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sábado, 6 de julio de 2024

EL ALCOHOL EN NUESTRO CUERPO - 3 / ETHANOL INSIDE OUR BODY - 3

 




Este es el tercero y último de una serie de tres artículos que tratan de presentar, en términos sencillos y divulgativos, algunos de los efectos del alcohol etílico en nuestro cuerpo. En principio, su público "blanco" debería estar formado por estudiantes de 4ºESO,1º y 2ºBachillerato, junto con su profesorado. No obstante, pienso que puede ser de interés para muchas otras personas. Creo que puede ser considerado como un texto divulgativo de nivel medio-bajo. Cualquier comentario, crítica, observación, matización, etc. será bienvenido.

This is the third of a three-articles series aimed to show some effects of ethanol in our body. Its target public should be made up of 15–17-year-old students and their teachers. Furthermore, it could be also interesting for much more people. Any comment, criticism or opinion will be welcome.


En el artículo anterior vimos algunos acontecimientos provocados en nuestro organismo cuando ingerimos una importante cantidad de etanol o alcohol etílico, presente en muchas bebidas: caída de la glucemia, desabastecimiento de glucosa en varios órganos, pérdida de la capacidad de regulación e la temperatura corporal al tiempo que nuestro cuerpo se enfría, etc.

Cuando esta situación se hace muy intensa o prolongada, las neuronas del hipotálamo y otras regiones encefálicas comienzan a morir. Más y más redes neuronales se “apagan” progresivamente. La corteza cerebral se desconecta parcialmente, la motora y el cerebelo también (nuestros movimientos se descoordinan) y, como el hipotálamo controla muchas conductas automáticas del cuerpo (apetito, sed, sensaciones de frío o calor, etc.) estas se ven afectadas. Podemos alcanzar el temido coma etílico.

Si el hígado es relativamente pequeño - cosa que ocurre en niños y adolescentes - o está ya afectado y medio inutilizado por un alcoholismo crónico, las consecuencias pueden ser especialmente graves, llegando incluso a la muerte.

Pero prosigamos con los daños inducidos por el etanol, que no son solamente cerebrales.

Para metabolizar el etanol, las células que forman nuestro hígado emplean una molécula conocida como NAD+. Esta, como consecuencia de su acción sobre el etanol, se transforma en NADH (en términos químicos, diríamos que se “reduce”), que, a su vez, permite obtener una importante cantidad de energía. Parecería que el resultado es positivo para nuestro cuerpo, pero no es así. Se puede obtener esa y más energía de maneras mucho más inofensivas. En cambio, los efectos colaterales del proceso descrito son muy nocivos para el organismo. Veamos algunos de ellos.

  1. Para que el NADH formado al metabolizar el alcohol produzca energía, es necesario que nuestras células hepáticas empleen grandes cantidades de oxígeno. Al usar éste, es inevitable que se formen las llamadas “especies reactivas de oxígeno” (ROS, por sus siglas en inglés), que son muy tóxicas, aceleran el envejecimiento celular y pueden generar tumores hepáticos.. Es muy conocido el hecho de que el alcoholismo crónico aumenta la probabilidad de desarrollar cáncer de hígado: aquí tenéis una de las causas.

  2. La transformación del etanol en ácido acético se hace a través de varios productos intermedios que son también el punto de partida para la síntesis de lípidos o grasas en nuestro hígado. Esta es la razón de que el alcoholismo favorezca la acumulación de grasas, con todos los problemas cardiocirculatorios que esto implica.

  3. Cuando la cantidad de alcohol etílico a metabolizar es elevada, el NADH formado alcanza tal concentración que satura los sistemas celulares que, a partir de él, producen energía. Esto, a través de varios pasos intermedios, lleva a que el alcohol se mantenga más tiempo circulando en la sangre (su efecto se prolonga) y a la formación de un importante volumen de agua que, al ser expulsada por la orina, arrastra sodio y produce cierta deshidratación, típica de la sensación de resaca.


He tratado de presentar algunas consecuencias nocivas de la ingesta de alcohol etílico, presente en tantas bebidas. Cuando esta ingesta es muy intensa o, sobre todo, se repite con regularidad, sus efectos se van acumulando y se hacen más destructivos. De ahí que el alcoholismo esté, desde hace tiempo, conceptualizado como una intoxicación que puede llegar a ser muy severa. Por supuesto, en estas líneas quedan muchas cuestiones importantes sin tratar. Me parece, sin embargo, que en ellas hay suficiente información como para que seamos conscientes de la gravedad del alcoholismo y, en consecuencia, nos mantengamos alejados de posibles intoxicaciones etílicas.

Rubén Nieto

miércoles, 27 de marzo de 2024

SOBRE LA DIVULGACIÓN CIENTÍFICA: UNA CARENCIA Y MEDIA PROPUESTA

La divulgación científica, entendida como el acercamiento de las ciencias, en sus principios y métodos, a la ciudadanía, es un asunto que me preocupa profundamente. En este escrito expondré una tesis acerca de los sujetos de dicha actividad, y la argumentaré brevemente. Finalmente, insertaré mi tesis en una propuesta provisional e inacabada de divulgación. 

 La divulgación científica es ejercida fundamentalmente por dos colectivos profesionales: el investigador y el comunicador. Parece lógico que así sea. Las personas dedicadas a la investigación científica conocen de primera mano alguna de las ciencias; al fin y al cabo, se dedican profesionalmente a ellas. Son las “expertas”. Por otro lado, periodistas y profesionales de la comunicación están capacitados profesionalmente para exponer lo principal de las ciencias (métodos, conocimientos asentados, descubrimientos, etc.) en un lenguaje atractivo y asequible para una ciudadanía que no tiene por qué tener una sólida formación científica. Simplificando en exceso, podríamos decir que los investigadores saben el qué pero no el cómo, mientras que los comunicadores saben el cómo pero no el qué. 

 Antes de continuar me permitiré citar los casos excepcionales que podemos encontrar en este campo. Naturalmente, existen personas que reúnen en si mismas ambas habilidades. Todos conocemos científicos dotados de unas excelentes habilidades comunicativas, así como periodistas que saben divulgar con rigor. Son, en mi opinión, honrosísimas excepciones. El problema es, sin embargo, que una actividad tan importante como integrar la ciencia en la toma de decisiones por la ciudadanía, no puede ni debe basarse en las excepciones, por numerosas y excelentes que sean. En mi opinión, hace falta algo más. 

Esta es mi tesis. Una divulgación científica completa requeriría, además de los protagonistas citados anteriormente, la presencia de un tercer colectivo: el profesorado de ciencias en Secundaria y Bachillerato. Simplificando otra vez excesivamente, podríamos decir que las personas de este colectivo saben algo del qué (en su formación inicial hay un grado, licenciatura o doctorado en alguna disciplina científica) y, a causa de su profesión, algo del cómo. Podrían ser, pues, los generalistas de la ciencia y de la comunicación, que facilitarían el entendimiento entre todos los colectivos implicados. A continuación presento sucintamente algunos de los rasgos del profesorado que, a mi parecer, permiten que desempeñe un importante papel en la divulgación.

 1. Tiene, como ya he indicado, una formación científica de base, consistente en una licenciatura o grado en una disciplina científica, seguida con frecuencia por estudios de máster, doctorado, trabajos de investigación, etc. Ciertamente, esta formación no le proporciona la misma competencia que la de un investigador puntero en cualquier ciencia. Sin embargo, le otorga una capacidad generalista que le permite comprender los fundamentos de distintas disciplinas más o menos próximas, así como actuar de puente entre profesionales con distinta formación. 

 2. Conoce los obstáculos lógicos, psicológicos y epistemológicos que pueden surgir cuando se trata de difundir un determinado concepto científico. La didáctica de las ciencias encuentra aquí uno de sus temas principales. La investigación en didáctica ha llevado a cabo multitud de estudios sobre la enseñanza de distintos conceptos científicos. Estos estudios se publican en revistas especializadas (por cierto, ¿cuántos divulgadores conocen revistas como Alambique, Enseñanza de las Ciencias, etc.?) y se someten a la crítica de la comunidad investigadora en congresos nacionales e internacionales. 

