cerebro mayor y de mayor complejidad, proporcionaría ventajas adaptativas. El carroñeo y la caza organizados en grupo, la elaboración de distintos tipos de herramientas, la planificación consciente de todo lo anterior,… todo ello se ve favorecido por un mayor número de neuronas en la corteza cerebral y por la capacidad de formar redes neuronales más complejas. La selección natural debió favorecer, por tanto, un incremento progresivo del volumen craneal en nuestros antepasados.
Sin embargo, este crecimiento del cerebro y, consecuentemente, del cráneo, debió topar pronto con un formidable obstáculo anatómico. El canal del parto – el espacio en la pelvis por el que debe salir el bebé en el parto – impone un límite al volumen craneal de unos 350 cm3. Éste es, precisamente, el volumen craneal de un chimpancé actual, y también el de nuestros recién nacidos. Un volumen mayor dificultaría o imposibilitaría el parto. Por otro lado, en los chimpancés y, con toda probabilidad, en nuestros antepasados australopitecinos, tras el parto el crecimiento del cerebro es bastante limitado, acompasándose al del resto del cuerpo. Si hubiéramos mantenido el mismo ritmo de crecimiento que otros primates, nuestro cerebro no hubiera podido pasar de los 650 cm3 de Homo habilis, en lugar de los 1300 cm3 de nuestra especie.
Una posible solución hubiera sido que la selección natural favoreciera aquellos genes que aumentan la duración de la infancia, pues en este período de nuestra existencia el ritmo de crecimiento es aún muy rápido. Por desgracia, aquí nos encontramos otro serio obstáculo, esta vez de índole fisiológica. La infancia – período que abarca aproximadamente los 3 o 4 primeros años de vida del individuo – se caracteriza porque la alimentación se hace a través de la leche materna. La secreción de leche en la madre es estimulada por la prolactina, hormona que tiene además otro importante efecto en primates: inhibe la ovulación. El sentido adaptativo de esta doble acción de la prolactina es fácil de comprender: es muy difícil que una hembra pueda simultanear los cuidados de una cría (lactancia incluida) con un nuevo embarazo. De hecho, algunos pueblos cazadores – recolectores actuales, como los ¡kung de Namibia, prolongan al máximo la lactancia para reducir un crecimiento demográfico que acabaría por poner en riesgo sus recursos.
Así pues, la selección natural ha debido favorecer otro grupo de genes responsables de una ralentización aún mayor del crecimiento cerebral, desacoplándolo parcialmente del crecimiento de otras partes de nuestro organismo. El resultado ha sido la aparición de una nueva etapa en el desarrollo del ser humano. Nos referimos a la niñez, o segunda infancia. En esta etapa, que dura de los 3 a los 7 – 8 años, los genes priorizan el crecimiento rápido y prolongado del cerebro, aunque no terminan de establecer todas las conexiones neuronales propias del órgano adulto. Esto queda para la adolescencia, otra etapa novedosa entre los primates. Muchos antropólogos piensan que el típico “estirón” puberal permite compensar el período de niñez, en que el crecimiento se concentró en el cerebro, ralentizándose en el resto del cuerpo.
Esta hipótesis permite, de paso, explicar otro rasgo casi exclusivo de nuestra especie. Nos referimos a la acusada (más que en otros Primates) altriacidad, o desvalimiento durante la infancia (0 – 3 años) causado por la escasa conectividad de las neuronas cerebrales. Según esta hipótesis, la selección natural habría favorecido mutaciones que ralentizaron la conectividad neuronal en el recién nacido, porque esto permitiría un cerebro adulto más grande y complejo, además de permitir que ese crecimiento se hiciera en estrecha interacción con los estímulos ambientales.
Para poder redondear esta hipótesis evolutiva sólo faltaría identificar los genes que influyen en la velocidad de crecimiento de los distintos tejidos y órganos, y en particular del cerebro. Hasta el momento se han identificado varios candidatos. El gen NRCAM regula el establecimiento de conexiones axodendríticas entre las neuronas (recordemos que una sola de estas células puede establecer conexiones con otras 10000 como ella) y, por tanto, de redes neuronales más o menos complejas, algo fundamental para el comportamiento y el aprendizaje. Por otro lado, los genes SHH y LHX1 están implicados en la formación y maduración de varias regiones de la corteza cerebral. En todos estos genes se han identificado ya mutaciones que afectan a la velocidad de formación de las estructuras que controlan.
En resumen, podemos decir que los avances en Biología Molecular están dotando de un contenido progresivamente más preciso a la hipótesis “de sentido común” según la cual, el ambiente abierto de las sabanas favoreció un cambio profundo en nuestro ritmo de crecimiento - con la aparición de una nueva etapa de nuestra vida: la niñez – que permitió a nuestros antepasados dotarse progresivamente de ese prodigioso órgano computacional e inteligente que es nuestro cerebro. La niñez sería, pues, el signo de nuestra humanidad.
