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sábado, 4 de marzo de 2017

PAPAMOSCAS ACOLLARADO: UNA PRUEBA VIVIENTE DEL CALENTAMIENTO GLOBAL / COLLARED FLYCATCHER: A LIVING PROOF OF GLOBAL WARMING


El papamoscas acollarado (Ficedula albicollis) es una especie de ave paseriforme de la familia Muscicapidae que habita en Europa y África. Es una de las cuatro especies de papamoscas blancos y negros del Paleártico Occidental. Es un ave migratoria que cría en Europa central y oriental, además de la península itálica, y que se desplaza a África suroriental para pasar el invierno. Es una rareza en la mayor parte de Europa Occidental y, por supuesto, en la Península Ibérica.

 Nuestro pajarito mide entre 12 y 13,5 centímetros de largo. El macho adulto es mayormente negro en la parte superior y blanco en la inferior, y tiene un collar blanco, alas y cola del mismo color (aunque algunos machos tienen líneas blancas al lado de la cola) y una franja blanca amplia en la cabeza. Su forma es la típica de las aves insectívoras. Además de atrapar insectos durante el vuelo, esta especie caza orugas entre las hojas caídas, y ocasionalmente también come frutos rojos.

 Tenemos conocimiento de que las hembras y los pichones de papamoscas acollarado se caracterizan por poseer un color más  bien amarronado en lugar de negro y es muy difícil de distinguirlos entre las otras especies de papamoscas.

Son aves que frecuentan los bosques, los parques, y los jardines. Esta especie tiene una marcada preferencia por habitar en árboles viejos y construir sus nidos en el interior de las cavidades de estos. Construyen un nido abierto en el agujero del árbol y, normalmente depositan entre 5 y 7 huevos.

Su canto consta de silbidos lentos que se diferencian así de otra especie próxima, el papamoscas cerrojillo, el cual puede imitar el canto de los acollarados en las poblaciones mixtas.
 
¿Qué le ocurre al papamoscas acollarado?
 
El macho de papamoscas acollarado tiene una mancha blanca en la cabeza que es de vital importancia ya que cuanto más grande sea la mancha de la cabeza, más atractivo es para atraer a las hembras y reproducirse y así tener más probabilidades de transmitirlo en sus genes. Además estos machos siempre han tenido una alta probabilidad de sobrevivir respecto a los papamoscas con manchas blancas más pequeñas con los que compiten.Sin embargo, desde hace varias décadas, algo ha cambiado.
Uno de los lugares de anidamiento de este pajarillo es la isla sueca de Gotland, situada en el mar Báltico.Los expertos en estas aves los han estado estudiando durante 36 años. Las primeras veces que los atrapaban y los anillaban comprobaban el éxito reproductivo del que gozaban al tener la mancha de la cabeza más grande. Sin embargo, a mediados de los años 90, en los segundos estudios realizados, los expertos se dieron cuenta que los machos con la mancha frontal más pequeña sobrevivían más y tenían más descendencia (la reducción de la mancha es del 11%) Esto supuso que se dieran cuenta de que algo iba mal y estaba aumentado.
 Lo que está sucediendo es que los cambios climáticos están provocando el empequeñecimiento de la mancha, afectando negativamente a los papamoscas con manchas grandes y favoreciendo a los que las tienen más pequeñas, ya que ahora son estos los que tienen más posibilidades de sobrevivir y de atraer a las hembras.
 
 
¿Qué relación hay entre el cambio climático y los papamoscas con la mancha frontal más pequeña?
 
La relación que existe, es que los cambios climáticos han provocado que las temperaturas globales hayan aumentado desde la década de los 80 hasta hoy en día, haciendo que se adelante los meses de primavera (época de cortejo y apareamiento) que favorecen a los papamoscas con la mancha frontal más pequeña.
Esta es la clave del problema, que además reside en el plumaje de los papamoscas con la mancha más grande, ya que un plumaje más blanco, tiene más oportunidades de sobrevivir y de reproducirse en un clima frío, mientras que por el contrario, en un clima más cálido los papamoscas con la mancha más pequeña y que no tienen el plumaje tan blanco tiene más alta probabilidad de atraer a las hembras y sobrevivir.
 
Es por esta causa, que los papamoscas con la mancha frontal más grande están en peligro ya que debido a los cambios climáticos las estaciones cálidas se están adelantando y están provocando que las preferencias de las hembras evolucionen a medida que la estación de cría se vuelve más calurosa ,fijándose en los papamoscas con el plumaje menos blanco y como consecuencia los papamoscas con el plumaje más blanco tienen poca probabilidad de reproducirse y además de sobrevivir ya que suponen una amenaza para los papamoscas con la mancha frontal más pequeña.
 Simon Evans, uno de los estudiosos del papamoscas acollarado en la isla de Gotland, ha afirmado lo siguiente en la revista Nature Ecology and Evolution :
 "No estamos seguros de que crea la diferencia de aptitud, ni antes ni ahora. Quizá el cambio climático ha dificultado la cría de estas aves, especialmente porque deben migrar a África. Es posible que esto suponga que los machos con las manchas más grandes tengan que trabajar más duro ahora: además de alimentar a sus polluelos, estos machos se ven implicados en más enfrentamientos con otros machos", comenta Evans. Es el reverso del éxito reproductivo. Las manchas grandes atraen a las hembras, pero también a los machos retadores."
 