Pondré solo un ejemplo de lo anterior. La enseñanza de la evolución por selección natural encuentra frecuentemente un obstáculo “lamarckiano” que ha sido bien estudiado. Investigaciones realizadas con cientos de estudiantes, de distintas edades y en muy diferentes países, muestran que un porcentaje elevado de quienes entran en contacto con el concepto de selección natural, no lo asumen o lo hacen de manera muy superficial, exhibiendo, a la menor oportunidad, concepciones lamarckianas (herencia de caracteres adquiridos) de la evolución. Esto sucede incluso en estudiantes de segundo curso del Grado de Biología en universidades españolas. Se conocen relativamente bien las causas de estas concepciones sobre la evolución, y no es casualidad que el lamarckismo, además de surgir antes que el darwinismo, le disputara durante muchos años la primacía de las ideas sobre el mecanismo de la evolución. Esto es algo que, si se quiere difundir cómo explica la Ciencia el hecho evolutivo, debe ser conocido por todo profesor y divulgador.

 3. En relación con lo anterior, saben exponer Ciencia (principios, métodos, aplicaciones, etc.) de manera clara y comprensible. Es su trabajo. Para enseñar algún aspecto de la ciencia con un cierto éxito, es necesario combinar diversos conocimientos y habilidades. Hay que conocer, además del contenido a enseñar, las ideas y conocimientos previos del receptor, algunos rasgos de su mentalidad, las dificultades intrínsecas que subyacen al contenido a enseñar, el contexto cultural que rodea el acto de enseñar, etc. Por supuesto, ningún profesor individual conoce a fondo todo lo anterior – como tampoco lo conoce ningún científico ni comunicador individual – pero el colectivo docente en su conjunto sí que detenta estos saberes. Al respecto, pueden seguirse las polémicas en torno a la organización y contenidos del MAES, o Máster en Educación Secundaria. 

 4. Están en contacto, en cierto modo, con la sociedad para la que trabajan. Al fin y al cabo, parte de su quehacer consiste en seleccionar, dentro de las correspondientes programaciones oficiales, contenidos científicos de relevancia social. Uno de los objetivos de la educación científica es formar a una ciudadanía que sepa apoyar sus decisiones en un pensamiento científico y crítico. Cambio climático, deforestación, contaminación, epidemias y zoonosis, vacunas, nuevas tecnologías, etc., son cuestiones en las que la Ciencia tiene algo importante que decir, y que resultarán familiares a todo divulgador. El profesorado de disciplinas científicas tiene la misión de introducir estos temas en la formación de quienes, más pronto que tarde, tendrán que tomar decisiones sobre todos los asuntos antes citados.

 Supongo que a la tesis que acabo de exponer se le pueden hacer muchas objeciones. Voy a esbozar dos de ellas, con sus posibles contraargumentos. La primera consistiría en exponer las múltiples carencias que, por su formación, tiene el profesorado. Sin duda, las hay, tanto científicas como comunicativas. Sin embargo, dejando a un lado el hecho de que esto también se puede decir de investigadores y periodistas (con carencias distintas, por supuesto), hay que hacer notar que del colectivo docente de ciencias, por su amplitud y variedad de formación e intereses, pueden salir a la luz muchos excelentes profesionales bien preparados para divulgar Ciencia más allá de las aulas.

 En cuanto a la segunda objeción, consistiría en poner de manifiesto las indudables diferencias entre la enseñanza formal y la divulgación. En las líneas anteriores he puesto énfasis en las también indudables semejanzas, pero, además, me parece que esta objeción puede esconder una idea preocupante sobre lo que significa “enseñar Ciencia”. Me refiero a esa concepción de las ciencias – y su enseñanza formal – como algo árido y difícil, impartido por adustos profesores que te hacen memorizar listas de huesos del esqueleto o extraños nombres de minerales. Hace mucho tiempo que la enseñanza de las ciencias ha dejado de ser así, al menos entre algunos sectores del profesorado. No hay más que echar un vistazo a las revistas antes citadas, pasearse por algunos departamentos de didáctica de las ciencias o por no pocas aulas y laboratorios de ESO y Bachillerato para corroborar esta opinión. 

 Una vez expuestos los motivos que hacen necesario, en mi opinión, contar con el profesorado de ciencias para la tarea divulgativa, apuntaré algo que considero importante para lograr una divulgación de calidad. Llamémoslo “cooperación”, “equipos divulgativos”, o cualquier expresión similar. Se trata de hacer que investigadores, periodistas, profesores y otros profesionales trabajen juntos para producir materiales divulgativos de calidad, dirigidos a distintos públicos (la sociedad no es homogénea) y con distintas características. Para ello hacen falta muy variadas habilidades, más allá de los conocimientos científicos y la capacidad comunicadora, que solo pueden ser reunidas por un grupo de personas con distinta formación. La divulgación científica es una tarea fronteriza, interdisciplinar, y requiere de muchos talentos. En una época en la que el irracionalismo y las pseudociencias parecen ganar terreno en nuestras sociedades, es de la máxima importancia trasladar a la mayoría de las personas un conjunto de conocimientos sencillos pero inequívocos acerca de la naturaleza de la Ciencia y su importancia en todos los ámbitos de la vida.
Rubén Nieto.

viernes, 9 de febrero de 2024

Vemos el pasado con los ojos del presente / We see our past with today's eyes

Me pregunto hasta qué punto vemos el pasado con las gafas ideológicas que llevamos en el presente. Esta reflexión, leída hace mucho al gran Francisco Anguita (uno de los mejores divulgadores científicos que he conocido), me ronda insistentemente la cabeza a raíz de varias noticias recientes, como estas:

§  - La extinción de los mamuts y otros grandes herbívoros del Pleistoceno habría sido provocada por los primeros cazadores-recolectores humanos.

§  - - En estos primeros grupos, el papel de las mujeres hubiera sido muy similar al de los hombres, tanto en la caza como en la administración de recursos.

§  - El origen de los humanos recientes es más poligénico de lo que se pensaba, Además, neandertales, sapiens, denisovanos y tal vez otras especies, coexistieron durante largo tiempo, llegando a hibridar en repetidas ocasiones.

§  - En la evolución de los seres vivos, la cooperación entre células o individuos es más importante que la competencia.

Es fácil encontrar la huella del actual pensamiento ecologista, feminista y antirracista en las anteriores hipótesis. Esto, en principio, no es negativo. Por el contrario, habría que agradecer a estas corrientes de pensamiento el habernos permitido iluminar con nuevas hipótesis cuestiones tan difíciles  (¿por qué se extinguieron los mamuts?, ¿cómo era la vida de los primeros homininos?, etc.). Sin embargo, me parece que deberíamos extremar la precaución con la influencia de factores externos en la génesis, contraste y evaluación de hipótesis científicas. Seguramente, todas las hipótesis anteriores son interesantes y deben ser contrastadas, en la medida de lo posible. Pero esto no significa que no podamos caer en un error similar al que impregnó la obra de muchos científicos de los siglos XIX y XX, que veían en el pasado sociedades jerárquicas, patriarcales y en armonía con su entorno, todo ello en el marco de una evolución regida por la “ley del más fuerte”, reflejo y justificación, a un tiempo, del capitalismo industrial.

En resumen, la falacia naturalista acecha por doquier. Me parece que no va a ser fácil superarla. Sin embargo, la ciencia – hermosa actividad humana consistente en comprender el mundo en el que vivimos – puede cumplir esta y otras difíciles tareas.

jueves, 8 de febrero de 2024

Evolución. ¿Serendipia o Historia de las ideas? / Evolution: Serendipity or History of ideas?

 ¿No os parece que la serendipia está sobrevalorada en el mundo de la divulgación científica? El hallazgo fortuito, la coincidencia, el azar,…, todo ello parece estar detrás de muchos de los grandes descubrimientos científicos, si nos atenemos a los relatos divulgativos. Recuerdo incluso que, hace algunos años, una periodista interesada en la divulgación científica me propuso hacer una serie de programas radiofónicos con este mismo título (Serendipia) y enfoque: la casualidad en la historia de la Ciencia.