Durante un período bastante largo de la evolución de nuestros antepasados homininos, el entorno natural en el que estos tenían que desenvolverse era bastante parecido a la actual sabana arbolada del Este de África. Parece evidente que en este ecosistema una conducta más elaborada y estratégica, posibilitada por un cerebro mayor y de mayor complejidad, proporcionaría ventajas adaptativas. El carroñeo y la caza organizados en grupo, la elaboración de distintos tipos de herramientas, la planificación consciente de todo lo anterior,… todo ello se ve favorecido por un mayor número de neuronas en la corteza cerebral y por la capacidad de formar redes neuronales más complejas. La selección natural debió favorecer, por tanto, un incremento progresivo del volumen craneal en nuestros antepasados.
Sin embargo, este crecimiento del cerebro y, consecuentemente, del cráneo, debió topar pronto con un formidable obstáculo anatómico. El canal del parto – el espacio en la pelvis por el que debe salir el bebé en el parto – impone un límite al volumen craneal de unos 350 cm3. Éste es, precisamente, el volumen craneal de un chimpancé actual, y también el de nuestros recién nacidos. Un volumen mayor dificultaría o imposibilitaría el parto. Por otro lado, en los chimpancés y, con toda probabilidad, en nuestros antepasados australopitecinos, tras el parto el crecimiento del cerebro es bastante limitado, acompasándose al del resto del cuerpo. Si hubiéramos mantenido el mismo ritmo de crecimiento que otros primates, nuestro cerebro no hubiera podido pasar de los 650 cm3 de Homo habilis, en lugar de los 1300 cm3 de nuestra especie.
Una posible solución hubiera sido que la selección natural favoreciera aquellos genes que aumentan la duración de la infancia, pues en este período de nuestra existencia el ritmo de crecimiento es aún muy rápido. Por desgracia, aquí nos encontramos otro serio obstáculo, esta vez de índole fisiológica. La infancia – período que abarca aproximadamente los 3 o 4 primeros años de vida del individuo – se caracteriza porque la alimentación se hace a través de la leche materna. La secreción de leche en la madre es estimulada por la prolactina, hormona que tiene además otro importante efecto en primates: inhibe la ovulación. El sentido adaptativo de esta doble acción de la prolactina es fácil de comprender: es muy difícil que una hembra pueda simultanear los cuidados de una cría (lactancia incluida) con un nuevo embarazo. De hecho, algunos pueblos cazadores – recolectores actuales, como los ¡kung de Namibia, prolongan al máximo la lactancia para reducir un crecimiento demográfico que acabaría por poner en riesgo sus recursos.
Así pues, la selección natural ha debido favorecer otro grupo de genes responsables de una ralentización aún mayor del crecimiento cerebral, desacoplándolo parcialmente del crecimiento de otras partes de nuestro organismo. El resultado ha sido la aparición de una nueva etapa en el desarrollo del ser humano. Nos referimos a la niñez, o segunda infancia. En esta etapa, que dura de los 3 a los 7 – 8 años, los genes priorizan el crecimiento rápido y prolongado del cerebro, aunque no terminan de establecer todas las conexiones neuronales propias del órgano adulto. Esto queda para la adolescencia, otra etapa novedosa entre los primates. Muchos antropólogos piensan que el típico “estirón” puberal permite compensar el período de niñez, en que el crecimiento se concentró en el cerebro, ralentizándose en el resto del cuerpo.
Esta hipótesis permite, de paso, explicar otro rasgo casi exclusivo de nuestra especie. Nos referimos a la acusada (más que en otros Primates) altriacidad, o desvalimiento durante la infancia (0 – 3 años) causado por la escasa conectividad de las neuronas cerebrales. Según esta hipótesis, la selección natural habría favorecido mutaciones que ralentizaron la conectividad neuronal en el recién nacido, porque esto permitiría un cerebro adulto más grande y complejo, además de permitir que ese crecimiento se hiciera en estrecha interacción con los estímulos ambientales.
Para poder redondear esta hipótesis evolutiva sólo faltaría identificar los genes que influyen en la velocidad de crecimiento de los distintos tejidos y órganos, y en particular del cerebro. Hasta el momento se han identificado varios candidatos. El gen NRCAM regula el establecimiento de conexiones axodendríticas entre las neuronas (recordemos que una sola de estas células puede establecer conexiones con otras 10000 como ella) y, por tanto, de redes neuronales más o menos complejas, algo fundamental para el comportamiento y el aprendizaje. Por otro lado, los genes SHH y LHX1 están implicados en la formación y maduración de varias regiones de la corteza cerebral. En todos estos genes se han identificado ya mutaciones que afectan a la velocidad de formación de las estructuras que controlan.