Conclusión
 
 Los cambios climáticos provocan tres efectos sobre la especie del papamosca acollarado que son: la menguante de sus adornos sexuales, ya que la selección de los rasgos sexuales secundarios es altamente sensible al medio ambiente, el adelanto de la primavera y la traslación al norte. Todos estos efectos son los que están poniendo en peligro al papamosca acollarado con la mancha frontal grande.
 
 
 
 
María Eugenia Soriano.
 
 
 
 
 
 

domingo, 10 de mayo de 2015

UN RESPETO PARA LAS HIENAS - 2

En una anterior entrada presentábamos la asombrosa vida social de las hienas manchadas, que viven en grupos matrilineales liderados por una hembra alfa, al tiempo que las hembras muestran mayor tamaño y agresividad que los machos. Los genitales femeninos presentan un aspecto muy masculinizado, con un clítoris similar a un pene, y unos labios mayores que se asemejan a testículos.

En esta entrada presentaremos muy brevemente las bases fisiológicas de estos caracteres, así como una posible explicación evolutiva. Los machos adultos presentan unos niveles de testosterona en sangre superiores a los de las hembras, como cabría esperar. Sin embargo, las hembras tienen unos niveles más elevados de androstenediona, otra hormona androgénica (induce caracteres secundarios masculinos), pero de origen ovárico. Durante la etapa prenatal, ambos sexos tienen concentraciones muy similares de ambas hormonas. Sin embargo, el feto femenino está dotado de un enzima que le permite convertir la androstenediona en testosterona. Esta parece ser la causa de la acusada agresividad femenina, así como de su dominancia frente a los machos. En cuanto al mayor tamaño de las hembras y sus genitales masculinizados, también se podría explicar por la presencia de testosterona durnte algunas semanas de su desarrollo embrionario. Este “baño” precoz de testosterona sensibilizaría los receptores de hormonas androgénicas en muchos órganos embrionarios, de manera que una posterior exposición a estas hormonas, incluso a bajos niveles, desencadenaría una masculinización anatómica. Esto podría servir como explicación sucinta y aproximada del “cómo”, pero también hay que buscar un “para qué”, una utilidad (que no un propósito, no caigamos en finalismos) que nos explique la persistencia de este dispositivo fisiológico a lo largo de la evolución. Pues bien, la masculinización de las hembras de hiena manchada podría serles de gran utilidad social y ecológica al permitirles abordar con éxito las siguientes tareas:
1.- Su participación en las ceremonias de saludo, importantes para cohesionar el clan de cara a la caza cooperativa.
2.- La competición por presas frente a otros clanes y frente a otras especies depredadoras: leones, leopardos, etc.
3.- La defensa del territorio del clan, protegiendo para éste tanto el espacio de caza como las crías, que son las víctimas preferidas de otros clanes.
Aún queda algo importante por explicar: la causa original de que la selección natural generara y mantuviera este complejo mecanismo. Una hipótesis plausible supone que todo comenzó porque unos genitales femeninos masculinizados podrían favorecer a sus portadoras en las importantes ceremonias de saludo, claves para el reparto de comida y el reconocimiento de las jerarquías. Los cambios hormonales necesarios para conseguir esos genitales masculinizados, acarrearían, a su vez, las demás transformaciones morfológicas, fisiológicas y etológicas.