El bergantín Beagle  (Wikipedia)

Sinceramente, desconozco la razón de este fenómeno, que parece afectar sobre todo a los periodistas dedicados a la divulgación científica. De la manzana de Newton al sueño de Kekulé, la idea del hallazgo casual que cambia la historia parece demasiado poderosa como para resistirse a ella. El problema es que, sin negar las casualidades, la Ciencia no funciona así. Centrándonos en las teorías científicas, estas se gestan sobre un sustrato empírico, pero también requieren de un ambiente intelectual propicio.

Un ejemplo claro de esto puede encontrarse en la idea de evolución biológica. La aportación de Darwin es, sin duda, extraordinaria, pero hay que situarla en su marco temporal.  Pensemos en Aristóteles. El filósofo griego era también un finísimo observador del medio natural, y disponía de datos empíricos más que suficientes para formular una hipótesis evolutiva sobre el origen de las distintas especies. Entonces, ¿Por qué Darwin y no Aristóteles? Más aún, ¿por qué, en unos pocos decenios, Lamarck, Saint-Hilaire, Humboldt, Von Baer, Hutton, Wallace y una pléyade de pensadores más o menos evolucionistas que aparecen, casi de repente, por toda Europa?

Sintetizando mucho lo que a continuación se expone con algo más de detalle, podemos decir que la idea de cambio evolutivo encontró su sustrato empírico en las características de la enorme biodiversidad descubierta para los europeos por las expediciones científicas de los siglos XVIII y XIX. En cuanto al ambiente intelectual propicio, apareció en esta misma época de la mano de la Revolución Industrial y los vertiginosos cambio sociales, políticos, económicos y tecnológicos que acontecieron. Nada de esto se daba en la Grecia del siglo IV a. C..

Todo esto aparece explicado en el siguiente texto, que escribí hace unos años para el alumnado de la asignatura Cultura Científica de 1º de Bachillerato, y que reproduzco a continuación.

 

Las especies no cambian. Nadie ha visto que de un animal nazca otro de distinta Las especies no cambian. Nadie ha visto que de un animal nazca otro de distinta especie. Los perros siempre engendran perros, y de las semillas de manzana siempre germinan manzanos. Por otro lado, los grabados más antiguos de nuestros antepasados (por ejemplo, los de los antiguos egipcios, con más de 5000 años) muestran animales y plantas idénticos a los actuales.

 Las anteriores palabras podrían haber sido pronunciadas por un científico fijista, como lo eran todos hasta fines del siglo XVIII. El fijismo (los seres vivos no cambian) se basa en el sentido común, por lo que es difícil desmontarlo. Además, la aparente inmutabilidad de las especies se complementaba muy bien con la idea de un planeta muy joven, de solo unos 6000 años de edad, que parecía desprenderse de la interpretación literal de la Biblia.

 A fines del siglo XVIII ya se habían descubierto muchísimos fósiles, y algunos sugerían la existencia en el pasado de organismos muy distintos a los actuales. Algunos de estos fósiles correspondían claramente a animales marinos, pero se encontraban en lo alto de montañas y en regiones muy alejadas del mar. Todo ello podría interpretarse como una prueba de que las especies animales y vegetales cambian con el tiempo, es decir, evolucionan. Sin embargo, no fue así. Desde su mentalidad fijista y creacionista, los científicos de la época buscaron explicaciones que no chocaran con sus ideas. Por ejemplo, el gran paleontólogo francés Cuvier imaginó la historia de la Tierra y de la vida como una sucesión de catástrofes y creaciones sucesivas. En cada catástrofe, asociada a un diluvio, se extinguía toda la fauna. A continuación, Dios creaba una nueva fauna formada por especies nuevas. Cualquier hipótesis era preferible antes que admitir cambios evolutivos.

Charles R. Darwin en su madurez.

 Sin embargo, desde finales del siglo XVIII hasta mediados del XIX, en diferentes países europeos surgieron muchos sabios y científicos que, con más o menos claridad y rigor, empezaron a cuestionarse el fijismo y a proponer la existencia de cambios temporales en los seres vivos. En Francia (Buffon, Lamarck, Saint-Hilaire), Alemania (Humboldt, Von Baer) o Gran Bretaña (Erasmus Darwin, Hutton, Charles Darwin, Wallace), son muchos quienes empiezan a imaginar una Tierra y una vida en continuo cambio desde tiempos que cada vez parecen más remotos. ¿Por qué surge esta corriente de pensamiento de manera aparentemente tan repentina y en tantos países?

 En la época a la que nos referimos, los imperios coloniales europeos están en pleno desarrollo. A los que anteriormente existía (portugués, español, holandés), hay que sumar la acelerada expansión colonial de Gran Bretaña y Francia. Las grandes potencias coloniales, interesadas en engrandecer sus respectivos imperios, financian expediciones científicas de largo alcance: Cook, Malaspina, Bouganville, etc. Los objetivos de estas expediciones eran diversos, aunque siempre dentro del interés colonial: encontrar nuevos recursos que explotar, elaborar mapas de los dominios más remotos, hallar vías de comunicación seguras, etc.

 

Uno de los resultados de estas expediciones fue el hallazgo de una sorprendente y enorme biodiversidad. Los barcos regresaban cargados con cientos y cientos de plantas y animales nunca vistos en Europa hasta el momento. Muchas de estas especies mostraban a adaptaciones a climas y ambientes muy distintos de los europeos, pero, al mismo tiempo, guardaban importantes similitudes con la fauna y flora propias de las metrópolis. Todo ello podía, ciertamente, interpretarse como el resultado de una complicadísima creación divina. Sin embargo, también cabía otra posibilidad: suponer que las especies se habían hecho más diversas conforme tenían que adaptarse a cambios ambientales o colonizar nuevos territorios, es decir, suponer que los seres vivos cambian.

J. B. Monet, caballero de Lamarck

Mientras todo esto sucedía, a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, la historia europea da un vuelco y parece sufrir una vertiginosa aceleración. Acontece la Revolución Industrial. En unos decenios se suceden desarrollos tecnológicos que cambiarán rápidamente la faz de la Tierra, las costumbres y los estilos de vida: la máquina de vapor, el barco de vapor, el ferrocarril, la fotografía, el telégrafo, … En los planos político, económico y social, los cambios son igualmente gigantescos. Se suceden las revoluciones, nuevos regímenes políticos, repúblicas y monarquías constitucionales, migraciones masivas del campo a la ciudad, grandes concentraciones industriales, etc. Aparece una nueva clase social – el proletariado industrial – y un nuevo sistema económico – el capitalismo – toma las riendas del mundo. El viejo mundo se tambalea y cae rápidamente. La idea de cambio penetra todos los ámbitos de la vida.


 No es extraño, pues, que en este momento de la historia europea muchos científicos, de manera independiente, se atrevan a aplicar la idea de cambio a la naturaleza. Los fósiles, la diversidad de plantas y animales a lo largo de los continentes, las semejanzas anatómicas entre organismos separados por océanos y viviendo en climas tan distintos, …. Todo ello comienza a ser examinado desde un punto de vista más dinámico, que acepta la posibilidad de que la Tierra y la vida que esta alberga, cambien progresivamente. En consecuencia, cuando Darwin publica, en 1859, El Origen de las Especies, la aceptación de sus tesis centrales será solo cuestión de unos pocos decenios.

domingo, 17 de diciembre de 2023

LA EDUCACIÓN NO PUEDE ALIMENTARSE DE SÍ MISMA / EDUCATION CANNOT FEED ON ITSELF.

 

Hace algún tiempo leí a un responsable de un MAES (Máster en Educación Secundaria, obligatorio para trabajar en la Educación pública) quejarse de que, por mucho que intentaran que su alumnado se cuestionara sus concepciones sobre el aprendizaje (ya sabéis, memorístico versus significativo y todo eso), apenas lo conseguían. Jóvenes de veintipocos años, con educación superior y todo el ímpetu que se supone a esa edad, resultaban de lo más tradicionalistas a la hora de analizar cómo debería ser el aprendizaje de nuestros niños y adolescentes. Al preguntarse por las razones de esta mentalidad – dejo a un lado, por el momento, lo que tenga o no de acertada – la atribuía a una poderosísima fuente de ideas previas: su propia experiencia como alumnos de Primaria, Secundaria, Bachillerato, etc.

