Mostrando entradas con la etiqueta Educación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Educación. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de octubre de 2025

SOBRE EL ACOSO ESCOLAR - 1 / ABOUT BULLYING - 1

 

Sobre el acoso escolar – 1.

¡Ay, los temas que saltan a la actualidad! Se habla mucho de ellos, pero muy a la ligera. Allá van algunas consideraciones que, sobre este tema, me vienen a la mente:

  1. Hace tiempo, un supuesto experto en seguridad aérea me explicó que cuando un avión se estrella no era porque hubiera fallado una medida de seguridad, sino porque habían fallado simultáneamente dos o tres, quizá más. De no ser así, todos los días habría terribles catástrofes. Aplíquese esto a casos tan espantosos como el de esta muchacha.

  2. Al tratar de este fenómeno (llamémoslo así), me viene al pensamiento la famosa parábola hindú de los ciegos y el elefante. Algunos acarician su larga y flexible trompa; otros se abrazan a las patas columnares; otro palpa una enorme oreja; otro más se deja rozar por su cola,... Mientras tanto, el elefante comienza a moverse.

  3. La mayoría de los comentarios que he leído sobre esto - y son bastantes – me parecen inexactos, cuando no lamentables. Ni podemos cargar toda la responsabilidad sobre una de las partes implicadas (administración, profesorado, familias, presuntas acosadoras …) ni tampoco achacarla a algo tan etéreo como “la sociedad”. Esto último es correcto, pero dice poco sobre lo que realmente pasa. Hay que precisar más.

  4. Lo anterior no significa que cada parte no tenga su parcela de responsabilidad, pero no saquemos las cosas de madre. Pondré dos ejemplos:

    El profesorado. Como he leído recientemente (lamento no recordar dónde), no se puede tomar a una persona que acaba de graduarse en Química, Estudios Ingleses o Filología Hispánica y meterla en un aula con 30 adolescentes rebosantes de hormonas, inmersos en redes sociales y en la ultracompetitiva sociedad de HOY (abstenerse de replicar “cuando yo estudiaba ...”, por favor). Esta barbaridad sucede todos los días en cientos de centros docentes. Poco nos pasa.

    Las presuntas acosadoras. Parece que están siendo sometidas a un acoso que desprecia tanto la presunción de inocencia como las circunstancias que rodean este tenebroso asunto. Si en nuestras consideraciones van a primar la ley de Lynch y la ley del Talión, mal vamos.

Concluyendo, esta primera aproximación al tema me ha servido para decir algo acerca de lo que NO debería ser un tratamiento sensato del mismo. En otro artículo hablaré un poco de posibles maneras de abordarlo.

lunes, 13 de octubre de 2025

RAZONES PARA ACUDIR A ACTOS MASIVOS

 Hace algo más de un año escribí sobre este mismo tema. Lamento insistir, y espero no repetirme demasiado. Confío en que este post complemente el anterior.

Cuando participamos en una determinada acción ciudadana masiva, conseguir su propósito declarado no siempre es posible. Sin embargo, nuestra participación puede tener otras finalidades: reconocerse en el grupo humano (y cohesionarlo), conocer otras personas afines a uno mismo, amplificar nuestra pequeña voz individual, hacer que el tema llegue a mucha más gente y sea objeto de debate público, ... y, claro está, hacer lo que es justo.


A menudo oímos decir que “no sirven para nada”, “no se nos escucha”, “la población ausente es mucho mayor” y otras objeciones, con frecuencia bienintencionadas. Tal vez sea el momento de recordar que los objetivos de estas expresiones de la voluntad ciudadana (rechazos, reclamos o simplemente deseos colectivos) suelen ser más complejos y variados. Algunos de estos objetivos pueden ser:


1. Mostrar el rechazo hacia algo o alguien: una norma, un responsable público, una estrategia política, una determinada medida, etc. Este parece ser el objetivo más obvio y el que, con cierta probabilidad, no se alcance, al menos de entrada. Es probable que una acción ciudadana no consiga cambiar el curso de los hechos, aunque no siempre es así. Sin embargo, hay que decir que muchos participantes no son tan ingenuos como para pensar que esta sea su única razón.

2. Reconocerse en un grupo de semejantes con los que se comparte un sentimiento, un anhelo o una determinada visión acerca de algún asunto público, que atañe a un buen número de personas. Tener la certeza física de que otras personas piensan y sienten como uno mismo es reconfortante. En este sentido, los actos masivos dan cohesión a los grupos humanos.

Además, estos actos permiten a menudo conocer de primera mano cómo se organizan las personas y grupos participantes, cuáles son sus puntos de vista, y, en definitiva, aproximarse a distintos colectivos, más allá de la visión a menudo distorsionada que nos presentan los grandes medios de comunicación.


3. Amplificar nuestra voz como individuos, darle un lugar en la vida social. En resumen, “crear noticia”. Esto permite que nuestros reclamos lleguen a muchas más personas que posiblemente, en sus hogares y trabajos, piensen y sientan de manera parecida a la nuestra.

Así, el objetivo declarado de la acción social pasa a estar en mitad de la plaza pública, o a estar aún más presente que antes. Esto obliga a muchos individuos, organizaciones, representantes políticos, etc. a pronunciarse, contrarreplicar o, simplemente, cobrar conciencia de la cuestión que estas acciones ponen sobre la mesa. Los movimientos con alto componente reivindicativo (feministas y ecologistas, por ejemplo) saben muy bien de la función “concienciadora” y de amplificación social de sus propuestas. Generalmente, estas son recibidas con escepticismo por gobiernos y parte de la ciudadanía, pero a los pocos años son adoptadas por unos y otra, a veces con tanta amnesia como entusiasmo.


4. Dejo para el final lo que para algunos puede ser lo más importante: la motivación ética. Creo que muchas personas estarán de acuerdo en que debemos hacer lo que es justo, sea lo que sea lo que este adjetivo signifique. El paso del tiempo ayuda a poner esta motivación en perspectiva. Mientras sucede el horrible genocidio de Gaza, se repite mucho en las redes sociales algo parecido a esto: “Cuando tus nietos conozcan la historia de estos hechos, puede que te pregunten qué hiciste tú para contribuir a evitarlos. ¿Qué les dirás?” Creo que no hacen falta comentarios.

Por último, hay dos cuestiones que me preocupan especialmente. En primer lugar, a veces sucede que las acciones sociales alcanzan alguno de sus propósitos declarados, pero no de manera inmediata. Por ejemplo, y volviendo al horror de Gaza, en mitad de la masacre alguien comentó en las redes, de una manera muy cruda, “puede que con nuestras acciones en Europa no podamos evitar los muertos de esta noche, pero tal vez sí los de dentro de cinco meses”. La frase es tremenda, pero ilustra la utilidad a largo plazo de medidas que parecen ser inoperantes en el corto.


Por otra parte, la Biología Evolutiva nos muestra que en la “programación por defecto” de nuestro cerebro se prioriza la atención al futuro inmediato – muy adaptativa para nuestros antepasados – sobre las cuestiones del largo plazo. Espero que no se me malinterprete en términos de determinismo biológico grosero. El mismo cerebro es un órgano tan versátil que con un entrenamiento adecuado (interacción social, educación) puede superar esta programación por defecto. Sin embargo, deberíamos reconocer que aquí encontramos un importante obstáculo para cualquier objetivo social que se pretenda alcanzar a través de la acción colectiva. Es posible que las agencias publicitarias y los medios de comunicación masivos puedan darnos alguna lección al respecto.

Rubén Nieto.


martes, 15 de julio de 2025

¿"REMEDIOS" PARA UN PLANETA EN CRISIS? / "SOLUTIONS" FOR A PLANET IN CRISIS?

 

Acabo de terminar un curso de verano de la Universidad de Cádiz, titulado Remedios para un planeta en crisis. Como aún lo tengo muy fresco en la memoria, expondré algunas consideraciones sobre el mismo.