martes, 6 de enero de 2015

UN RESPETO PARA LAS HIENAS - 1



Si hay un campo en el que los estereotipos carecen de fundamento, es el de la Zoología. Los humanos proyectamos en los animales nuestros afanes, inquietudes, miedos y, sobre todo, categorías morales. De este modo, dotamos a los animales (singularmente a los vertebrados) de rasgos propiamente humanos. Un águila es “noble” como una hiena es “cobarde”.
Nada más lejos de la realidad. Esta visión antropomórfica de los animales es, por supuesto falsa. Pero, además, nos impide aproximarnos de manera más objetiva (científica, diría yo si me apuráis) al conocimiento de su fascinante modo de vida. El estudio de la hiena manchada (Crocuta crocuta) constituye un buen ejemplo.
Las hienas manchadas son cazadores sociales que se organizan en grandes clanes de entre 50 y 100 individuos. Cada clan, a su vez, está formado por unidades más pequeñas (matrilíneas) en las que el individuo dominante es una hembra. Hay una clara jerarquía entre las matrilíneas del clan, de modo que el individuo alfa del clan es la matriarca de la matrilínea dominante.
Dentro de las matrilíneas y los clanes, las hembras suelen ser dominantes sobre los machos, y exhiben una conducta más agresiva casi desde el nacimiento. Se ha calculado que un 25% de las crías recien nacidas mueren en las primeras semanas de vida a causa de las agresiones entre hermanos, protagonizadas en mayor medida por las hembras.
Otra situación en la que se manifiesta la dominancia femenina es en el momento en que el grupo accede a una presa recien capturada y los individuos compiten por los mejores bocados. En estas situaciones, las hienas tratan de rebajar la tensión mediante “ceremonias de saludo”, en las que olfatean los genitales de otros individuos. Tanto machos como hembras presentan sus respectivos penes y clítoris hinchados y erectos, pero la ceremonia deriva en una actitud sumisa con más frecuencia por parte de los machos.
La dominancia generalizada de las hembras tiene su correlato en la anatomía y fisiología de ambos sexos. Las hembras suelen ser más grandes y pesadas – hasta un 10% - que los machos. Los genitales externos de las hembras presentan un aspecto claramente masculinizado. El clítoris está hipertrofiado y, en erección, tiene un aspecto muy similar al de un pene. Los labios vaginales, engrosados y fusionados, están flanqueados por dos bolsas de grasa, de manera que el conjunto guarda gran parecido con un par de testículos en su escroto. El resultado de todo ello es que puede ser difícil identificar el sexo de una hiena manchada a partir de la simple observación de sus genitales externos.
La Fisiología Animal nos enseña que tanto el dimorfismo sexual como las diferencias de conducta entre sexos tienen su causa inmediata en el sustrato hormonal propio de la especie. ¿Qué diferencias hormonales hay entre machos y hembras de hiena manchada? Este será el tema de la próxima entrada.

martes, 8 de julio de 2014

MATRIFAGIA Y ANTROPOMORFISMO / MATRIPHAGY AND ANTHROPOMORPHISM



No es el único caso, pero está muy bien documentado. Stegodyphus lineatus es una araña que vive en la cuenca mediterránea, Oriente Medio y Asia Central. Este animalito tiene un peculiar (aunque, repito, no exclusivo) sistema de cuidado de la prole.
La hembra dispone los huevos ya fecundados en una especie de saco. Cuando hacen eclosión, las arañitas aún no están bien desarrolladas, por lo que la madre las alimenta durante varios días con un líquido nutritivo, producto de su propia digestión, que regurgita sobre las crías. Pasados estos días, las arañitas ya están en condiciones de comer algo sólido, y lo que tienen más cerca es… el cuerpo de la madre. Ésta se deja devorar poco a poco por sus propias hijas, que terminan por dejar el exoesqueleto de mamá completamente vacío.
Desde un punto de vista evolutivo, la matrifagia (el nombre que los etólogos han dado a este comportamiento) tiene un claro sentido. El ciclo de vida de esta especie hace que no puedan aparearse con mucha frecuencia. Por tanto, una vez conseguido un apareamiento, si el sacrificio de la madre permite que casi todas las arañitas de esa puesta lleguen a adultas, los genes que portaba la madre (y ahora los hijos) se habrán extendido. Al fin y al cabo, así funciona la selección natural.
 
Pero los seres humanos, cuando observamos la naturaleza, a menudo tendemos a encuadrar los datos obtenidos en categorías propias de nuestra vida personal, familiar y social. El resultado es una visión antropomórfica de la naturaleza, que puede ser divertida en un cuento infantil, pero que dificulta nuestra comprensión de los fenómenos naturales. Puede ser un ejercicio de ingenio, más o menos brillante, traer a colación las historias de hijos desagradecidos, el Papá Goriot de Balzac, o nuestro refrán “Cría cuervos que te sacarán los ojos”, pero la naturaleza no se rige por normas éticas. Los seres vivos no son ni monstruos desagradecidos, ni ángeles altruistas. Hacen lo que tienen que hacer de modo que transmitan el máximo de genes a la siguiente generación. Los que no lo hacen, evolutivamente, tienen poco futuro.
 
Quien quiera ampliar la información sobre estas simpáticas arañas, puede encontrar más detalles en las publicaciones de Jutta M. Schneider, estudiosa de su ciclo reproductivo, o también en esta y esta publicación.

martes, 3 de diciembre de 2013

WHY ARE WE PRIMATES? ¿POR QUÉ LOS HUMANOS SOMOS PRIMATES?