Creo que, en lo esencial, esta persona tenía razón. Repito que no me voy a enzarzar en una discusión sobre cómo se aprende, ni, mucho menos, cómo debe plantearse su trabajo el profesorado. Me interesan las ideas previas, la concepción del mundo – o de una parte de él – que todas las personas tenemos. Si nuestras ideas están enraizadas en algo tan inconsciente como lo que hemos vivido desde muy niños, mal vamos a hacerlas conscientes, y, por tanto, mucho menos podremos someterlas a crítica. Nuestras primeras etapas vitales están teñidas de afectividad (la racionalidad llega después) y ¿cómo vamos a ir contra nuestros afectos? Esto explicaría, entre otros fenómenos, por qué la Iglesia se aferra con fuerza a ocuparse de la educación de niños y adolescentes.

Sin embargo, lo que si es posible para este público (jóvenes universitarios veinteañeros, estudiantes del MAES) es cuestionar con argumentos o pseudoargumentos lo que vienen a “enseñarles” algunos profesores de este máster.  En algunos casos, estos últimos adoptan un papel de “predicadores” de una buena nueva pedagógica, lo que justifica, por supuesto, la reacción: “¿Este/a me viene ahora con estas chorradas, a mi que llevo 20 años de estudiante, me va a decir cómo hay que enseñar?” En otras ocasiones, el alumnado (el profesorado de Secundaria mañana) se remite a argumentos de sentido común (“los insectos siempre han tenido seis patas : yo te lo digo y tú me lo cuentas después”), ad hominem (“este será un desertor de la tiza”) o incluso recurre a conspiranoias (“la secta de los pedagogos se ha apoderado del Ministerio/Consejería”). Casi cualquier cosa vale antes que admitir que unos supuestos advenedizos nos digan cómo tenemos que enseñar.

Esto tiene mala solución. Recordemos que costó varios siglos sustituir la Física del sentido común por la de Galileo y Newton, y tampoco estoy seguro de que el paralelismo sea completamente válido. En cualquier caso, hay algunos hechos que están muy apoyados en evidencias. Por ejemplo, que nuestros estudiantes no aprenden, ni mucho menos, lo que los documentos oficiales dicen que deben aprender. Claro que, al ser la educación un fenómeno multifactorial, cada actor educativo (administraciones, profesorado, familias, alumnado, etc.) puede cargar en otros actores la responsabilidad de los malos resultados. Lo que no es de recibo es que la educación se alimente de sí misma, también en sus resultados negativos. Urge hacer una reconstrucción racional del proceso educativo y llevarla a las aulas. Pero no va a hacerse.

miércoles, 13 de diciembre de 2023

Algunas ideas sobre Darwin y su obra / Some ideas about Darwin and his legacy

 
1.  A todos los grandes científicos se les recuerda por sus aportaciones al conocimiento humano, no por sus errores. Darwin aceptó la herencia de caracteres adquiridos y formuló una hipótesis para explicar la transmisión de variaciones hereditarias (la pangénesis) que ya en su tiempo parecía disparatada, y de la que él mismo se retractó. Sin embargo, nada de eso tiene importancia al lado de su extraordinaria idea: la Selección Natural, base sobre la que se construyó toda la Biología Evolutiva posterior.

Darwin con 31 años

2. La evolución biológica fue, en su momento original, una hipótesis de trabajo. Posteriormente, se convirtió en una teoría vertebradora de muchos conocimientos biológicos. En la actualidad, confirmada por una multitud de evidencias, se considera un hecho.

3. Si nos preguntamos por el “cómo” de ese cambio evolutivo, en la actualidad recurrimos a la Teoría Sintética de la Evolución, que basa sus explicaciones en el mecanismo denominado Selección Natural, expuesto por primera vez por Darwin y Wallace. Esto no significa, sin embargo, que no haya un interesantísimo campo de polémicas científicas en torno a los mecanismos evolutivos: neutralismo, equilibrios intermitentes, evo-devo, etc. Pero - insisto – prácticamente toda la comunidad científica, a pesar de estos debates, coincide en considerar la evolución biológica un hecho comprobado.

4. Han transcurrido 164 años desde la publicación de El Origen de las Especies, la obra capital de Charles R. Darwin. En este tiempo, las ciencias han progresado enormemente. Se han realizado avances que ni el mismo Darwin (persona muy clarividente, por cierto) podría imaginar. En consecuencia, si alguien ajeno a la Biología evolutiva quiere aprender sobre evolución biológica, debería estudiar la actual Biología evolutiva, en lugar de estudiar a Darwin. Muchos filósofos estudian a este científico como lo harían con Platón o Nietzsche. Craso error. Al hacerlo así, se están perdiendo los asombrosos avances de la ciencia en multitud de campos relacionados con la vida y con nuestro planeta.

Darwin en su madurez.

5. Se ha abusado mucho de las ideas de Darwin, sobre todo por parte de pensadores venidos de otros ámbitos del conocimiento: sociólogos, filósofos, economistas, etc. Me gustaría comentar uno de estos abusos. ¿Habéis oído hablar de la falacia naturalista? Un concepto que se puede aplicar a pensadores tan distintos como Spencer y Kropotkin. Algo que da para muchos otros artículos.

   Rubén Nieto.

miércoles, 29 de noviembre de 2023

 EXTINCIONES MASIVAS - 1   ¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS ...?  /  MASS EXTINCTIONS - 1  WHAT ARE WE TALKING ABOUT ...?

Este es el comienzo de una corta serie de artículos sobre el fascinante asunto de las grandes crisis de biodiversidad que han sacudido nuestro planeta. El público al que, en primera instancia, está destinado, es el alumnado y profesorado de Ciencias de 4ºde ESO y de Bachillerato, al que habitualmente se ha dirigido este blog. Sin embargo, no debería hacer falta añadir que espero sea de interés para otras muchas personas. Cualquier comentario o crítica será bienvenido.

This is the starting point of a short series of articles about the big biodiversity crisis which has shaken our planet. Its target readers are students and teachers of Upper Secondary - 15-17 year old students. Nevertheless, it can be interesting for much more people. Any comment or criticism will be welcome.

Antes de abordar este curioso y dramático fenómeno, conviene que situemos el contexto en el que ocurren las extinciones masivas. Solo así podremos calibrar su verdadera importancia.

Algunos datos nos ayudarán a ello. En primer lugar, nuestro planeta tiene una edad aproximada de 4500 a 4600 millones de años. Escalofriante, ¿verdad?  Pues bien, en su superficie prosperan distintas formas de vida desde hace más de 3500 millones de años (en adelante, Ma). A lo largo de este colosal período de tiempo, los seres vivos han ido cambiando, diversificándose y ocupando casi todos los ambientes imaginables, desde los hielos antárticos hasta las fuentes termales a más de 100ºC, pasando por desiertos, fondos marinos, estepas, selvas, nubes, salinas, etc.

En las ciencias de la vida, el término Biodiversidad designa, entre otras realidades, la enorme variedad de formas de vida que pueblan nuestro planeta. Si aceptamos provisionalmente que esa variedad se materializa en distintas especies (concepto controvertido pero útil para nuestro propósito), nos podemos preguntar cuántas especies pueblan actualmente la Tierra. Los científicos no se ponen de acuerdo en una respuesta única, pero distintas estimaciones arrojan valores de entre 3 y 30 millones. Tal vez las hipótesis más realistas nos hablen de un número aproximado de 5 a 10 millones de distintas formas de vida pululando por los distintos ambientes que conforman la Biosfera, la fina “piel” de la Tierra, en la que se concentra la vida. La mayor parte de estas especies correspondería a microorganismos, muy difíciles de detectar y diferenciar: hongos, protozoos, bacterias, etc. De las especies ya identificadas por la Ciencia (entre 1.5 y 2.0 millones, que en esto tampoco hay un consenso preciso), la palma se  la llevan los Artrópodos (Insectos, Crustáceos, Arácnidos, etc.) con un número de especies próximo al millón. Le siguen, a bastante distancia, las plantas con flor, fruto y semilla, que se aproximan a las 300.000 especies.