Empezaré por mis impresiones positivas.  En primer lugar, me sorprendió agradablemente observar que la lista de temas tratados en estos días  es una parte importante de la de cuestiones abordadas a lo largo del currículo de Educación Ambiental en la ESO y el Bachillerato: reducción de la biodiversidad, transición energética, agotamiento de recursos naturales (minerales, hídricos, pesqueros, etc.), calentamiento global, residuos tóxicos persistentes, contaminación de aguas, etc. Es cierto que faltaron otras de igual importancia, pero reconozco que, como carta de presentación del curso, no está nada mal.

Al tratar estos temas me vinieron a la memoria especialmente dos asignaturas que he impartido durante muchos años en Bachillerato. Una de ellas era la titulada Ciencia para el Mundo Contemporáneo (CMC), que durante unos diez años fue materia obligatoria para todos los itinerarios (Biosanitario, Ingeniería, Humanidades, Ciencias Sociales) de Bachillerato. La otra era Ciencias de la Tierra y Medioambientales, que, durante más tiempo que la anterior, fue materia de modalidad en  Segundo Curso de Bachillerato. Además, los contenidos ambientales antes citados han ocupado, y todavía ocupan un lugar importante en los currículos de varias asignaturas de ESO y Bachillerato.

Es importante resaltar que la existencia de las dos materias antedichas implicaba también un rico entramado científico y didáctico: programaciones, hipótesis de progresión didáctica, diseño de variadas actividades (desde debates y juegos de rol hasta pequeñas investigaciones de campo y laboratorio, simulaciones, etc.), materiales variados como libros, revistas, programas informáticos, cursos, simposios y jornadas de actualización para el profesorado, revistas y foros de discusión especializados, … en fin, todo un mundillo que giraba en torno a la necesidad de abordar la riquísima problemática ambiental.  Llegados a este punto, creo necesario decir que cuando hablo de educación ambiental no hablo de “adoctrinamiento”, sino de una compleja y fecunda interacción entre alumnado, profesorado, recursos científico-didácticos y, con frecuencia, otros componentes del currículo.

Pues bien, por motivos en los que aquí no me voy a extender, en los últimos diez años se ha dado una progresiva reducción de contenidos ambientales en nuestro sistema educativo, al menos en ESO y Bachillerato. Esta reducción ha incluido la total desaparición de  la asignatura CMC y la casi total de las CTMA, así como un descenso apreciable de los contenidos ambientales en otras asignaturas.

Hablaré ahora de algunas impresiones negativas que este curso ha suscitado en mí.

Comenzaré aclarando que no pienso, ni mucho menos, hacer una enmienda a la totalidad de este curso. Por el contrario, creo que ha sido una iniciativa muy positiva, y que hay que felicitar a sus promotores, así como al coordinador y profesorado del mismo. Es más, algunas ponencias me han parecido verdaderamente brillantes, tanto por su originalidad como por la profundidad y rigor de sus planteamientos, siempre acompañados de un fino humor que se agradece en un tema tan proclive al catastrofismo. Sucede, sin embargo, que el desarrollo del curso ha suscitado en mi algunas reflexiones algo más sombrías que las anteriores, y que me gustaría compartir.

En primer lugar, y tal como manifesté en un turno de intervenciones, me sorprendió que, en un curso titulado “Remedios para un planeta en crisis”, la educación – tanto formal como informal – estuviera completamente ausente de las intervenciones de los ponentes. Espero que no se me malinterprete; no me refiero a esas proclamas del tipo “esto es un problema de educación”, “el verdadero cambio empieza por la educación”, etc. NO. Parto del convencimiento de que las élites dirigentes (económicas, políticas, mediáticas) afrontarían más eficazmente la crisis ambiental si se vieran presionadas y vigiladas por una ciudadanía informada, responsable y, sobre todo, activa. Aquí es donde entra en escena la necesidad de poner en marcha un entramado de interacciones entre personas, informaciones y experiencias que es lo que habitualmente se entiende por educación. Insisto en que esta se debe entender en un sentido amplio, a la vez formal e informal, inclusivo y  duradero.

En mi opinión, un posible debate sobre la Educación Ambiental (EA, en adelante) como “remedio” – en convergencia con otros, por supuesto – debería contemplar más bien un continuum que abarcara la educación escolar, y la alfabetización y divulgación científica. Dicho de otro modo, un análisis de “lo que hay”, tanto en su vertiente formal como informal.

El punto de partida para este debate podría ser  - siempre según mi parecer – la constatación del relativo fracaso de la EA para contribuir al surgimiento de una ciudadanía formada, responsable y crítica, que intervenga de manera determinante en las grandes cuestiones socioambientales de nuestro momento.

En este posible y necesario debate habría que tener muy presente que cualquier propuesta educativa digna de tal nombre debería huir de la tentación del adoctrinamiento, por razones éticas, pero también porque ya hemos visto que no funciona. También debería mantenerse alejada de cualquier intento de engañar, más o menos astutamente, a la ciudadanía, pues  para eso ya existen las agencias publicitarias. Debería quizá profundizar en las posibles relaciones de complementariedad entre el ámbito escolar formal y los ámbitos informales.

Por último, me gustaría manifestar que la ausencia de la educación ambiental del debate sobre los “remedios” puede estar asociada a otro fenómeno igualmente preocupante. Me refiero al hecho de que las personas que de una u otra manera  nos dedicamos a temas relacionados con la crisis ambiental estamos distribuidas  en muchas capillitas o pequeños grupos que trabajan unos a espaldas de otros.  Hace falta, en mi opinión, que estos grupos cooperen, se interpenetren y creen sinergias. Actividades como la que aquí comento pueden cumplir con este cometido. Reitero mi aplauso y agradecimiento a organizadores y ponentes, y confío en que, lo antes posible, podamos aunar esfuerzos para afrontar la crisis ambiental que ya, y no en el futuro, habita entre nosotros.

Rubén Nieto

viernes, 25 de abril de 2025

SOBRE EDUCACIÓN Y PERSPECTIVA GLOBAL / ON EDUCATION AND GLOBAL INSIGHT

 

A través de Rosa Segura, leo una entrevista a David Bueno, que defiende la importancia de las artes (Música, Plástica, Teatro) en la educación, por contribuir a formar un cerebro abierto, flexible y adaptable. Esto me sugiere algunas reflexiones.

1. 1.- De acuerdo. Las Artes  contribuyen en gran medida a todo ello. Tienen un lugar importante en la educación de las personas.

2. 2.- De acuerdo también con los expertos en didáctica de las Matemáticas en que estas contribuyen a lo mismo a través de la concentración, estrategias de resolución de problemas, modelización de situaciones cotidianas, etc. También tienen un lugar importante en la educación de las personas.

3. 3.- De acuerdo, claro está, en que las lenguas extranjeras contribuyen a lo mismo y, además, a abrirse a otros estilos de vida y respetar otras culturas. También tienen un lugar importante en la educación.

4.4.- De acuerdo, como no podría ser de otra manera, en la enorme importancia de las Humanidades (Literatura, Filosofía, Historia, Lenguas y Culturas Clásicas) para la formación de mentes abiertas, con espíritu crítico, conocedoras y amantes de nuestras raíces culturales, capaces de poner en perspectiva los avances en otras áreas y los hechos que acontecen en nuestra sociedad. También para ellas hace falta un lugar destacado en la educación.

5.5.- De acuerdo - ¡cómo no! – en la enorme importancia de las Ciencias de la Naturaleza para que un cerebro en proceso de maduración comprenda, no sólo el mundo en que vive, sino cómo funciona esa apasionante aventura humana que es la Ciencia, lo que se le puede pedir (que es mucho)si se le alimenta lo suficiente, y también lo que no. Mi formación como biólogo me llevaría a desarrollar mucho más este punto, pero me voy a contener.

Podría seguir con otros ámbitos de la experiencia y el conocimiento humanos (Educación Física y Deportiva, Tecnología, varias Ciencias Sociales, etc.), pero alargaría excesivamente esta nota. Espero que mis compañeros profesores de todos ellos sepan disculparme: sus áreas de conocimiento son igualmente importantes para la educación de las personas .