Los humanos actuales (Homo sapiens L.) estamos encuadrados en el orden Primates, junto con chimpancés, gorilas, orangutanes, mandriles, papiones, lémures, etc.
Los Primates somos unos mamíferos descendientes, a su vez, de otros mamíferos arborícolas, que habitaban los bosques de nuestro planeta hace más de 70 millones de años. Por ello, compartimos una serie de rasgos anatómicos, fisiológicos y conductuales derivados del hecho de que, durante millones de años, nuestros antepasados fueron animales arborícolas diurnos y omnívoros.
1.- Visión estereoscópica: Nuestros ojos están en una posición totalmente frontal, más que en la mayoría de los vertebrados. El resultado es que el campo visual de cada ojo se solapa mucho con el del otro, y eso nos hace disfrutar de una de las visiones más exquisitamente tridimensional que existen en la naturaleza. Esto es muy importante cuando la supervivencia depende de calcular distancias con precisión para saltar de una rama a otra o, simplemente, para capturar un pequeño animal.
2.- Sistema digestivo poco especializado: La vida en los árboles implica casi necesariamente, siendo mamífero, una dieta omnívora: frutos y brotes tiernos, insectos, huevos y polluelos, pequeños animales, etc. esta dieta, mantenida en el tiempo, selecciona una dentición poco especializada, un estómago no muy grande y un intestino largo (permite la digestión de materia vegetal, excepto la celulosa) en el que desemboca una vesícula biliar que almacena detergentes para la emulsión de las grasas animales.
3.- Mano prensil con pulgar oponible: Se trata de un instrumento único, resultado de la selección efectuada por millones de años de vida arborícola. Es capaz de transmitir toda la fuerza muscular de brazos y hombros, al tiempo que puede operar con una delicadeza extraordinaria para manipular los objetos más pequeños. Esta extraordinaria pinza de precisión puede ejecutar acciones tan distintas como sujetar todo el peso del individuo colgado de una rama, golpear con gran fuerza a un congénere, coser o tocar el piano. Un instrumento tan versátil resulta extremadamente útil cuando uno vive en la copa de un árbol.
4.- Una o dos crías por parto: Carácter muy fuertemente seleccionado por el hecho de vivir saltando de rama en rama. Esta baja natalidad (poco frecuente entre los Mamíferos) es compensada por una muy fuerte interacción entre la cría y un adulto –normalmente la madre – durante el largo período postnatal. En estas condiciones, con la cría agarrada al pelo de la madre y mirándose ambas frontalmente durante bastantes meses, el aprendizaje es muy intenso. Esto, a su vez, estimula el desarrollo de circuitos cerebrales que soportan una conducta compleja.

lunes, 25 de marzo de 2013

MUÉSTRAME TUS HECES Y TE DIRÉ SI ERES SEXY

Esa parece ser la norma que inspira la conducta de las hembras de Plethodon cinereus, una salamandra de lomo rojo de Norteamérica. Como en otras muchas especies de vertebrados, es la hembra la que selecciona un macho para aparearse. Cuando se trata de especies territoriales, un buen criterio de selección es la calidad del territorio que controla cada macho: si proporciona suficiente alimento, refugios, etc. Pero hay especies de escasa movilidad y territorios difíciles o peligrosos de recorrer. ¿Cómo averiguar entonces si un determinado macho es un "buen partido" de cara a facilitar el éxito de la descendencia?
Las hembras de esta salamandrita de menos de 10 cm de longitud parecen tenerlo claro. Según un estudio experimental (Walls S.C: et al. (1989):Anim. Behav. 38: 546-548), rastrean el terreno en busca de excrementos de machos, y en cuanto los encuentran reconocen en ellos la calidad nutritiva de las presas digeridas por la posible pareja. Es probable, por ejemplo, que heces con muchos artejos de hormigas jueguen en contra del candidato, mientras que restos de exoesqueletos de otros insectos más nutritivos, o indicios de larvas, lombrices, nemátodos, etc., predispongan a la hembra en favor de otro macho.

Cuando tu vida o la de tus hijos va a depender de lo que come tu pareja, conviene ser muy exigente con sus excrementos... siempre que seas una salamandra americana, claro!

viernes, 31 de agosto de 2012

GENÉTICA Y AMBIENTE EN EL DESARROLLO DE LA DEPRESIÓN


El debate genética – ambiente está en el centro de los intentos de explicar científicamente la conducta humana. Este debate se ha ido refinando desde sus primeras formulaciones en el siglo XIX hasta la actualidad. Inicialmente, los científicos del comportamiento humano se posicionaban de forma bastante maniquea. Recordemos las teorías de Lombroso y otros, que ligaban la criminalidad a ciertas anomalías anatómicas o cromosómicas. En el extremo opuesto, los primeros conductistas y otras escuelas psicológicas insistían en su idea de la mente humana como “tabla rasa”, que se llenaba con los estímulos educativos.

En la actualidad, la mayoría de los científicos que estudian, desde distintos enfoques, la conducta humana, aceptan que herencia y ambiente juegan un papel muy importante en su explicación. Consideran, asimismo, que el componente genético es mucho más flexible de lo que se pensaba hace unos años (nada parecido al “gen de la agresividad” que todavía publicitan algunos divulgadores), puesto que un mismo genotipo puede dar lugar a muy diferentes conductas dependiendo de las variables ambientales que incidan en su desarrollo. Esto les lleva a  centrar sus estudios en las interacciones entre genoma y ambiente. Veámoslo en el ejemplo de la depresión.