En resumen, podemos decir que los avances en Biología Molecular están dotando de un contenido progresivamente más preciso a la hipótesis “de sentido común” según la cual, el ambiente abierto de las sabanas favoreció un cambio profundo en nuestro ritmo de crecimiento - con la aparición de una nueva etapa de nuestra vida: la niñez – que permitió a nuestros antepasados dotarse progresivamente de ese prodigioso órgano computacional e inteligente que es nuestro cerebro. La niñez sería, pues, el signo de nuestra humanidad.
Etiquetas:
Biology,
Brain,
Cerebro,
Ciencia,
Ciencia Cognitiva,
Ciencia para el Mundo Contemporáneo,
Evolución,
Evolution,
Human behaviour,
Human evolution,
Science for the Contemporary World
jueves, 17 de mayo de 2012
LOS HOMBRES NO ESCUCHAN A LAS MUJERES / MEN DO NOT LISTEN TO WOMEN
Surely you've
heard, seen or experienced quite often how a man has
not heard or answered to a woman. At this moment we can hear the
typical phrase… “Oh Manolito! Pay attention to me! I'm always aware when you speak!” This
is related to the structure of the brain in men and women.
Un investigador del departamento de
Psiquiatría Clínica de la Universidad de Sheffield (Reino Unido), llamado Michael Hunter,
estudió este suceso. Para ello realizó una resonancia magnética a doce
voluntarios, obteniendo como resultado que la voz femenina y la masculina
activaban diferentes partes del cerebro. Eso podría ser debido a que las
cuerdas vocales y la laringe de las mujeres tienen diferente forma y tamaño,
produciendo complejas frecuencias de sonido.
Según esta
investigación, las voces femeninas activan sobre todo el “gyrus temporal
superior anterior derecho” que se involucra en
la percepción de las emociones en los estímulos faciales y es la parte auditiva
del cerebro. Por ello, al estar mucho tiempo hablando con la mujer, esa parte
del cerebro del hombre desconecta, dando la sensación de que no escuchan,
cuando en realidad, es como un “mecanismo de defensa” del cerebro masculino. Mientras
que las voces masculinas activan el “precuneus mesoparietal” que tiene que ver
con la conciencia y la memoria.
Por
lo que la supuesta falta de atención de los hombres a lo que dicen las mujeres
no se debe a una voluntaria indiferencia o desinterés, que en algunos casos
podrá ser un factor que favorezca esa situación, sino que es debido a las
diferencias existentes en los órganos que producen el sonido y en la
complejidad de las frecuencias producidas.
Alejandra GarcíaLaura Moreno
Etiquetas:
Animal Behavior,
Bachillerato,
Biología,
Biology,
Ciencia,
Ciencia Cognitiva,
Ciencia para el Mundo Contemporáneo,
Comportamiento animal,
Ethology,
Etología,
Human behaviour,
Psicología,
Psychology
miércoles, 14 de marzo de 2012
PROTOCTISTAS
Aquí podéis ver unos protozoos moviéndose incesantemente. El más grande es un depredador que absorbe a otros, más pequeños, con su trompa.
domingo, 29 de enero de 2012
¿ES LA ADOLESCENCIA UN CARACTER ADAPTATIVO? / IS THE ADOLESCENCE AN ADAPTATIVE FEATURE OF HUMANS?
This post
deals with the changes produced in adolescence – whether they give us success
as a species in evolutionary terms.
La
adolescencia es un periodo que se inicia con la pubertad sobre los 10-12 años y
tiene su finalización a los 19 o 20. En esta etapa tiene lugar una serie de
cambios fisiológicos, sociales, sexuales y psicológicos de la máxima
importancia para la formación de la persona.
Durante la infancia
y la niñez, el cerebro se desarrolla en tamaño, y es más tarde, en la
adolescencia, cuando este órgano madura. Sin embargo, con relación a las
especies más próximas a nosotros en términos evolutivos, este proceso de maduración se ha ralentizado,
no culminando hasta la veintena de edad.
A la vez que
tiene lugar este proceso, se produce una ampliación y reorganización de las
conexiones nerviosas, lo que mejora la velocidad de transmisión de información.Para
alcanzar la madurez, el adolescente necesita tener una enorme experiencia y
capacidad adaptativa al medio a través de las “locuras” que son una mezcla de
impulsividad y planificación que nos producen placer y recompensa emocional.
La etapa de
la adolescencia puede interpretarse como una prueba del sistema evolutivo, ya
que el desarrollo de nuestra especie ha ido modificándose hasta llegar al punto
de la división del crecimiento y maduración del cerebro por etapas.