Lo que sí me gustaría resaltar son estas dos ideas:

A.- Todos los argumentos anteriores sobre la contribución a la educación de las distintas áreas del conocimiento y experiencia humanos están desarrollados desde hace decenios en los documentos oficiales de nuestra legislación educativa. Estos documentos son prescriptivos (no meramente orientativos) para todo el profesorado español. Existen documentos similares, con las peculiaridades de cada sistema educativo, en todos los estados.

B.- A pesar de lo anterior, seguimos debatiendo la importancia de esto y aquello en la formación de las personas. ¿Causas? Seguro que todo el mundo puede apuntar varias. Por mi parte, ahora sólo diré que algunas son imputables al propio sistema educativo escolar (en mi opinión, mal resuelto), otras a la desidia y falta de financiación de nuestras administraciones, y otras a lo que entiendo es una enorme hipocresía social sobre la educación. Este último grupo de causas es quizá el menos estudiado, así que hablaré más extensamente de él en otro momento.

Espero respuestas a estos últimos interrogantes. Leeré con atención todas, incluso las más simplonas.

Rubén Nieto.

jueves, 26 de septiembre de 2024

RAZONES PARA MANIFESTARSE / ARGUMENTS TO TAKE PART IN SOME DEMONSTRATIONS.

 Esta entrada se aparta un poco de los temas habituales en este blog, pero ya sabéis que los medios habituales no suelen dar cobijo a estas ideas, así que usaremos algunos medios no habituales.

This post is far away from the common subjects typical in this blog, but, as you may know, the big media don't usually cover these topics. Therefore, we'll employ other media like this one.

Hace poco leí en algún medio digital un artículo acerca de conflictos sociales y ambientales que afectan al conjunto de la población. Esta lectura   me ha sugerido, por contigüidad de ideas, una reflexión sobre las razones que pueden llevarnos a acudir a manifestaciones. Muchas personas, especialmente jóvenes, argumentan la inutilidad de estas movilizaciones.  Al parecer, en una mayoría de casos, no logran sus objetivos. Esto me ha llevado a enumerar algunos motivos para asistir a manifestaciones o a otras movilizaciones relacionadas.. No agoto la lista  de argumentos; por el contrario, he omitido aquellos más utilizados y, por tanto, conocidos. Los que aquí presento podrían ser algo más originales, al menos en parte. Allá van:

1.  La asistencia a movilizaciones públicas permite contactar con personas y grupos que comparten parecidas ideas, opiniones, anhelos, fobias, etc., y que a veces ni siquiera se conocían.

2. Muy en relación con lo anterior, la participación en movilizaciones tiene una importante función afectiva. Frecuentemente, la presión unidireccional de los grandes medios – y de quienes se hacen eco de estos medios – es tan intensa que nos lleva a creernos casi los únicos “raritos” que sostienen una determinada visión de las cosas. Pues bien, en una concentración o manifestación uno puede descubrir que no está solo en sus opiniones y reclamos. No solo hay más gente como nosotros, sino que además la tenemos a nuestro lado. Puede que seamos minoritarios, pero, al menos, “somos”, y esto es reconfortante.

3. A veces se consigue una parte de nuestras demandas, especialmente cuando consideramos las movilizaciones en el marco de estrategias más amplias y duraderas. Seamos imaginativos: una medida para alcanzar determinado objetivo puede ser salir a la calle tras una pancarta (aunque no siempre es la más adecuada), pero hay otras muchas acciones posibles, desde el bloqueo del departamento de atención al cliente de una gran empresa con miles de reclamaciones, hasta un serie de charlas y coloquios que creen en cierta universidad un ambiente favorable a nuestras demandas, pasando por un divertido pasacalles navideño-reivindicativo en el centro comercial de una ciudad.

4. Luego está, por supuesto, la dignidad. Si no me equivoco, fue Luther King quien dijo que cuando nuestros descendientes juzguen los tiempos actuales, no les extrañará el ruido de los malvados, sino el silencio de las buenas gentes. Ante esto, conviene que nuestros tataranietos no tengan que preguntarse dónde estuvieron metidos el abuelito y la abuelita cuando sucedió tal o tal otro dramático acontecimiento.

En resumen, tras todo lo anteriormente expuesto subyace lo que parece una de las claves de este asunto. Dicho sin rodeos: sentido de lo colectivo versus individualismo. Puede que el mayor triunfo de las élites económicas, políticas y mediáticas sea habernos convencido de que es mejor que nos dediquemos a nuestros problemas individuales, y dejemos de lado lo de todos (lo público, lo “político”, en el mejor sentido de la expresión). A lo sumo, podremos relacionarnos uno a uno con nuestros superiores, pero nunca horizontalmente con nuestros iguales.

En consecuencia, cuando una persona decide participar en algún tipo de movilización social, como una manifestación, puede equivocarse, obviamente. Sin embargo, hay un aspecto de su decisión en el que seguramente acierta. Ha elegido la vía colectiva para la defensa de algún derecho, en sentido amplio: salud, educación, asistencia social, medio ambiente, derechos relativos a las mujeres, inmigrantes, etc.(la lista es enorme). Esta asunción de lo colectivo, esta pertenencia al hilo rojo de quienes trabajan por mejorar nuestro mundo, es lo que las élites gobernantes no os van a perdonar, lo que les pone de los nervios. Sin embargo, a algunas personas nos parece un hermoso propósito para nuestras vidas.

Rubén  Nieto.

domingo, 17 de diciembre de 2023

LA EDUCACIÓN NO PUEDE ALIMENTARSE DE SÍ MISMA / EDUCATION CANNOT FEED ON ITSELF.

 

Hace algún tiempo leí a un responsable de un MAES (Máster en Educación Secundaria, obligatorio para trabajar en la Educación pública) quejarse de que, por mucho que intentaran que su alumnado se cuestionara sus concepciones sobre el aprendizaje (ya sabéis, memorístico versus significativo y todo eso), apenas lo conseguían. Jóvenes de veintipocos años, con educación superior y todo el ímpetu que se supone a esa edad, resultaban de lo más tradicionalistas a la hora de analizar cómo debería ser el aprendizaje de nuestros niños y adolescentes. Al preguntarse por las razones de esta mentalidad – dejo a un lado, por el momento, lo que tenga o no de acertada – la atribuía a una poderosísima fuente de ideas previas: su propia experiencia como alumnos de Primaria, Secundaria, Bachillerato, etc.

Creo que, en lo esencial, esta persona tenía razón. Repito que no me voy a enzarzar en una discusión sobre cómo se aprende, ni, mucho menos, cómo debe plantearse su trabajo el profesorado. Me interesan las ideas previas, la concepción del mundo – o de una parte de él – que todas las personas tenemos. Si nuestras ideas están enraizadas en algo tan inconsciente como lo que hemos vivido desde muy niños, mal vamos a hacerlas conscientes, y, por tanto, mucho menos podremos someterlas a crítica. Nuestras primeras etapas vitales están teñidas de afectividad (la racionalidad llega después) y ¿cómo vamos a ir contra nuestros afectos? Esto explicaría, entre otros fenómenos, por qué la Iglesia se aferra con fuerza a ocuparse de la educación de niños y adolescentes.

Sin embargo, lo que si es posible para este público (jóvenes universitarios veinteañeros, estudiantes del MAES) es cuestionar con argumentos o pseudoargumentos lo que vienen a “enseñarles” algunos profesores de este máster.  En algunos casos, estos últimos adoptan un papel de “predicadores” de una buena nueva pedagógica, lo que justifica, por supuesto, la reacción: “¿Este/a me viene ahora con estas chorradas, a mi que llevo 20 años de estudiante, me va a decir cómo hay que enseñar?” En otras ocasiones, el alumnado (el profesorado de Secundaria mañana) se remite a argumentos de sentido común (“los insectos siempre han tenido seis patas : yo te lo digo y tú me lo cuentas después”), ad hominem (“este será un desertor de la tiza”) o incluso recurre a conspiranoias (“la secta de los pedagogos se ha apoderado del Ministerio/Consejería”). Casi cualquier cosa vale antes que admitir que unos supuestos advenedizos nos digan cómo tenemos que enseñar.