Nos referimos, en principio, a la depresión reactiva, que es una respuesta orgánica a situaciones estresantes graves o prolongadas en el tiempo. Como todos sabemos, no todas las personas reaccionan de la misma manera a estas situaciones: mientras algunas son muy resistentes a la depresión, otras desarrollan un cuadro depresivo con relativa facilidad cuando están sometidas a situaciones de estrés. ¿Hay alguna explicación genética a estas diferencias? Se sabe desde hace cierto tiempo que en los macacos  Rhesus (Macaca mulatta) el gen  5-HTT, que controla la actividad de la serotonina, influye en la resistencia al estrés. Algunas variantes (alelos) proporcionan mayor resistencia al estrés y, consecuentemente, mayor dificultad para desarrollar un cuadro depresivo ¿Ocurrirá algo parecido en humanos?

Para empezar, en nuestra especie se ha identificado un gen equivalente al anterior: el 5-HTTLPR, que dirige la síntesis de una proteína transportadora de la serotonina. Este neurotransmisor interviene en múltiples vías nerviosas y sus acciones, a través de multitud de pasos intermedios no bien conocidos, incrementan la resistencia al estrés, dificultando, por tanto, la aparición de una depresión reactiva. La variante (alelo es la palabra técnica) de este gen conocida como “larga” (l) intensifica la acción de la serotonina, mientras que la variante “corta” (c) tiene el efecto contrario.

En un estudio realizado en Gran Bretaña, se hizo un seguimiento de 1037 personas desde su nacimiento hasta que cumplieron 26 años. Se registraron, en todas ellas, las experiencias estresantes padecidas y, en su caso, los episodios de depresión, y se correlacionaron con la variante alélica (l o c) del gen 5-HTTLPR que presentaba cada uno. Los resultados fueron sorprendentes.

Los individuos que habían heredado un alelo l de su padre y otro de su madre (abreviadamente, ll) y quienes habían heredado un alelo l de un progenitor y uno c del otro (cl), padecieron más depresiones cuantas más situaciones estresantes sufrieron. Por el contrario, los portadores de dos copias del alelo l (ll) parecían insensibles a la presión ambiental: sólo un 10 – 17% de ellos padecieron depresiones, pero en estos casos la depresión se daba independientemente de que hubieran pasado o no por situaciones estresantes.

En conclusión, parece que el alelo c hace a sus portadores más sensibles a estresantes ambientales, por lo que aumenta la probabilidad de sufrir depresiones a lo largo de la vida si es que la persona pasa por situaciones estresantes. En cambio, el alelo l hace a sus portadores menos vulnerables a los factores ambientales que desencadenan depresiones, pero no “inmuniza” contra ellas, puesto que entre un 10% y un 17% de sus portadores las padecieron.

Este ejemplo, junto con otros muchos de interacción genoma-ambiente, nos permite concluir que tanto uno como otro juegan un papel muy importante, pero que éste debe ser entendido como algo flexible, como lo es el resultado final de esas interacciones: la conducta. En nuestro ejemplo, conocer la constitución genética de una persona nos podría permitir evaluar la probabilidad o, si queréis, el “riesgo” de padecer depresiones reactivas a lo largo de su vida (algo útil si se quiere desarrollar algún tipo de programa preventivo) pero en absoluto “predecir” si la persona padecerá una, dos, tres o ninguna depresión a lo largo de su vida. La diferencia es grande: las consecuencias, también.

miércoles, 22 de agosto de 2012

KILLER WHALES ARE NOT KILLERS : LAS METÁFORAS EN LA COMUNICACIÓN CIENTÍFICA


Puede que sea deformación profesional. Soy biólogo por formación inicial y eso, de lo que no reniego, me puede suponer un sesgo en mi percepción de ciertos textos divulgativos. Ya me voy acostumbrando a la redundancia de expresiones como herencia genética (en un contexto de ciencias biológicas no hay otra herencia) o mutación genética (igual que en el caso anterior). Acepto, desde mucho tiempo antes, la selva amazónica como farmacia, las mitocondrias como horno o cocina y el ADN como libro, por no hablar de las abejas reinas o las hormigas obreras. Las metáforas, pleonasmos y otras figuras literarias son necesarias cuando se trata de hacer divulgación científica y, a veces, incluso en el mismo lenguaje científico. Eso no significa que todas sean igualmente afortunadas, pero, nos guste o no a quienes tenemos una formación científica de base, no podemos prescindir de ellas si queremos hacer llegar la ciencia al mayor número posible de personas.
Naturalmente, el uso de figuras literarias encierra peligros, todos ellos relacionados con la posibilidad de desvirtuar el contenido científico que se quiere transmitir. A menudo, intentando comparar un rasgo de los seres vivos con otro de las sociedades humanas (redundancia discutible esta última, pero ésa es otra cuestión) terminamos por antropomorfizar la naturaleza, otorgando calificaciones morales a acciones animales como la depredación o el parasitismo.
Estoy cansado de oír llamar asesinas a las orcas por el simple hecho de alimentarse de pingüinos. En castellano, asesinar significa “matar a una persona con premeditación y alevosía”. Las connotaciones anteriores son las que hacen que, en un contexto humano, un asesinato sea éticamente inaceptable y, por tanto, objeto de grave sanción en todos los códigos penales del mundo. No creo que la simple depredación pueda equipararse a un asesinato, por la sencilla razón de que la conducta predatoria no es una conducta a la que puedan aplicarse consideraciones éticas. ¿Son las mariquitas asesinas de pulgones? ¿Los gorriones, asesinos de polillas? ¿Asesinan las salamanquesas a los mosquitos que se comen?
Cuando intentamos explicar un fenómeno natural debemos ser cuidadosos en el uso del lenguaje. De lo contrario, podremos ser mejores o peores imitadores de Esopo o La Fontaine, pero no comunicadores científicos. Y, lo que es más grave, estaremos contando falsedades.