Otro dato a tener muy en cuenta es que, a lo largo del tiempo, todas las especies tienen un principio y un final, y terminan por extinguirse.  La Biología evolutiva proporciona explicaciones bastante razonables – y con evidencias empíricas – sobre la formación de nuevas especies a partir de otras. Algo parecido sucede con su final. Cambios ambientales, falta de plasticidad genética, o ambos factores combinados, hacen que a toda forma de vida le llegue su fin. 

Si esto es así, ¿por qué extrañarnos de que haya extinciones masivas?

La clave para responder a esta pregunta podemos encontrarla en el ritmo al que estas extinciones suceden. Durante la casi totalidad de la historia de la vida sobre la Tierra, las distintas formas de vida han ido desapareciendo (cediendo su lugar a otras nuevas)  con una cadencia media de entre un 5% y un 10% del total de especies cada millón de años, aunque aquí las estimaciones también varían muchísimo. Esta background extinction es, como apuntábamos antes, un fenómeno absolutamente natural. La vida se renueva.

Sin embargo, en ciertas ocasiones, las cosas suceden de otra manera. Los paleontólogos han identificado al menos cinco momentos en la historia de nuestro planeta, en los que la biodiversidad parece que entró en crisis. Son las llamadas extinciones masivas. En esos “momentos” (porque, geológicamente hablando, un lapso de algunos miles de años no deja de ser un instante) se pierden entre un 20% y un 90% el total de especies que pueblan el planeta.

¿Cuáles son las causas de estas extinciones?

martes, 19 de septiembre de 2023

Ecofascismo o igualdad

 He escrito las siguientes líneas intentando emplear un lenguaje desprovisto, en lo posible, de connotaciones sociales, políticas y ambientales. Al mismo tiempo, he dejado algunas pistas indicadoras de que el artículo pretende inscribirse en una larga tradición emancipatoria, pero actualizándose en las coordenadas de la presente crisis ecosocial. Podría haber usado un lenguaje más áspero y combativo, pero entonces probablemente sería malinterpretado por buena parte de sus destinatarios. Espero comentarios, réplicas, observaciones, etc.

El sistema económico imperante ha generado siempre una enorme desigualdad. Ciertamente, ha generado ingentes riquezas, pero, al mismo tiempo, ha mantenido a una buena parte de la humanidad en la más absoluta pobreza. Una cifra quizá excesivamente simplificadora , pero no muy alejada de la realidad, es la que manejaron algunas ONGs hacia el final de los años 90: el 80% de la riqueza mundial está en las manos del 20% de la población. Con estas premisas, pues, no es exagerado afirmar que nuestro actual modelo de producción, distribución y consumo de bienes y servicios es un gran generador de injusticia.

Los defensores de este sistema económico – que llamaremos capitalismo – utilizan diversos argumentos, pero aquí me detendré en uno de los más potentes: lo que coloquialmente se ha conocido como teoría del goteo. En lo esencial, se basa en la siguiente analogía. Las clases altas son representadas como asistentes a un gran banquete alrededor de una mesa repleta de manjares que continuamente se renuevan. Las clases bajas, por el contrario, están simbolizadas por mendigos que pululan por debajo de la mesa, y viven de las migajas que caen de esta. Cuantas más riquezas se acumulen en la mesa (el crecimiento económico), más beneficiarán a los ricos asistentes al banquete, pero más migajas caerán también en manos de los mendigos. Dicho de otro modo, aceptando que solo el 20% de la tarta de la riqueza cae en manos de los pobres, si la tarta crece de manera continua, el 20% de esta también lo hace. Por tanto, las personas empobrecidas tienen acceso a una riqueza progresivamente mayor.

Este argumento se ha tildado de injusto y de cínico, pero, en los últimos tiempos, a estas críticas se le ha sumado otra que, en cierto modo, es materialmente demoledora. La ciencia nos está proporcionando más y más evidencias de que la tarta ya no crecerá mucho más, si es que aún puede hacerlo. Los límites al crecimiento de la tarta se están alcanzando por dos lados distintos:

1. Los recursos naturales: agua, energía, alimentos, materiales mara nuevos desarrollos tecnológicos, etc. Todo ello está sometido, en mayor o menor medida, a una preocupante sobreexplotación.

2. Los residuos, que se acumulan al tiempo que ejercen multitud de efectos nocivos sobre la biosfera y nuestra salud. El caso más conocido es el del CO2, y su indudable influencia en el cambio climático. Pero también plaguicidas, fertilizantes, plásticos, metales pesados, etc., constituyen poderosas amenazas a los equilibrios globales y (insistamos en ello) a la salud de los humanos.

A todo lo anterior habría que añadir la acelerada reducción de la biodiversidad y de los espacios naturales, con lo que se configura una situación ambiental y humana de lo más preocupante.  El mensaje que nos envían todos estos fenómenos es que debemos ir diciendo adiós al crecimiento económico indefinido.

Si no podemos confiar en que un crecimiento continuo de la tarta alivie las tensiones sociales derivadas de la desigualdad, solo nos quedan dos opciones:

1ª.- “Blindar” para una exigua minoría el disfrute de los escasos recursos naturales que durante un tiempo se puedan obtener, dejando al resto de la población al albur de una escasez y emponzoñamiento ambiental crecientes. A esto se le ha dado en llamar ecofascismo.

2ª.- Redistribuir la tarta, al tiempo que se redimensiona. Una solución igualitaria y sostenible que pone de los nervios a las élites gobernantes y – por qué no decirlo – a buena parte de la población en las regiones más opulentas del mundo. Desde mediados del siglo XIX, la redistribución de la tarta (ahora también redimensionada de acuerdo con las posibilidades del planeta) ha recibido nombres que están muy mal vistos en el discurso dominante. Tal vez sea esta la razón de que algunos ecologistas y científicos lúcidos eviten usarlos. Sin embargo, si se leen sus escritos con atención, veremos que no plantean nada muy diferente a lo aquí expuesto. En todo caso, muestran un grado algo mayor de optimismo.

Sin embargo, yo soy de la opinión de que no hay que rehuir el debate. Es más, cuanto antes lo situemos en el centro de los temas que se discuten en público, antes se podrá construir una respuesta a lo que resulta ser una crisis a la vez social, económica, ambiental y, por todo ello, humana. Una respuesta que debe ser eficaz, socialmente convincente y asumible – con todos los matices necesarios -  por la mayor parte de la ciudadanía.

Rubén Nieto.

 

 

  

domingo, 10 de octubre de 2021

DINOSAURIOS, ASTEROIDES Y ACTITUD CIENTÍFICA /DINOSAURS, ASTEROIDS AND SCIENTIFIC ATTITUDE

 


As we showed in our last entry, there is no scientific method at all. However, there are some rules and attitudes concerning Science. The most important one might be some kind of 'scientific attitude', consisting mainly of an extreme respect towards the empirical evidence.

Hace pocos días decíamos que no existe un método científico unificado, al estilo de una receta de cocina o de un algoritmo cerrado. Sí que existen pautas metodológicas, pero plurales y flexibles.  Si estamos de acuerdo con esta afirmación, admitiremos también que la Ciencia no puede diferenciarse de otras actividades humanas por su método, o no solamente por él.

¿Cómo podemos caracterizar las ciencias y diferenciarlas de otros campos del conocimiento? Este es el llamado “problema de la demarcación” en su versión actualizada.

Durante el último siglo se han dado muchas respuestas a este interrogante. Unas han resistido la crítica mejor que otras.  En primer lugar, me referiré a la de Popper: el falsacionismo.

Según Popper, basándose en las leyes de la lógica no es posible demostrar la verdad de una hipótesis, pero sí demostrar su falsedad. Entendemos aquí falsedad como desacuerdo de la hipótesis o sus consecuencias con los datos de la experiencia.

En realidad, esto de falsear una hipótesis suena demasiado fuerte. Habría que hablar, más bien, de “falta de evidencias empíricas que respalden la hipótesis”, o de “menor capacidad que otras hipótesis  para explicar fenómenos empíricos”. Además, tomado en sentido estricto, el criterio popperiano nos llevaría a aceptar como científicas actividades como la astrología o la búsqueda del yeti, algo que choca con nuestras ideas más arraigadas sobre la ciencia.