Esto tiene mala solución. Recordemos que costó varios siglos sustituir la Física del sentido común por la de Galileo y Newton, y tampoco estoy seguro de que el paralelismo sea completamente válido. En cualquier caso, hay algunos hechos que están muy apoyados en evidencias. Por ejemplo, que nuestros estudiantes no aprenden, ni mucho menos, lo que los documentos oficiales dicen que deben aprender. Claro que, al ser la educación un fenómeno multifactorial, cada actor educativo (administraciones, profesorado, familias, alumnado, etc.) puede cargar en otros actores la responsabilidad de los malos resultados. Lo que no es de recibo es que la educación se alimente de sí misma, también en sus resultados negativos. Urge hacer una reconstrucción racional del proceso educativo y llevarla a las aulas. Pero no va a hacerse.

domingo, 22 de agosto de 2021

EL MÉTODO CIENTÍFICO NO EXISTE / THE SCIENTIFIC METHOD DOESN'T EXIST

 


Isaac Newton

Lo sé, suena un poco fuerte, aunque estaremos de acuerdo en que sirve para llamar
la atención. Pero no es este el objetivo de tan lapidaria frase. En realidad, con ella pretendo poner el foco en un tópico demasiado extendido entre el profesorado de ciencias. En muchos libros de texto, especialmente de Física y Química, aparece un tema inicial sobre “el método científico”. Este se nos muestra como una sucesión de pasos a seguir por quien pretende hacer una investigación científica: observar un fenómeno, formular una hipótesis que lo explique, etc. En realidad, este supuesto método universal es descrito como una especie de receta infalible. Si sigues esos pasos, haces Ciencia. Así de sencillo.

Gregor Mendel
Es muy frecuente que el profesorado de Ciencias (Física, Química, Biología y Geología) comparta esta visión “clásica” de la metodología científica -rígida y estereotipada – y la refleje en sus clases. Conozco bastantes colegas que empiezan el curso con una unidad sobre el método científico, así entendido, para, a continuación, hacer lo contrario -presentación dogmática de resultados, sin atención a cómo se obtienen - durante el resto del curso. Pero esta es otra historia, de la que ya nos ocuparemos.

Lo que quiero transmitir en este artículo es que la ciencia no funciona así. Sería demasiado simple, algo así como seguir escrupulosamente, paso a paso, una receta para hacer albóndigas. Si tiene la receta y los ingredientes, cualquier persona, en cualquier momento, puede hacer albóndigas, y le saldrán igual de buenas – o de malas – que a las demás.

Charles Darwin
Obviamente, los científicos no siguen ninguna receta universal e infalible. Utilizan distintas aproximaciones, reformulan sus problemas e hipótesis, a veces dan palos de ciego y discuten, discuten mucho entre ellos. Por otro lado, los procedimientos, técnicas y presentación de datos varían mucho de una disciplina a otra, e incluso dentro de ellas. Por ejemplo, dentro de la Biología, las diferencias en estos aspectos entre la Genética Molecular y la de poblaciones, o la Ecofisiología y la Etología, son abrumadoras. Lo mismo puede decirse de la Geología (Cristalografía y Estratigrafía), Física (Electrónica y Termodinámica) o las Ciencias Sociales.

Albert Einstein
Esto no debe extrañarnos. Al fin y al cabo, las disciplinas científicas son constructos humanos y, como tales, están sujetas a las mismas vicisitudes que sus creadores: nacen, crecen, maduran, interaccionan entre si, dan lugar a otras y se extinguen, a veces dividiéndose o transformándose en nuevas disciplinas. Lo que realmente existe es la Naturaleza y la Sociedad; las ciencias son distintas aproximaciones - humanas - por tanto, temporales y perecederas – a ellas.

¿Significa todo lo anterior que en Ciencia “todo vale”? ¿Podemos interpretar la ausencia de un método único, rígido y lineal, como indicadora de un caos metodológico, en el que cada científico hace lo que buenamente sabe, puede o quiere, teniendo todo el mismo valor, o la misma falta de valor? Por supuesto que no. Entre la receta para hacer albóndigas y el haga-usted lo-que-quiera-que-yo-responderé-lo-que-me-dé-la-gana, hay todo un abanico de procedimientos, reglas flexibles, tradiciones, normas consensuadas, etc., que configuran lo que Lee McIntyre ha dado en llamar la actitud científica1, muy definitoria del conjunto de ciencias (al menos, las que tratan de la Naturaleza), aunque teniendo siempre en cuenta que se trata de un repertorio flexible, adaptable a disciplinas, subdisciplinas y problemas concretos.

En un próximo artículo desarrollaré lo que deberíamos entender por actitud científica y cómo puede servirnos para distinguir ciencias de pseudociencias, además de proporcionarnos argumentos frente a amenazas tales como el negacionismo del cambio climático, los antivacunas, el creacionismo, etc.

1McIntyre, L.(2020): La actitud científica. Una defensa de la ciencia frente a la negación, el fraude y la pseudociencia.Trad. Rodrigo Neira. Ed. Cátedra, Madrid.

miércoles, 3 de marzo de 2021

PENSAMIENTO MILLÁN-ASTRAY

 ¿Habéis oído hablar del “pensamiento Millán-Astray”?  No lo sé, pero seguro que os habéis topado con él en más de una ocasión. Resulta que el famoso fundador de la Legión absolvía a sus caballeros legionarios con el siguiente razonamiento:

“Ningún legionario comete jamás un delito, sea este robar, matar violar o cualquier atrocidad imaginable. No lo comete porque, si lo hace, en ese mismo momento deja de ser caballero legionario.”

Esta argumentación podrá pareceros una infantil falacia lógica, pero la usamos constantemente en nuestra vida. Uno de los gremios a los que más se lo oigo es el de los filósofos y profesores de filosofía (no es lo mismo). Para empezar, asimilan “filosofar” con “pensar”. Si eres filósofo/a, piensas, y si piensas, eres filósofo/a. A partir de esto, es fácil hacerse algunas preguntas inquietantes. Por ejemplo, ¿las personas que no somos filósofas no pensamos? ¿una bióloga, un carpintero, un topógrafo o una administrativa no pueden pensar? ¿o, acaso cuando les da por hacerlo ascienden a la categoría inefable de los filósofos? Si nos centramos en el campo de la educación, ¿solo la enseñanza de la filosofía pone en juego el pensamiento? ¿los estudiantes solo piensan cuando estudian filosofía? ¿Solamente los profesores de filosofía piensan, mientras los demás tenemos unas facultades mentales disminuidas?

Todas estas preguntas me llevan a considerar inaceptables palabras como estas escritas por Marina Garcés, filósofa (ella sí) cuya obra, por otro lado, estimo grandemente: “Contra la estandarización de la escritura y del pensamiento es imprescindible, por tanto, seguir escribiendo filosofía, filosofar enseñando, enseñar a escribir. La filosofía no es, así, un patrimonio humanístico en peligro de extinción … sino el arma más potente para que la universidad, ella sí en peligro de asfixia, no acabe de convertirse en una gran empresa global de producción en serie de profesionales ultraespecializados y de conocimiento redundante y estéril” (Garcés, M. 2016: Filosofía inacabada. Galaxia Gutenberg, Barcelona).

¡Filósofos al rescate! ¿Qué haríamos sin ellos? Simplemente, seríamos robots adocenados, no como antes, cuando se enseñaban tantas horas en el sistema educativo, y la ciudadanía mostraba tanto espíritu crítico. No hay más que mirar hacia atrás para saber que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Intentando ser justo, he de decir que la anterior cita no retrata, ni mucho menos, el pensamiento real de Marina Garcés. Sin embargo, párrafos como este, demasiado frecuentes entre filósofos, apenas esconden su estilo “Millán-Astray”. Podría encontrar, sin demasiada dificultad, citas más directas, aunque quizá no tan elaboradas. Y no es que no tenga su pizca de razón, pero me temo que a estos filósofos (muy necesitados, por otro lado, de apoyo, sobre todo en Bachillerato) les haría falta un poquito de humildad.