jueves, 17 de mayo de 2012

LOS HOMBRES NO ESCUCHAN A LAS MUJERES / MEN DO NOT LISTEN TO WOMEN


Surely you've heard, seen or experienced quite often how a man has not heard or answered to a woman. At this moment we can hear the typical phrase… “Oh  Manolito! Pay attention to me!  I'm always aware when you speak!” This is related to the structure of the brain in men and women.

Un investigador del departamento de Psiquiatría Clínica de la Universidad de Sheffield (Reino Unido), llamado Michael Hunter, estudió este suceso. Para ello realizó una resonancia magnética a doce voluntarios, obteniendo como resultado que la voz femenina y la masculina activaban diferentes partes del cerebro. Eso podría ser debido a que las cuerdas vocales y la laringe de las mujeres tienen diferente forma y tamaño, produciendo complejas frecuencias de sonido.

Según esta investigación, las voces femeninas activan sobre todo el “gyrus temporal superior anterior derecho” que se involucra en la percepción de las emociones en los estímulos faciales y es la parte auditiva del cerebro. Por ello, al estar mucho tiempo hablando con la mujer, esa parte del cerebro del hombre desconecta, dando la sensación de que no escuchan, cuando en realidad, es como un “mecanismo de defensa” del cerebro masculino. Mientras que las voces masculinas activan el “precuneus mesoparietal” que tiene que ver con la conciencia y la memoria.

Por lo que la supuesta falta de atención de los hombres a lo que dicen las mujeres no se debe a una voluntaria indiferencia o desinterés, que en algunos casos podrá ser un factor que favorezca esa situación, sino que es debido a las diferencias existentes en los órganos que producen el sonido y en la complejidad de las frecuencias producidas.
Alejandra García
 Laura Moreno

domingo, 29 de enero de 2012

¿ES LA ADOLESCENCIA UN CARACTER ADAPTATIVO? / IS THE ADOLESCENCE AN ADAPTATIVE FEATURE OF HUMANS?


This post deals with the changes produced in adolescence – whether they give us success as a species in evolutionary terms.

La adolescencia es un periodo que se inicia con la pubertad sobre los 10-12 años y tiene su finalización a los 19 o 20. En esta etapa tiene lugar una serie de cambios fisiológicos, sociales, sexuales y psicológicos de la máxima importancia para la formación de la persona.
Durante la infancia y la niñez, el cerebro se desarrolla en tamaño, y es más tarde, en la adolescencia, cuando este órgano madura. Sin embargo, con relación a las especies más próximas a nosotros en términos evolutivos,  este proceso de maduración se ha ralentizado, no culminando hasta la veintena de edad.
A la vez que tiene lugar este proceso, se produce una ampliación y reorganización de las conexiones nerviosas, lo que mejora la velocidad de transmisión de información.Para alcanzar la madurez, el adolescente necesita tener una enorme experiencia y capacidad adaptativa al medio a través de las “locuras” que son una mezcla de impulsividad y planificación que nos producen placer y recompensa emocional.
La etapa de la adolescencia puede interpretarse como una prueba del sistema evolutivo, ya que el desarrollo de nuestra especie ha ido modificándose hasta llegar al punto de la división del crecimiento y maduración del cerebro por etapas.
Por ejemplo: Hace millones de años, los “niños” de nuestros antepasados homininos nacían con el cerebro más desarrollado y alcanzaban antes la madurez, pero el canal del parto de la madre era estrecho y la cabeza del feto no cabía, causando dolor y, a veces, hasta la muerte de la madre. Por este motivo se fue anticipando el parto, provocando que el desarrollo del cerebro se terminara fuera de la madre. Esto dio lugar a una etapa intermedia entre la primera infancia y la adultez. Así que, en conclusión, la adolescencia es fruto indirecto de la posición erguida y el desarrollo de un cerebro complejo y voluminoso. ¡Quién nos lo iba a decir!
Alejandra García.
Laura Moreno.