Volvamos, pues, a la pregunta anterior. Sin olvidar la sugerente propuesta de Popper, necesitamos un criterio o conjunto de criterios que nos permita distinguir entre ciencias propiamente dichas, actividades no estrictamente científicas pero más o menos racionales (filosofía, literatura, etc.)  y pseudociencias que intentan simular lo que no son.

Para ello, me ha parecido interesante difundir la propuesta de Lee McIntyre, desarrollada en su libro La actitud científica[1]. Según este autor, lo que caracterizaría a las ciencias y a quienes las practican, es una determinada actitud, que podríamos resumir de la siguiente manera:

1.- Una preocupación central por la evidencia científica, es decir, por el conjunto de datos experimentales relativos a un determinado fenómeno natural.

2.- La disposición a cambiar nuestras hipótesis y teorías si las evidencias empíricas lo sugieren.

Lo anterior no es incompatible con la existencia de consideraciones extraempíricas.  Desde Thomas Kuhn para acá, todo el mundo sabe que en la Ciencia también existen modas. Sin embargo, estas deben ceder paso a la evidencia empírica para explicar las causas de un fenómeno. Por ejemplo, desde que se ha generalizado la conciencia de la problemática ambiental, los paleontólogos interpretan muchas extinciones pretéritas como crisis ambientales desencadenadas por cambios climáticos y /o atmósféricos. Pero esto no elimina la necesidad de que estas hipótesis “ambientales” se apoyen en evidencias empíricas.

En este sentido, las hipótesis de los Álvarez (Walter y Luis) sobre las causas de la extinción cretácica sostiene que fue el impacto de un asteroide de unos 10 km de diámetro el que provocó un cambio climático similar al que produciría una gran deflagración nuclear. Esto, a su vez, desencadenó una de las mayores extinciones masivas en la historia de la Tierra, que afectó a dinosaurios, ammonites y muchos otros animales.

No es difícil rastrear en esta hipótesis la huella de fenómenos actuales, como el cambio climático o el riesgo de conflicto nuclear.  Sin embargo, la comunidad científica no tomaría en serio las ideas de los Álvarez si no se hubieran encontrado las huellas de un gigantesco cráter de impacto de esa edad, así como una capa de arcillas ricas en iridio (elemento abundante en ciertos asteroides) con la misma edad de la extinción cretácica.

En resumen, si la evidencia empírica apoya la hipótesis del asteroide, poco importa que esta haya surgido impulsada por ideas actualmente muy en boga. En palabras de McIntyre, “allí donde esté disponible, la evidencia tiene que decidir la elección de una teoría científica sobre otra.”

Todo esto está muy bien (si os parece, amables lectores), pero nos queda un agujero por rellenar. ¿Qué entendemos exactamente por “evidencia”?

En nuestro próximo post hablaremos de ello.



[1] McIntyre, L.: The Scientific attitude. Defending Science from denial, fraud and pseudoscience. MIT press, 2019. Trad esp.: La actitud científica. Ed. Cátedra, Madrid, 2020.

domingo, 22 de agosto de 2021

EL MÉTODO CIENTÍFICO NO EXISTE / THE SCIENTIFIC METHOD DOESN'T EXIST

 


Isaac Newton

Lo sé, suena un poco fuerte, aunque estaremos de acuerdo en que sirve para llamar
la atención. Pero no es este el objetivo de tan lapidaria frase. En realidad, con ella pretendo poner el foco en un tópico demasiado extendido entre el profesorado de ciencias. En muchos libros de texto, especialmente de Física y Química, aparece un tema inicial sobre “el método científico”. Este se nos muestra como una sucesión de pasos a seguir por quien pretende hacer una investigación científica: observar un fenómeno, formular una hipótesis que lo explique, etc. En realidad, este supuesto método universal es descrito como una especie de receta infalible. Si sigues esos pasos, haces Ciencia. Así de sencillo.

Gregor Mendel
Es muy frecuente que el profesorado de Ciencias (Física, Química, Biología y Geología) comparta esta visión “clásica” de la metodología científica -rígida y estereotipada – y la refleje en sus clases. Conozco bastantes colegas que empiezan el curso con una unidad sobre el método científico, así entendido, para, a continuación, hacer lo contrario -presentación dogmática de resultados, sin atención a cómo se obtienen - durante el resto del curso. Pero esta es otra historia, de la que ya nos ocuparemos.

Lo que quiero transmitir en este artículo es que la ciencia no funciona así. Sería demasiado simple, algo así como seguir escrupulosamente, paso a paso, una receta para hacer albóndigas. Si tiene la receta y los ingredientes, cualquier persona, en cualquier momento, puede hacer albóndigas, y le saldrán igual de buenas – o de malas – que a las demás.

Charles Darwin
Obviamente, los científicos no siguen ninguna receta universal e infalible. Utilizan distintas aproximaciones, reformulan sus problemas e hipótesis, a veces dan palos de ciego y discuten, discuten mucho entre ellos. Por otro lado, los procedimientos, técnicas y presentación de datos varían mucho de una disciplina a otra, e incluso dentro de ellas. Por ejemplo, dentro de la Biología, las diferencias en estos aspectos entre la Genética Molecular y la de poblaciones, o la Ecofisiología y la Etología, son abrumadoras. Lo mismo puede decirse de la Geología (Cristalografía y Estratigrafía), Física (Electrónica y Termodinámica) o las Ciencias Sociales.

Albert Einstein
Esto no debe extrañarnos. Al fin y al cabo, las disciplinas científicas son constructos humanos y, como tales, están sujetas a las mismas vicisitudes que sus creadores: nacen, crecen, maduran, interaccionan entre si, dan lugar a otras y se extinguen, a veces dividiéndose o transformándose en nuevas disciplinas. Lo que realmente existe es la Naturaleza y la Sociedad; las ciencias son distintas aproximaciones - humanas - por tanto, temporales y perecederas – a ellas.

¿Significa todo lo anterior que en Ciencia “todo vale”? ¿Podemos interpretar la ausencia de un método único, rígido y lineal, como indicadora de un caos metodológico, en el que cada científico hace lo que buenamente sabe, puede o quiere, teniendo todo el mismo valor, o la misma falta de valor? Por supuesto que no. Entre la receta para hacer albóndigas y el haga-usted lo-que-quiera-que-yo-responderé-lo-que-me-dé-la-gana, hay todo un abanico de procedimientos, reglas flexibles, tradiciones, normas consensuadas, etc., que configuran lo que Lee McIntyre ha dado en llamar la actitud científica1, muy definitoria del conjunto de ciencias (al menos, las que tratan de la Naturaleza), aunque teniendo siempre en cuenta que se trata de un repertorio flexible, adaptable a disciplinas, subdisciplinas y problemas concretos.

En un próximo artículo desarrollaré lo que deberíamos entender por actitud científica y cómo puede servirnos para distinguir ciencias de pseudociencias, además de proporcionarnos argumentos frente a amenazas tales como el negacionismo del cambio climático, los antivacunas, el creacionismo, etc.

1McIntyre, L.(2020): La actitud científica. Una defensa de la ciencia frente a la negación, el fraude y la pseudociencia.Trad. Rodrigo Neira. Ed. Cátedra, Madrid.

domingo, 7 de junio de 2020

LOS OCÉANOS SE SATURAN DE PLÁSTICOS

La ONU advierte que, para el año 2050 nuestros océanos tendrán más plásticos que peces. 

 Esta preocupante noticia es consecuencia de la gran cantidad de residuos, como bolsas, colillas, botellas, redes de pesca, etc. que se han vertido al mar de forma accidental durante las últimas décadas. En concreto 8 millones de toneladas de basura llegan cada año a los mares y océanos y se desconoce la cantidad exacta de plásticos, pero se estiman que unos 5-50 billones de fragmentos de plásticos se encuentran en el mar, sin incluir los que hay en el fondo marino o en las playas. A islas, como la situada en el territorio de Henderson, en el Pacífico, llegan cada día 3.570 residuos de plásticos a sus costas, acumulando 18 toneladas de desechos en sus 37 kilómetros cuadrados. 