En fin, me consolaré suponiendo que al escribir estas líneas me he convertido, siquiera sea por unos instantes, en un ser pensante como ellos. Al igual que un legionario que comete una tropelía – más bien, al revés – he ascendido y me he mantenido fugazmente en el exclusivo Olimpo de los filósofos.

 

martes, 14 de abril de 2020

ENSEÑANZA DURANTE EL CONFINAMIENTO: CAMBIO DE PRIORIDADES

A raíz del repentino confinamiento, la escuela ha saltado por los aires. Se acabó la normalidad, y todo intento de fingir que la actividad docente se mantiene como si tal cosa, por mucho que se aderece de nuevas tecnologías, teletrabajo, etc., está condenada al fracaso, si no al ridículo. Expondré sucintamente en qué me baso para tan categóricas afirmaciones. Adelanto que mis tesis coinciden en buena parte con lo expuesto por Guadalupe Jover en un atinadísimo artículo publicado en El Diario de la Educación. 
Mi mayor discrepancia no radica tanto en el análisis de la situación como en las consecuencias que extraigo de él. Parto de una obviedad que, sin embargo, conviene tener muy presente: estamos ante una situación única. Jamás el sistema educativo ha tenido que hacer frente, de un día para otro, a algo parecido. Por tanto, es normal que todos (repito, todos: profesorado, estudiantes, familias, incluso la propia Administración) estemos desorientados y titubeemos sobre cómo actuar. Admitámoslo. Cualquier intento de fingir normalidad está condenado al ridículo. 
 Si damos por buena la premisa anterior, habrá que admitir que no podemos intentar desarrollar unas actividades lectivas “normales”, solo que a distancia. Hay muchos motivos, y empiezo por el que creo más importante: el profesorado y la administración no pueden ofrecer “clases normales” cuando el alumnado y sus familias están viviendo una situación traumática, encerrados semanas enteras en sus casas, conviviendo en un espacio reducido y con una amenaza invisible pero cada vez más presente, viendo como familiares dejan de trabajar y no saben si volverán a hacerlo, … Desde luego, una situación de estrés prolongado en el tiempo es lo menos aconsejable para desarrollar un aprendizaje “normal”. 
 Añadamos, además, otra obviedad. No se puede transformar un sistema educativo presencial en otro a distancia, literalmente, de la noche a la mañana. Una cosa es utilizar recursos online y comunicaciones a través de las nuevas tecnologías – en mayor o menor medida, la mayor parte del profesorado ya lo estábamos haciendo – y otra muy distinta, pasarse en bloque a un modelo 100% no presencial, con todo lo que esto implica: currículo modificado, evaluación, actividades de todo tipo, etc. La propia infraestructura proporcionada por la Administración, que ya deja bastante que desear en condiciones normales, ahora se revela claramente insuficiente, a pesar de los esfuerzos que se están haciendo. Por otro lado, nuestra formación, experiencia e incluso manera de pensar están totalmente orientadas hacia una enseñanza presencial, aunque usemos cada vez más herramientas telemáticas. En definitiva, padecemos de escasez de recursos, formación y tiempo para abordar con éxito un cambio tan grande. 
Si por el lado de la administración y el profesorado, las insuficiencias son notables (a pesar de los esfuerzos, insisto), veamos qué sucede en los hogares y familias. A estas alturas no debería hacer falta hablar de las enormes desigualdades sociales en el acceso a recursos TIC, material de estudio o, simplemente, lugar apropiado para el mismo. En un modelo presencial, esto puede ser parcialmente compensado en el centro de enseñanza. Ahora es imposible. La famosa “brecha digital” puede desembocar en un abismo social.
 Si antes de la pandemia, la situación en muchos hogares ya era difícil, imagínense hora. ¿Cuántos miles de pisos de 60 metros cuadrados o menos albergan familias con dos o tres niños, padres con trabajo en precario (a menudo sin empleo), algún abuelo en situación de riesgo (o, peor aún, aislado en su domicilio), un o ningún ordenador, una mala conexión a Internet – si acaso – un adulto teletrabajando, etc.? ¿Se imaginan la tensión continua obligados a convivir las 24 horas, día tras día y sin respiro, en estas circunstancias? ¿Podemos pretender que niños y adolescentes estudien a distancia las 11 asignaturas de, por ejemplo, primero de ESO con “normalidad”? 
Por último, pero no menos importante, esta situación pone en primer plano la importancia del factor humano, de la cálida presencia de las personas que están implicadas en el hecho de aprender y enseñar. Esto es tanto más importante cuanto menor es la edad de los estudiantes. Es necesario estar frente a frente para desarrollar las interacciones entre todos nosotros necesarias para aprender. 
 Ante esta situación, que debemos reconocer difícil, ¿qué podemos hacer los enseñantes? Mucho, sin duda, como todas las profesiones que son de intervención social. Allá va mi opinión. En primer lugar, redefinir nuestros objetivos. Tal vez debamos olvidarnos de desarrollar una programación pensada para otras circunstancias muy diferentes. En lugar de ello, deberíamos determinar en qué podemos ser más útiles para nuestro alumnado, ante lo que está experimentando ahora. Mal asunto si la educación que ofrecemos no puede ayudarles a comprender y afrontar la difícil situación en la que nos encontramos. 
¿Qué medidas tomar como docentes? En mi opinión, habría que proporcionar a nuestro alumnado actividades y recursos que les permitan entender lo que está pasando (aproximarse, vale, que esto no lo comprende del todo nadie), otros que les permitan relajarse y aprender sin estrés añadido: lecturas, vídeos, etc. que tengan un valor formativo en sentido amplio y contribuyan a desarrollar habilidades como la lectura, la escritura, la interpretación de una imagen, etc. Muy importante también será desarrollar el espíritu cooperativo y solidario, así como el pensamiento crítico: ¡qué magnífica ocasión para analizar bulos que circulan por las redes, enseñar a rastrear las fuentes, distinguir ciencia de pseudociencia, etc.! Pero todo ello sin agobiar, muy al contrario, aprovechando la ocasión para que se pueda aprender sin añadir más presión a la que ya estamos todos sufriendo. Para ello sería necesario relajar la carga de tareas y plantearnos unos mecanismos de evaluación, si es que ha lugar, más acordes con estas circunstancias excepcionales. 
Queda por abordar la difícil cuestión del “cierre” del curso. En mi opinión, solo es difícil en el caso de los cursos terminales de etapa, las pruebas de acceso a la Universidad y las prácticas en empresas en la formación profesional. Se trata de cuestiones más específicas cuyo debate (al menos en algunos aspectos) merecerá un artículo dedicado a ello. En el resto de los cursos y niveles, sobre todo si el cierre de los centros educativos se prolonga, a mí no me dolerían prendas en darlo por terminado con lo que se ha hecho hasta ahora más lo que estamos haciendo no presencialmente, pero esto último siempre a título complementario. Los profesionales de la enseñanza sabremos como tener en cuenta en nuestras programaciones futuras todo lo que no se ha hecho - o se ha hecho de manera diferente a la prevista - en este curso. 
El sistema educativo tiene que ser lo suficientemente flexible como para asumir y metabolizar un curso anómalo. Si no lo es, entonces merece que este bichito o cualquier otro agente lo ponga patas arriba.

sábado, 29 de junio de 2019

APRENDIENDO A CAMBIAR EL MUNDO ENTRE TODAS - 4

Dedicado a Carola Rackete, la capitana del Sea Watch, que ha tenido el coraje de hacer en la vida real lo que nosotros aprendemos en simulación.