jueves, 29 de diciembre de 2011

SIN NIÑEZ NO HAY DESARROLLO CEREBRAL / NO BRAIN DEVELOPMENT WITHOUT CHILDHOOD

¿Quién ha oído hablar de la altricialidad? Creo que poca gente, aparte de los especialistas en etología o en desarrollo infantil. Podríamos definirla como el escaso desarrollo neuromotor que presentamos los humanos al nacer. Es una característica específicamente humana, o al menos mucho más acentuada en nuestra especie que en los demás Primates. Como la mayor parte de los caracteres observables en cualquier especie, la altricialidad es susceptible de interpretación evolutiva.
En un principio, su origen parece estar relacionado con el hecho de que nuestro parto, tras una gestación de nueve meses, es prematuro. Si extrapolamos los datos sobre el desarrollo embrionario y el tamaño adulto de un chimpancé a nuestra especie, la gestación debería durar unos 12 meses en los humanos. Pero si así sucediera, nos encontraríamos con un tremendo obstáculo para el desarrollo. La bipedestación (postura erguida) ha traído consigo una reorganización de la anatomía pelviana, con un estrechamiento del canal del parto. En consecuencia, si la gestación durara doce meses, el cráneo del bebé no podría salir por el canal del parto. Esto ha hecho que la selección natural haya favorecido aquellos genes que ralentizan o retrasan el desarrollo del cerebro, al tiempo que adelantan el momento del parto.
Así pues, podemos decir que, tras el nacimiento, al bebé le espera un largo período de estrecha dependencia de un adulto de referencia (habitualmente la madre), en el que coinciden la lactancia, el desarrollo del volumen cerebral y de las conexiones neuronales, y una larga e intensa interacción con los adultos del grupo. Todo ello, en su conjunto, favorece el desarrollo de elevadas capacidades cognitivas en el niño.
Sin embargo, una larga infancia (0 – 5 años) como la anteriormente descrita, implicaría una seria limitación reproductiva a nuestra especie. En efecto, si la lactancia se mantuviera durante todo este período, la prolactina circulando en la sangre bloquearía la ovulación, inhibiendo la fertilidad de la madre durante todo este tiempo. De hecho, una lactancia prolongada al máximo parece haber sido utilizada como método de control de la natalidad por algunos pueblos cazadores-recolectores. Una escasa fertilidad podría ser fatal para la supervivencia del grupo, y hay indicios de que ha podido contribuir a la extinción de algunos homininos. Es posible, por consiguiente, que la selección natural favoreciera aquellos genes que permitieran acortar la lactancia, incorporando a partir de los dos años grasas animales a la dieta de los niños.
De este modo se configuraría una nueva etapa en el desarrollo: la niñez o segunda infancia, en la que el crecimiento y, sobre todo, la maduración del cerebro, que requiere de un gran aporte de grasas, se prolongaría, en interacción con un intenso aprendizaje en el grupo. Al mismo, tiempo, el resto del crecimiento somático – no tan imprescindible para la supervivencia – se postergaría en parte hasta la etapa juvenil (7 – 11 años) y la adolescencia, otra novedad de nuestra especie con respecto a los demás primates.




En definitiva, podemos decir que el crecimiento del volumen y complejidad cerebral – necesario para disponer de una conducta compleja, un lenguaje articulado y capacidad cultural – ha encajado mal con las consecuencias anatómicas de la postura erguida. El compromiso favorecido por la selección natural ha obligado a modificar drásticamente el ritmo de crecimiento en nuestros antepasados, hasta el punto de crear nuevas etapas en el desarrollo humano, como la niñez y la adolescencia.

martes, 15 de noviembre de 2011

Sobre Anfibios / About Amphibians

Aquí tenéis una filmación de Luis Miguel Domínguez que recoge alguno de las especies de anfibios más comunes en una charca de la Península Ibérica. También aparece la culebra de agua (Natrix maura), uno de los más importantes depredadores de anfibios. Este otro video, dividido en dos partes, es más sistemático. En él podemos aprender bastantes cosas sobre sus prodigiosas adaptaciones a la vida en dos ambientes tan distintos como el interior del agua y la tierra firme.

jueves, 18 de agosto de 2011

INTELIGENCIA: ¿GENÉTICA O AMBIENTE? LAS COSAS SON MÁS COMPLEJAS / INTELLIGENCE: GENES OR ENVIRONMENT? THINGS ARE MORE COMPLEX



Quienes trabajan o han trabajado en investigación científica saben muy bien que la manera en que se formula un problema es fundamental para obtener éxito en su resolución. Dicho de otro modo, cuando nos atascamos ante algún problema, tal vez lo mejor sea formularlo de otra manera. El caso que describo a continuación puede ilustrar esta cuestión. Lo podéis encontrar muy bien explicado en el libro “Genes, microbios y células”, de ese gran divulgador de la Biología celular que es el profesor Javier Novo.

Las ciencias del comportamiento están atravesadas, desde hace mucho tiempo, por el debate sobre la influencia ejercida por los genes y por el ambiente que rodea al sujeto. Los determinismos estrictos, tanto genético como ambiental, han sido prácticamente abandonados, y se reconoce que la conducta humana es un fenómeno multifactorial en cuanto a sus causas. Sin embargo, la contribución específica de genes y variables ambientales sigue siendo objeto de polémica. En este marco teórico vamos a tratar la siguiente cuestión: ¿Cómo influye la alimentación del lactante –mediante leche materna o leches de fórmula – en las habilidades intelectuales que desarrollará el niño?