 Pero realmente los grandes perjudicados son los animales del mundo marino, ballenas muertas con gran cantidad de plásticos en sus estómagos, tortugas y delfines agonizantes después de ingerir este material, cangrejo ermitaño en el interior de un tapón de botella, y así podríamos seguir con incontables ejemplos que afectan a estos animales. 

 Por último, esos mismos desechos plásticos afectan a nuestra salud, ya que los pescados y moluscos que consumimos en nuestra alimentación contienen grandes cantidades de microplásticos que, al consumir estos animales, pasan a nuestro organismo. 

 El impacto de los vertidos en los océanos viene originado por el tiempo que necesita el plástico en biodegradarse, ya que dependiendo del tipo y de las condiciones a las que se expone (luz solar, agentes mecánicos, oxígeno) tarda más o menos tiempo. Algunos ejemplos de estos periodos serían: hilo de pesca ± 600 años, botella ± 500 años, cubiertos ± 400 años, vaso 65-75 años, bolsa 55 años, suela de zapato 10-20 años, colilla 1-5 años, globo 6 meses. 

 Además de la contaminación de aguas y animales con microplásticos, existen otros problemas como los accidentes que sufren los animales marinos y aves del entorno al producirse enredos (tortugas que quedan atrapadas en las viejas redas de los barcos), asfixias (cigüeñas atrapadas en bolsas de plástico), estrangulamientos o desnutrición de los animales al ingerir estos materiales y bloquear el estómago o el intestino (polluelos que tragan algún trozo de plástico y mueren por perforación del intestino o problemas crónicos e irreparables).

 El consumo de plásticos arroja cifras alarmantes, siendo los países más industrializados los que más utilizan estos materiales, como puede apreciarse en el gráfico (fig. 1). En este mapa, podemos observar los residuos de plásticos mal administrados y los remolinos de agua que atrapan enormes masas de desechos en su corriente. 

 Toda esta cantidad de desechos podría reducirse de forma eficaz, mejorando la gestión de las basuras, reduciendo su cantidad y reciclando. Es un esfuerzo de todos y frenar esta contaminación es responsabilidad también de todos, desde quienes los fabrican, lo consumen y administran los residuos. 

Ya en varios países del mundo se han iniciado medidas para detener este problema global, por ejemplo, en Holanda, Alemania, Croacia, Canadá y varios estados de EE.UU. y Australia, ya tienen en marcha sistemas de retorno de envases que ha demostrado que permite recuperar casi el 100% de los envases. Otros como Francia, Marruecos, Senegal, Ruanda, Mauritania o China, han optado por la prohibición del empleo de determinadas bolsas de plásticos. El uso de las microesferas de plásticos empleadas en productos cosméticos está prohibido por leyes en EE. UU. Australia y otros países como Canadá, Dinamarca, Suecia o Reino Unido están en fase de sacar nuevas normas para impedir su utilización. 

 También de forma individual se pueden tomar medidas para reducir el consumo de estos residuos, evitando las bolsas de plástico de un solo uso y utilizar en su lugar bolsas de tela, cestas o carros, priorizando la compra de botellas y envases reutilizable y/o retornables, controlando los ingredientes de los cosméticos y evitar los productos con microplásticos: polietileno (PE), polipropileno (PP), PET, PMMA y/o nylon, rechazando envases y utensilios de un solo uso como vasos, cubiertos o pajitas y por supuesto, depositando los residuos plásticos en el contenedor adecuado. 

 Por otra parte, habría que duplicar los esfuerzos para conservar y utilizar de manera sostenible los océanos, mares y recursos marinos y sería deseable que se invirtiera en procesos que, no sólo limpien, sino que impidan que los desechos terminen en el mar. 

 El gran potencial del reciclaje es indudable, de botellas de PET (polietileno tereftalato) recicladas pueden proporcionar fibras para fabricar camisetas, los vasos usados de plástico pueden tener más oportunidades transformándose en cubos de basura, bancos para parques o juegos de parques infantiles. La idea es no fabricar más, sino reutilizar lo ya producido, aunque no sea bien acogido por las fábricas de plásticos que obtienen grandes ingresos anuales (600 mil millones). 


















Cristina De la Plata Delgado.

lunes, 8 de julio de 2019

APRENDIENDO A CAMBIAR EL MUNDO ENTRE TODAS - 5


En el anterior artículo expliqué los motivos que me han impulsado a emprender esta actividad con mi alumnado de Primer curso de Bachillerato, en el marco de la asignatura "Cultura Científica".En este artículo presento algunos detalles sobe el contenido y desarrollo de la actividad. Como sabéis, esta consiste en una simulación, con el máximo realismo posible, de tres ONGs. Los dos grandes objetivos eran: 
1.- Poner en práctica conocimientos científicos, tecnológicos y sociales propios de la asignatura, integrándolos en un proyecto colectivo que desarrolle también la vertiente humanística de la ciencia. 
2.- Tomar contacto con problemas humanos propios de la sociedad contemporánea - tanto a nivel local como global - y valorar la posibilidad e importancia de comprometerse en su solución formando parte de colectivos sociales. 

Al igual que en ocasiones anteriores, nos planteamos crear ONGs cuyo ámbito de acción estuviera claramente relacionado con los contenidos de esta asignatura. Esto significa que las asociaciones deberían trabajar en asuntos social y humanamente relevantes, para los que fuera necesario poner en juego conocimientos científicos y tecnológicos. En la asignatura Cultura Científica trabajamos temas científicos de relevancia social: relacionados con la salud (enfermedades infecciosas, patologías asociadas al estilo de vida en los países ricos, etc.) y el ambiente (gestión del agua, calentamiento global, energías renovables, etc.). Así pues, podíamos utilizar como punto de partida los tipos de ONG sobre los que he trabajado en ocasiones anteriores. 

Propuse a mi alumnado que , en tres grupos, diseñaran detalladamente sendas ONGs: 
1.- Un grupo ecologista arraigado en nuestra ciudad (Sevilla) y centrado en problemas locales, pero, al mismo tiempo, capaz de proyectar su acción en la problemática ambiental global. 
2.- Una asociación de apoyo a pacientes de enfermedades raras y su entorno familiar, capaz de actuar en relación con las familias directamente afectadas, la Administración y la sociedad en su conjunto. 3.- Una asociación de solidaridad y cooperación con una región determinada de África subsahariana (Yadé, República Centroafricana), centrada especialmente en ayudar a mejorar sus estándares de salud y educación. 

Los estudiantes que trataran de poner en marcha un grupo ecologista tendrían que poner en juego sus conocimientos de temas como los impactos ambientales en las grandes ciudades, la gestión del agua, las energías renovables, el calentamiento global, etc. Asimismo,tendrían que documentarse sobre la situación urbanística de nuestra ciudad, con especial atención a la movilidad, la contaminación atmosférica y los proyectos que afectan al río y su entorno. 
Por su parte, quienes se agrupaban en la asociación de familiares de pacientes de enfermedades raras tendrían que profundizar en el concepto de enfermedad, los tipos de enfermedades y su repercusión social, con una atención especial a las enfermedades hereditarias y a algunas enfermedades mentales. También tendrían que iniciarse en el complejo mundo de los cuidados y la dependencia, tratando de empatizar con la difícil situación de los familiares de estos enfermos. 
 Finalmente, los miembros de la ONG de ayuda a la región africana antes citada tendrían ante sí una ingente tarea: decidir qué dispositivos de energías renovables utilizarían para abastecer una escuela y un centro de salud situados en el casi inaccesible macizo de Yadé (República Centroafricana); diseñar un sistema barato y práctico de potabilización de agua, así como un conjunto de medidas para abastecer de agua potable a varios núcleos rurales, con objeto de frenar la propagación de ciertas enfermedades infecciosas; poner a punto un programa de lucha contra la erosión del suelo y la consiguiente desertización, que en esta región del mundo constituye uno de los mayores factores ambientales y antrópicos generadores de pobreza. 