Hace seis años, en el marco de otra asignatura, llevé a cabo por primera vez esta experiencia con alumnado de 1º de Bachillerato (16-17 años). Durante los cursos siguientes ha habido cambios en el currículo, en el perfil de mi alumnado y en el contexto sociocultural en el que nos desenvolvemos. He tenido que metabolizar todo ello, junto con las experiencias educativas desarrolladas en este intervalo, hasta decidirme a poner en práctica nuevamente esta actividad. Los motivos que me impulsaron a hacerla seis años atrás siguen siendo igual o más válidos, así que reproduzco lo que entonces escribí:

En esos días debatimos en clase la importancia de la investigación encaminada a prevenir y curar enfermedades como la malaria, leishmaniasis, kala-azar, etc. También discutíamos el conflictivo asunto de las patentes que grandes multinacionales farmacéuticas detentan y la posible oportunidad de liberarlas para que tratamientos como los antirretrovirales contra el SIDA estén al alcance de todo el mundo. Los propios alumnos se documentaron, formularon argumentos a favor y en contra de las distintas opciones, y las debatieron ampliamente. Como veis, una asignatura peligrosa.
Pues bien, durante el desarrollo de esta actividad pude constatar algo que no era nuevo para mí, pero que en esta ocasión se presentaba ante mis ojos con especial intensidad. Me refiero al hecho de que la totalidad de mis estudiantes mostraban un total y escandaloso desconocimiento de lo que son los poderes públicos, la Administración a sus distintos niveles, y la diferencia entre ésta, las empresas privadas y los colectivos ciudadanos. Llegaban al extremo de exigirle a una asociación de vecinos lo que debería ser competencia de un ministerio, al ministerio o consejería lo propio de una empresa privada, y a ésta lo que habitualmente hace una ONG. Todas las instancias que acabo de mencionar eran vistas como parte de la misma vaga nebulosa que planea sobre sus cabezas y que podrían haber descrito como “los que mandan”, “los que tienen el dinero”, o, simplemente, “los de arriba”.
No es que este desconocimiento del mundo que les rodea me resultara nuevo. Llevo demasiados años en la enseñanza como para no conocer la mentalidad y grado de conciencia social del alumnado con el que trabajo. Sin embargo, esta vez había unas circunstancias que lo hacían especialmente llamativo. El grupo en cuestión estaba formado por jóvenes de unos 17 años, de un entorno urbano, en su mayoría hijos de funcionarios, pequeños comerciantes, técnicos especializados, etc. Además, casi todos son buenos estudiantes, están familiarizados con las nuevas tecnologías, han salido más de una vez al extranjero (participan en el programa bilingüe inglés-español de mi centro) y, lo que quizá sea más importante, tienen unas elevadas expectativas profesionales. En definitiva, lo que yo creía percibir en esos días es que estos futuros médicos, ingenieros, periodistas, enfermeros, profesores, traductores, etc. no distinguían una ONG de un Ministerio, no sabían qué puede esperarse de cada una de estas entidades y - peor aún – ni se les pasaba por la cabeza la posibilidad de agruparse en alguna asociación y  trabajar colectivamente para mejorar cualquier aspecto de nuestra vida.

En estos años son muchas las ocasiones en las que he desarrollado simulaciones y juegos de rol con mi alumnado. Durante este tiempo, he estado expuesto, como todo docente, a un continuo bombardeo de exhortaciones a educar en la “cultura emprendedora”, término de incierto significado, pero que parece asociarse a “empresario – competitivo - individualista – buscador de éxito personal”. La última granizada la he recibido de la Consejería de Educación, en forma de instrucciones para el próximo curso, que ya he comentado en las redes recientemente. Pues bien, una vez más he decidido llevar a la práctica mi particular interpretación del “espíritu emprendedor”, y me he embarcado con mis estudiantes de Cultura Científica en el diseño y creación simulada de tres ONGs.
CONTINUARÁ

domingo, 15 de julio de 2018

LA "OTRA" CRISIS DE LAS HUMANIDADES

A vueltas con las humanidades, y nuevamente de la mano de Marina Garcés, cuyas muy sugerentes ideas no me canso de recomendar.
1. El aparente desinterés de las autoridades educativas (y buena parte de la sociedad, todo hay que decirlo), esconde otra actitud más difícil de detectar: su reubicación en el proyecto capitalista ligado a la cuarta revolución científico-industrial. Según esta hipótesis, uno de los objetivos de este proyecto sería hacer de la inteligencia una fuerza productiva. Una inteligencia múltiple, emocional, en red, … todo lo que se quiera, excepto autónoma.
2. Desde esta perspectiva se estaría construyendo ya la escuela del futuro. Pero quienes la estarían proyectando no son tanto las autoridades educativas como grandes empresas, bancos y think tanks. Hay muchos indicios a favor de esta hipótesis: desde las plataformas educativas online hasta la creciente intromisión de fundaciones “bancarias” en el mundo de la educación formal, pasando por la proliferación de evaluaciones externas. Dejo para otra ocasión el papel que podría jugar la evaluación por competencias.
3. Todo lo anterior explica lo que, en palabras de Marina Garcés, constituye la “creciente desvinculación de las actividades humanísticas respecto de un proyecto colectivo de emancipación” capaz de dar réplica al del capitalismo neoliberal. Esta es la verdadera crisis de las humanidades, mucho más profunda que unas horas de más o de menos en el currículo escolar. Cito nuevamente a Garcés:
Hemos constatado históricamente que saber más, tener más educación, más información, etc., no nos hace más libres ni éticamente mejores.”
Afirmación tremenda, que muchas personas rechazarían en primera instancia, pero que cuenta con muchas evidencias a su favor. Al menos en el ámbito marcado por la historia europea desde la Ilustración, nunca como ahora hemos sabido tanto sobre la naturaleza y la sociedad, pero nunca como hasta ahora nos hemos sentido tan incapaces de construir un mundo socialmente más justo en un planeta equilibrado.
4. Ante esta situación, ¿qué papel deberían jugar las humanidades? O, como señala Garcés, “¿qué saberes y prácticas culturales necesitamos elaborar, desarrollar y compartir para trabajar por una sociedad mejor en el conjunto del planeta?” En mi opinión, todo programa para construir una educación crítica y alternativa debería partir de esta pregunta.
NOTA IMPORTANTE: Quienes hayan leído estas líneas con un mínimo de atención habrán reparado en el concepto de humanidades que subyace en ellas. No se limitan a los estudios clásicos, literarios, históricos y filosóficos, sino que en ellas ocuparían un papel destacado la Ciencia (¿hay algo más humano que la aventura por comprender el mundo que nos rodea?) y el Arte en todas sus manifestaciones, así como las interrelaciones entre todos estos saberes.

sábado, 14 de julio de 2018

IGNORANCIA POR EXCESO DE INFORMACIÓN

Leo a Marina Garcés. ¿Cómo he podido vivir hasta ahora, filosóficamente hablando, sin conocer sus escritos? Entre las muchas ideas sugerentes de su librito “La Ilustración Radical”, encuentro la siguiente, que aunque ya conocida, está formulada de manera muy esclarecedora. El volumen de información que nos rodea es abrumador. Resulta completamente imposible prestar un mínimo de atención a toda ella, requisito previo para poder seleccionar la más relevante, procesarla y utilizarla en nuestras propias elaboraciones intelectuales. Según Garcés, esta situación genera impotencia y dependencia: "Puesto que no podemos formarnos una opinión sobre todo lo que nos rodea, seguimos o nos apuntamos a las que otros nos ofrecen ya formateadas, sin tener la capacidad de someterlas a crítica.” Sigo citando a Marina Garcés. “Cada época y cada sociedad tienen sus formas de ignorancia... La nuestra es una ignorancia ahogada en conocimientos que no pueden ser digeridos ni elaborados” (La Ilustración Radical, pág.51). Si aceptamos este diagnóstico, las implicaciones educativas son de vértigo.