Por ejemplo:
Hace millones de años, los “niños” de nuestros antepasados homininos nacían con
el cerebro más desarrollado y alcanzaban antes la madurez, pero el canal del
parto de la madre era estrecho y la cabeza del feto no cabía, causando dolor y,
a veces, hasta la muerte de la madre. Por este motivo se fue anticipando el
parto, provocando que el desarrollo del cerebro se terminara fuera de la madre.
Esto dio lugar a una etapa intermedia entre la primera infancia y la adultez. Así
que, en conclusión, la adolescencia es fruto indirecto de la posición erguida y
el desarrollo de un cerebro complejo y voluminoso. ¡Quién nos lo iba a decir!
Alejandra García.
Laura Moreno.
Alejandra García.
Laura Moreno.
Etiquetas:
Adolescencia,
Animal Behavior,
Bachillerato,
Biología,
Biology,
Ciencia Cognitiva,
Ciencia para el Mundo Contemporáneo,
Comportamiento animal,
Etología,
Evolución,
Evolution,
Science
jueves, 29 de diciembre de 2011
SIN NIÑEZ NO HAY DESARROLLO CEREBRAL / NO BRAIN DEVELOPMENT WITHOUT CHILDHOOD
¿Quién ha oído hablar de la altricialidad? Creo que poca gente, aparte de los especialistas en etología o en desarrollo infantil. Podríamos definirla como el escaso desarrollo neuromotor que presentamos los humanos al nacer. Es una característica específicamente humana, o al menos mucho más acentuada en nuestra especie que en los demás Primates. Como la mayor parte de los caracteres observables en cualquier especie, la altricialidad es susceptible de interpretación evolutiva.
En un principio, su origen parece estar relacionado con el hecho de que nuestro parto, tras una gestación de nueve meses, es prematuro. Si extrapolamos los datos sobre el desarrollo embrionario y el tamaño adulto de un chimpancé a nuestra especie, la gestación debería durar unos 12 meses en los humanos. Pero si así sucediera, nos encontraríamos con un tremendo obstáculo para el desarrollo. La bipedestación (postura erguida) ha traído consigo una reorganización de la anatomía pelviana, con un estrechamiento del canal del parto. En consecuencia, si la gestación durara doce meses, el cráneo del bebé no podría salir por el canal del parto. Esto ha hecho que la selección natural haya favorecido aquellos genes que ralentizan o retrasan el desarrollo del cerebro, al tiempo que adelantan el momento del parto.
Así pues, podemos decir que, tras el nacimiento, al bebé le espera un largo período de estrecha dependencia de un adulto de referencia (habitualmente la madre), en el que coinciden la lactancia, el desarrollo del volumen cerebral y de las conexiones neuronales, y una larga e intensa interacción con los adultos del grupo. Todo ello, en su conjunto, favorece el desarrollo de elevadas capacidades cognitivas en el niño.
Sin embargo, una larga infancia (0 – 5 años) como la anteriormente descrita, implicaría una seria limitación reproductiva a nuestra especie. En efecto, si la lactancia se mantuviera durante todo este período, la prolactina circulando en la sangre bloquearía la ovulación, inhibiendo la fertilidad de la madre durante todo este tiempo. De hecho, una lactancia prolongada al máximo parece haber sido utilizada como método de control de la natalidad por algunos pueblos cazadores-recolectores. Una escasa fertilidad podría ser fatal para la supervivencia del grupo, y hay indicios de que ha podido contribuir a la extinción de algunos homininos. Es posible, por consiguiente, que la selección natural favoreciera aquellos genes que permitieran acortar la lactancia, incorporando a partir de los dos años grasas animales a la dieta de los niños.
De este modo se configuraría una nueva etapa en el desarrollo: la niñez o segunda infancia, en la que el crecimiento y, sobre todo, la maduración del cerebro, que requiere de un gran aporte de grasas, se prolongaría, en interacción con un intenso aprendizaje en el grupo. Al mismo, tiempo, el resto del crecimiento somático – no tan imprescindible para la supervivencia – se postergaría en parte hasta la etapa juvenil (7 – 11 años) y la adolescencia, otra novedad de nuestra especie con respecto a los demás primates.
En definitiva, podemos decir que el crecimiento del volumen y complejidad cerebral – necesario para disponer de una conducta compleja, un lenguaje articulado y capacidad cultural – ha encajado mal con las consecuencias anatómicas de la postura erguida. El compromiso favorecido por la selección natural ha obligado a modificar drásticamente el ritmo de crecimiento en nuestros antepasados, hasta el punto de crear nuevas etapas en el desarrollo humano, como la niñez y la adolescencia.
Etiquetas:
Animal Behavior,
Bachillerato,
Biología,
Biology,
Ciencia Cognitiva,
Ciencia para el Mundo Contemporáneo,
Comportamiento animal,
Ethology,
Etología,
Evolución,
Evolution,
Human evolution
Suscribirse a:
Entradas (Atom)