En las tres asociaciones, mis estudiantes tuvieron que documentarse sobre los requisitos legales (ley de Asociaciones de Andalucía de 2006, entre otras) para constituir una asociación de utilidad pública. Tuvieron que redactar unos estatutos, hacer una asamblea y elegir una Junta Directiva, definiendo las funciones de cada uno de sus miembros. También tuvieron que definir los tipos de socios, las cuotas que pagarían, las relaciones que mantendrían con otros colectivos (federarse o no federarse con ellos) y con la Administración (solicitud de subvenciones para proyectos concretos, vigilancia crítica de ciertas políticas públicas). Naturalmente, tuvieron que elaborar un presupuesto, detallando fuentes de financiación realistas. 

Cada grupo dispuso de un único documento de apoyo, elaborado por el profesor. En este documento se especificaban los objetivos y productos finales requeridos, así como una pequeña lista de sugerencias y referencias bibliográficas.

Pero tal vez lo más importante es que tuvieron que discutir y aprobar un plan de acción para dos años, definiendo claramente sus objetivos prioritarios, los medios que emplearían para lograrlos (incluyendo la financiación) y los resultados tangibles que esperaban obtener.¿Os parece exagerado? A ellos no se lo pareció. Lo hicieron francamente bien, teniendo en cuenta el escaso tiempo con el que contaron, así como la carga de trabajo que, a finales de este curso, les imponían las demás asignaturas. Elaboraron folletos explicativos, diseñaron y programaron todo tipo de actividades para recaudar fondos, abrieron cuentas en redes sociales e incluso un grupo llegó a redactar, con total corrección formal, la notificación de una manifestación a la Delegación del Gobierno. 

Espero que los resultados se puedan exponer de manera pública en un foro educativo próximamente, pero, en cualquier caso, estaré encantado de ampliar información sobre esta experiencia a quien me la solicite. Lo más importante, para mí, es que una treintena de jóvenes que antes de la actividad desconocían por completo el mundo del asociacionismo y jamás se habían planteado la posibilidad de trabajar colectivamente para mejorar el mundo, lo ven ahora como algo factible y –espero que al menos en algunos casos – deseable. Tal vez alguno de ellos se comprometa en un futuro con algún movimiento de intervención social, y quizá convenza a alguien más para que haga lo mismo. 

Si esto no es “espíritu emprendedor”, que venga Wert y lo vea.

domingo, 16 de junio de 2019

SPACE X: LA CONTROVERSIA DEL PLANETA ROJO

 
Space Exploration Technologies Corporation (Space X) es una empresa privada estadounidense que se dedica al transporte aeroespacial. Ha sido creada por Elon Musk, gran empresario de éxito, fundador también de Tesla Motors y cofundador de Pay Pal, entre otros. Con Space X ha creado varios cohetes de investigación, añadiendo la característica de que la mayoría de sus componentes pueden reutilizarse, como el Falcon 1.
Actualmente, la empresa se encuentra desarrollando el proyecto de construir un transporte para desplazar humanos a Marte para colonizar el planeta rojo, lo cual planea hacer a partir de 2024, con el objetivo final (de aquí a cien años) de establecer allí una colonia de millones de humanos. El proyecto consistiría en llevarlos hasta Marte en la nave, que ya se conoce como BFR o Starship, dejar allí alrededor de un centenar de pasajeros y regresar a la Tierra para un nuevo viaje. El objetivo final y principal de Musk es convertir Marte en un nuevo planeta Tierra donde los humanos puedan vivir de forma normalizada y cómoda.
Sin embargo, ante estas ambiciosas intenciones se plantea una cuestión: la Tierra es el único planeta que tenemos, al que los humanos realmente pertenecemos, así como toda la biodiversidad existente a lo largo y ancho de todo el planeta azul. Nuestro único y hermoso planeta, que estamos destruyendo y por tanto también a nosotros mismos.
¿De verdad el ser humano sería capaz de ser tan antropocéntrico y egoísta como para abandonar por completo lo que nos queda del planeta y aplicar la ley del sálvese quien pueda? Sin duda es una pregunta cuanto menos inquietante, ya que da la impresión de que sí seríamos capaces. ¿No deberíamos centrarnos en salvar lo que tenemos y nosotros mismos estamos destruyendo en lugar de tirar el planeta como un juguete roto e intentar reemplazarlo por otro? Estas mismas preguntas también se las plantean personas del ámbito científico, como Lucianne Walkowicz, astrónoma, que es una de las principales detractoras de esta idea. Recientemente, dio una charla sobre el tema en la que destacaba la frase: “no utilicemos Marte como planeta respaldo”.
Según el proyecto que plantea Elon Musk, es mejor la opción de huir, lo cual nos lleva a otra pregunta importante. ¿Y después? ¿Qué ocurriría tras la invasión del planeta rojo? Desde luego, según esta filosofía de escapar por la vía más rápida y “fácil” volveríamos a destruirlo en cuestión de décadas, ya que aunque con la Tierra hemos tardado siglos, ahora tenemos los conocimientos suficientes como para reducir esa devastación a un tiempo mucho menor.
Quizás sea una medida que podríamos utilizar como último recurso y sin duda con una organización de la sociedad marciana totalmente diferente a la terrícola, puesto que este modelo nos ha llevado a la destrucción masiva del planeta sin ningún tipo de miramiento.
Pero por ahora, esta fecha de caducidad que se le ha puesto a la Tierra, aunque cercana, aún no se ha alcanzado, y en vez de mirar a planetas de futuros inciertos, deberíamos invertir nuestra economía y esfuerzos en revertir el cambio que hemos producido en un planeta que ni muchos menos nos pertenece. Para ello, la sociedad debe ser concienciada y tienen que imponerse medidas que nos alejen del egoísmo humano y nos salven – a nosotros y a nuestro hogar planetario - de la avaricia de esta sociedad capitalista en la que hoy en día vivimos y que nos ha llevado a este derroche.
Ya solo queda plantear la pregunta clave. ¿Lo conseguiremos? Y si no es así, siempre tendremos a Space X y su proyecto reafirmante del antropocentrismo listos para salvarnos. ¿O quizá no?
 
Estrella Mérida Pérez.

domingo, 7 de abril de 2019

ALZHEIMER

¿Recuerdas la primera vez que te bañaste en la playa? ¿Tu primer amor? ¿Recuerdas aquel día en el que no pudiste parar de reír? ¿El mejor día de tu vida? ¿Recuerdas el cálido amor de tus padres cuando te encontrabas nervioso por algún examen? ¿Recuerdas tu vida?
Los seres humanos, si de algo vivimos, es a base de recuerdos. Hemos adquirido la capacidad de poder separar alma y cuerpo, de ahí la importancia que hemos logrado como especie. Hemos asentado una sociedad en base al culto a la educación y a los saberes generales. Si tienes una enfermedad, probablemente, estarás sano al poco tiempo. Sin embargo, existen enfermedades, que, en detrimento de atacar al cuerpo como tal, atacan a la residencia de nuestra alma, esto es, a nuestro cerebro. Un ejemplo ampliamente conocido de estas enfermedades neurodegenerativas es el Alzhéimer.
El Alzhéimer es un tipo de demencia que causa problemas con la memoria, el pensamiento y el comportamiento. Los síntomas suelen agravarse de forma gradual, llegando a interferir en la correcta realización de las tareas rutinarias. La cifra de personas afectadas por el Alzhéimer es reveladora: de un 60-80% de los casos mundiales de demencia son por esta enfermedad. Esta enfermedad, se ve correlacionada directamente con la pérdida de sinapsis neuronal (unión entre neuronas). Los síntomas más comunes de esta enfermedad en su fase inicial son la dificultad de recordar conversaciones o hechos recientes, olvido de nombres, lugares y objetos, repetición de las mismas preguntas de forma asidua…. hasta llegar a presentar dificultades en el habla, al comer (disfagia), para desplazarse, etc. Es por ello que queremos evitar esta enfermedad a toda costa. El principal reto de la medicina y la ciencia actuales reside en poder realizar cuadros de personas con cierta vulnerabilidad y poder diagnosticar con mayor facilidad esta patología. Determinados estudios trabajan, por ejemplo, en el diagnóstico mediante una prueba sencilla con el aliento .
David Arjona

 
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