viernes, 30 de marzo de 2018

PENSAMIENTO CRÍTICO EN LA ESCUELA / CRITICAL THINKING AT SCHOOL



Este artículo se ha redactado como respuesta a otro de José Antonio Pérez Ledo, publicado en eldiario.es
La cuestión de si hace falta una asignatura de “pensamiento crítico” se inserta en un debate ya clásico en educación: Cuando se pretende introducir nuevos valores  o actitudes, ¿creamos una asignatura nueva o intentamos que estas novedades impregnen el currículo ya existente, algo conocido como “enfoque transversal”?
La cuestión no es nada fácil: existen poderosos argumentos en favor y en contra de ambas opciones.  Personalmente, soy partidario de una transversalidad muy matizada. Justificar esta opción me llevaría muy lejos. Aquí solo apuntaré algunos elementos, a mi juicio importantes, para que cada cual se forme su propia opinión.
1. En el actual currículo de la ESO el alumnado padece entre 10 y 12 asignaturas por curso, la mayoría con 2 o 3 horas semanales. Cualquiera puede imaginarse que esta división, unida a las enormes dificultades para que el profesorado pueda coordinar su trabajo, hacen que todas ellas se banalicen y sean tratadas superficialmente. En el Bachillerato la situación es solo un poco mejor, pero, a cambio, la presión de la prueba de Selectividad convierte sus dos cursos en un denso “preparatorio” de dicho examen.
En este contexto hay que valorar la introducción de una asignatura nueva. ¿Aspiramos a tener la décima “maría” en la ESO? ¿Qué asignatura común en Bachillerato eliminamos para introducir la nueva? ¿Sería una optativa que no llegaría a buena parte del alumnado? ¿Entraría, por el contrario, en una prueba de Selectividad ya demasiado recargada?
2. En muchas ocasiones se ha identificado esa asignatura de pensamiento crítico con la ya existente Filosofía. Siendo partidario de su permanencia en el currículo escolar, voy a actuar como abogado del diablo. La Filosofía ha sido durante decenas de años obligatoria en los antiguos 3º de BUP y COU, con al menos dos asignaturas de 4 horas semanales cada una, sin contar Ética optativa. Esto significa que todos los ciudadanos españoles mayores de 30 años y con estudios medios y superiores (probablemente algunos millones de personas) han estado expuestos en su adolescencia a una buena dosis de Filosofía. ¿Dónde está su espíritu crítico? ¿Acaso puede detectarse en alguna manifestación de nuestra vida social? ¿No será, más bien, que el tan cacareado espíritu crítico se introduce más a través de una metodología crítica y racional que a través de unos determinados contenidos?
3. Si examinamos los documentos oficiales que desarrollan el currículo de ESO y Bachillerato, tanto los actuales (LOMCE) como -más aún- los anteriores, nos llevaremos alguna sorpresa. Resulta que en sus altisonantes epígrafes (objetivos, contenidos, métodos, criterios de evaluación, etc.) aparece absolutamente TODO: contenidos enciclopédicos, metodología activa y participativa, contraste crítico de distintas fuentes de información, uso de debates, exposiciones, etc., multiplicidad de instrumentos de evaluación, más allá del clásico examen … Insisto: se trata de la normativa oficial, que el profesorado –se supone- debe seguir en la programación de sus clases. ¿Qué sucede entonces?
En mi opinión, sucede que la escuela es una institución mucho más conservadora de lo que aparenta, dotada de mucha inercia y –todo hay que decirlo- sensible a las presiones de la sociedad. Júntese una administración que no prioriza precisamente la formación de una ciudadanía responsablemente crítica, un profesorado formado en un contexto diferente de aquel en que tiene que jugar, y una sociedad que cree alcanzar el paraíso meritocrático a través de títulos y certificados. ¿Resultado? A veces pienso que estamos demasiado bien.
4. Puestos a hablar de una asignatura sobre pensamiento crítico, ¿qué les parecería esta? Una en la que se enseñaría por ejemplo, la aventura, a veces dramática, de sabios como Galileo, Darwin o Wegener, que, contra las convenciones y tradiciones de su época, hicieron avanzar nuestra comprensión del Universo, la Tierra o la Vida. Una en la que esto se enseñara manipulando colectivamente distintas fuentes de información, siguiendo pautas de contraste de hipótesis, discusión y elaboración de conclusiones similares en racionalidad a las del trabajo científico. Una en la que se examinaran críticamente, y desde distintos ángulos, algunos de los grandes problemas de la humanidad en los que el conocimiento científico tiene algo que decir: el calentamiento global y sus consecuencias, el agotamiento de los recursos naturales, las nuevas enfermedades, la gestión del agua, las distintas fuentes de energía, la producción y distribución de alimentos, el futuro de las nuevas tecnología, … ¿Creen que esta asignatura podría contribuir significativamente a la formación de una mentalidad crítica entre nuestros jóvenes?
Esta asignatura existió. Se llamaba “Ciencia para el Mundo Contemporáneo” y era obligatoria en Primero de Bachillerato, para todas las modalidades. Duró escasamente siete años. La instauró la penúltima reforma educativa y la eliminó de un plumazo la última.
5. Permítanme contarles una reciente experiencia personal. Enseño, entre otras, una materia llamada “Cultura Científica”, versión reducida (solo dos horas semanales) de la anterior y –lo más importante- optativa que cursa solo una parte del alumnado. Hace unos días comenzamos a desarrollar un debate estructurado (recalco lo de “estructurado”) sobre el sistema de patentes que regula la producción mundial de medicamentos. Los alumnos se organizaron en grupos - pequeños en una primera fase y más grandes después – y tuvieron que estudiar ciertos documentos proporcionados por el profesor, además de buscar otros distintos por su cuenta. A continuación, tuvieron que preparar argumentos favorables y contrarios a dicho sistema, para pasar a debatirlos en gran grupo con arreglo a unas determinadas pautas. Cuando el debate finalice, tendrán que elaborar y presentar unas conclusiones grupales y, además, escribir un corto informe individual en el que cada uno evalúe la actividad.
No les canso con más detalles; simplemente pregunto: ¿podemos considerar esta actividad como formación en pensamiento crítico? La asignatura se llama “Cultura Científica”, y yo soy profesor de Biología. Por supuesto, también podría haber resuelto el tema haciendo que el alumnado se leyera las páginas 72 y 73 del libro de texto, o que me hicieran un trabajito, quizá en powerpoint, que queda muy chulo. Justo lo que hace algún profesor de Filosofía, alguno otro de Historia y otros de Biología.
En fin, como imagino se habrán dado cuenta, el asunto es complejo y, cuando se entra en él, aparecen inevitablemente otras cuestiones centrales del sistema educativo, que para eso es un "sistema" formado por muchos elementos que interaccionan. Tengo la manía de tratar el tema en relación con su contexto y con otros problemas relacionados (una manía propia del pensamiento crítico, ya saben), y así me va.
Les deseo unas felices y jugosas reflexiones.