La hipótesis de partida considera que la leche materna debería ser más positiva para el desarrollo intelectual que la leche de fórmula. La razón es la siguiente: La maduración del cerebro, con el establecimiento de complejísimas redes neuronales, necesita de una gran cantidad de lípidos, algunos de los cuales, como los cerebrósidos, son bastante específicos. La leche materna contiene una gran concentración de lípidos específicos, y, por ello, debería ser especialmente adecuada durante el período crítico en que se termina la construcción de nuestro cerebro.

Si se pudiera confirmar esta hipótesis, estaríamos ante un caso claro de influencia de un factor ambiental (lactancia materna frente a otras formas de lactancia) sobre las capacidades mentales de las personas. Sin embargo, investigaciones recientes muestran que el asunto es más complicado.

En 2007, la prestigiosa revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences publicó un estudio hecho sobre unos 3000 niños del Reino Unido y Nueva Zelanda a los que se había sometido a un test de inteligencia con cinco años de edad( A. Caspi et al.:Moderation of breastfeeding effects on the IQ by genetic variation in fatty acid metabolism PNAS 2007 104 (47) 18860-18865). En todos ellos se buscaron algunos genes de los que se sabía previamente que intervienen en el metabolismo de los ácidos grasos. Por otro lado, también se sabía previamente si cada niño había recibido lactancia materna o no.

Los resultados fueron muy reveladores al estudiar el gen FADS2, que puede aparecer bajo dos formas (alelos, técnicamente hablando) diferentes, a las que llamaremos A y B. Todas las personas llevamos en nuestras células dos copias de cada gen, una heredada de nuestra madre y otra de nuestro padre. Por tanto, en lo que se refiere a este gen, cada niño del estudio sólo podría llevar una de estas tres combinaciones de los dos alelos: AA, AB y BB. Pues bien, el estudio reveló que los niños que llevaban al menos una copia tipo A del gen FADS2 (es decir, los que portaban la combinación AA o la AB) obtenían unos resultados significativamente superiores en el test de inteligencia cuando habían recibido lactancia materna. En cambio, los niños que sólo llevaban copias de la variante B de este gen obtenían unos resultados que no mostraban ninguna correlación con el hecho de haber recibido lactancia materna o leche de fórmula. Se puede afirmar, por tanto, que el factor ambiental “tipo de lactancia” influye en la inteligencia de los niños que tienen una determinada constitución genética (mayoritaria en las poblaciones actuales, por cierto), mientras que es irrelevante en los que poseen otra constitución genética diferente.

Por supuesto, las habilidades intelectuales, cualquiera que sea su caracterización, no dependen sólo de uno o dos factores. En este caso se aisló una de entre las muchas variables que pueden incidir en el resultado final, y la muestra de individuos estudiada era (al menos, así lo habrán creído los autores y los exigentes referees de la revista PNAS) lo suficientemente amplia y bien estructurada como para aleatorizar todas las demás. Parece probable que una buena parte de esas variables, tanto ambientales como genéticas, interaccionen entre sí de una manera parecida a la del ejemplo que acabo de exponer, o - por qué no - a tres, cuatro o más bandas.

¿Genes o ambiente? ¿Respuestas simples o aproximaciones complejas?

lunes, 15 de febrero de 2010

AND THE OSCAR GOES TO..... ARDY! (SCIENTIFIC ACHIEVEMENTS IN 2009)




¡Pero si Ardipithecus ramidus era un homínido conocido desde hace 15 años! ¿Que hay de especialmente novedoso en relación a este presunto antepasado nuestro?
Los hallazgos de 2009 corresponden a una gran parte del esqueleto de un individuo, mientras que los restos anteriores eran mucho más escasos y fragmentarios. Este individuo, de sexo femenino, medía 120 cm y pesaba unos 50 kg. Su volumen craneal era algo inferior al de los chimpancés actuales. Pero lo más importante es que los restos de su aparato locomotor muestran que Ardi era, en lo esencial, bípedo, aunque la curvatura de sus falanges y otros huesos parece indicar que también se movían con agilidad por la copa de los árboles.
El estudio de sus restos comparado con el de otros Primates (chimpancé, gorila) y homínidos (Australopithecus afarensis entre ellos) han sido llevados a cabo por un amplio equipo de especialistas entre los que destaca el norteamericano Tim White, uno de los nombres más conocidos en el panorama de la actual paleoantropología. Sus conclusiones provisionales, publicadas en el pasado Octubre por.... ¿adivináis qué revista?, apuntan a que Ardi estaría situado en el linaje de los homínidos que conduce, cuatro millones de años después, a nuestra especie, pero sin ser exactamente un antepasado directo de ella. Algo así como un hermano o primo de nuestros tatara-tatara-tatarabuelos, y bastante parecido a ellos.
Queda por dilucidar si Ardi es (como algunos medios, demasiado alegremente, se han apresurado a publicar) el primer homínido en desarrollar la postura erguida, o si este "honor" le cabe más bien a otras especies aún más antiguas, como Orrorin o Sahelanthropus.
Por cierto, Ardipithecus ramidus vivió en la región del Afar (Etiopía) hace 4.4 millones de años.
 
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