domingo, 11 de marzo de 2018

EL REGGAETÓN

Que existe esa canción que te hace llorar cada vez que la escuchas no es ningún secreto. El secreto es el por qué. ¿Qué efecto produce la música que escuchamos en nuestro cerebro? Escuchar música clásica durante, al menos, media hora al día proporciona al cerebro un mejor ambiente para desarrollar ideas y restablecer conexiones neuronales, mejorar la concentración y el proceso de aprendizaje. A su vez, la salsa relaja y activa al mismo tiempo, el rock provoca fuerza por el aumento de adrenalina y el reggaetón causa el placer y la tranquilidad del oyente. Sin embargo si la música no es de agrado personal podría producir el efecto contrario. De cualquier modo, asegurar que el único influyente en nuestro estado de ánimo es el ritmo sería mentir. La psicóloga infantil Daniela Muñoz asegura que los menores de doce no comprenden el significado de estas letras e imágenes sexuales y que, por lo tanto, afectan a su mente y sus sentidos. Asegura que el reggaetón y, más concretamente, las canciones sexualizadas, angustia a los niños y provoca un impacto negativo en su desarrollo cognitivo, pues dice que, para los niños, la música debe ser apropiada y cumplir con un objetivo formativo, promover el aprendizaje y la identificación con modelos adecuados de conducta. Esto se debe a que a tan temprana edad no comprenden el significado de las letras y las imágenes complejas, agresivas o sexuales. Una de cada cuatro mujeres ha sufrido acoso sexual en el transporte público. Más de 750 millones de niñas fueron casadas siendo menores de dieciocho años. Unas 120 millones de mujeres, dos de cada tres, han sufrido violaciones o agresiones sexuales a lo largo de sus vidas. 200 millones de mujeres sufren o han sufrido mutilación genital. Ocho de cada diez fueron mutiladas antes de cumplir los cinco años. Las mujeres y niñas suponen el 71% del conjunto de las víctimas de trata de seres humanos, y tres de cada cuatro son raptadas para fines sexuales. Una de cada diez mujeres (únicamente europeas) aseguran haber sufrido ciberacoso a la edad de 15 años, siendo que desconocidos enviaban mensajes exigiendo fotografías de sus pechos o vídeos de sus masturbaciones. Una de cada cuatro niñas asegura no sentirse protegida en los servicios escolares, temiendo que algún compañero las moleste. En 2015 el 23% de las universitarias estadounidenses aseguraron haber sufrido algún tipo de acoso durante su estancia en las residencias; el 28% de las denuncias realizadas por las alumnas fue ante los funcionarios del campus. El 70% de mujeres ha sufrido algún tipo de maltrato por parte de su pareja. Es de conocimiento común que lo que oímos y lo que vemos afecta a nuestro comportamiento y, ¿quién no se indigna al escuchar que otra mujer ha sido asesinada a manos de su pareja? Indignarse ya no es suficiente. Debemos tener el conciencia suficiente para ser críticos con lo que nuestros hijos e hijas ven en internet. Las canciones que normalizan la cosificación y el abuso de la mujer deberían erradicarse. El asesinato es tan sólo la punta del iceberg; tenemos que escandalizarnos ante el mínimo atisbo de machismo porque es el momento en el que este problema aún se podría arreglar. FUENTES: http://cnnespanol.cnn.com/2013/01/18/como-afecta-a-tu-cerebro-cada-genero-musical/ ; https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1412656.el-reggaeton-afecta-la-mente-de-los-ninos.html ; http://www.unwomen.org/es/what-we-do/ending-violence-against-women/facts-and-figures
Ana Álvarez

miércoles, 7 de junio de 2017

INCLUSIÓN EN LA ESCUELA


La educación pública es un derecho básico para todas las personas, incluyendo aquellas con discapacidad, entre ellas las personas con Síndrome de Down.

Es muy importante el hecho de que desde los inicios de la educación, las personas con discapacidad (P.C.D) se encuentren en un aula ordinaria, pues lo contrario sería aislarles en un aula específica o “abierta”. En estas aulas solo se hayan personas con discapacidades muy diferentes, es decir, no solo se agrupan personas con Síndrome de Down o solo personas autistas, es un grupo bastante heterogéneo.

Esto no hace otra cosa que apartarles de los demás y no les hace ningun bien a ellos ni a los que no somos P.C.D.

El hecho de estar en una clase ordinaria es complicado pero necesario para poder entender que en el día de mañana en la calle, en el autobus, en el trabajo, etc... todos vamos a convivir juntos independientemente de nuestras diferencias.

Como hemos dicho antes esto no es una tarea fácil, pues implica un gran esfuerzo por parte de las P.C.D, sus compañeros y aún mayor del profesorado.

El centro debe contar con una plantilla que este dispuesta a asumir este esfuerzo y a dejarse ayudar cunado sea necesario. El profesor con un alumno con discapacidad debe adaptar el temario a su nivel, para que este haga el mismo trabajo que sus compañeros teniendo en cuenta sus capacidades.

En conclusión, una P.D.C no es una persona inutil, es tan util como otra persona cualquiera si dedicamos el tiempo y esfuerzo requerido para hacer que se sientan así.
Ana Ríos.
Marta Rojas.


sábado, 30 de julio de 2016

UNA VISIÓN DEL PROFESORADO / AN INSIGHT ON TEACHERS


“Y luego estaban los profesores. Había que verlos. Unos parecían descorazonados, otros cansados o aburridos, otros lo confiaban todo a la severidad y a la eficacia, y otros fingían un dinamismo que quería ser sincero y contagioso, pero que a Lino le recordaba a esos payasos de circo que, de pueblo en pueblo, se esfuerzan cada noche en divertir a la concurrencia porque no tienen otra opción, porque ese es su oficio y en él han de poner lo mejor de su talento, de su pasión, de sus a veces escasas energías.”

Luis Landero: Absolución.

Este fragmento, obra de uno de mis escritores contemporáneos favoritos, es digno de atención. Ni comparto ni dejo de compartir esta visión del profesorado. Simplemente, me parece algo sobre lo que debemos reflexionar, lejos de topicazos pseudohumanistas y de informes burocráticos al gusto de la inspección.

sábado, 14 de mayo de 2016

"PORQUE MI VIDA VA A SER ..."


Sucedió ayer en un instituto de un barrio obrero de mi ciudad. Fátima es una niña de 13 años, de origen marroquí, que estudia 1º de ESO. Hasta hace poco participaba en clase y hacía sus tareas, aunque tenía algunas dificultades derivadas de su escaso conocimiento del castellano.
Últimamente, Fátima no hace sus tareas. Hoy tampoco las ha hecho, y la profesora le pregunta por qué. Fátima agacha la cabeza. La profesora intuye que algo no marcha bien e insiste: “Fátima, mírame. ¿Qué pasa? ¿por qué no trabajas en casa?”. De repente, Fátima alza la cabeza con brusquedad y responde: “Porque mi vida va a ser una mierda”. En ese momento, otra niña que está sentada más atrás interviene: “Y la mía”. Le sigue otra más –“y la mía” – y otra, y otra …
La profesora, con el corazón encogido, intenta que le expliquen por qué creen eso. El diálogo es confuso, porque también lo son los pensamientos de las muchachas cuando intentan racionalizar esa impresión. Parece claro, sin embargo, que contemplan su futuro en el espejo del presente de sus padres: paro, pobreza, ninguna perspectiva de mejora.
Creo que tenemos una responsabilidad para con Fátima y las demás niñas: la de construir una sociedad más humana y acogedora, más “de todos y para todos”.
Mañana, otra vez, es 15 – M.

domingo, 21 de septiembre de 2014

SOBRE RICHARD DAWKINS, ATEISMO Y ESCEPTICISMO / ON RICHARD DAWKINS, ATHEISM AND SKEPTICISM


En el suplemento cultural Babelia, del diario El País, se ha publicado una entrevista al biólogo Richard Dawkins, renombrado divulgador de la evolución y ateo militante. La figura de Dawkins ha trascendido el campo de la ciencia (por eso aparece en este diario, que últimamente no se prodiga mucho en contenidos científicos) precisamente por su interés en llevar el pensamiento crítico y escéptico al campo de la educación. El entrevistador, Ricardo de Querol, nos recuerda la campaña patrocinada por Dawkins en 2009 que llevó a los autobuses londinenses anuncios con el lema: “Probablemente no hay Dios. Deja de preocuparte y disfruta de la vida”.

Lo que me ha parecido interesante de esta entrevista es su distinción entre agnosticismo y ateísmo, que no se sale de lo comúnmente admitido. Para Dawkins, como para la mayoría, un agnóstico no se define con respecto a la existencia de algún tipo de dios. En general (esto lo añado yo) cree que no es posible saber racionalmente si existe algún ser divino. En la práctica, esto le lleva a prescindir completamente de la idea de dios.

Una persona atea, por el contrario, cree positivamente que no existe ningún tipo de divinidad. Aquí es donde aparece una dificultad, a la vez lógica y ontológica. ¿Se puede demostrar la existencia de algo que no es perceptible, ni directa ni indirectamente, a través de los sentidos? No estamos hablando de un triángulo equilátero o cualquier otra forma geométrica ideal, sino de un ser del que postulamos su capacidad creadora y en muchas religiones, su omnisciencia, su omnipotencia y su providencia.

La cuestiós podría aclararse con una analogía. Imaginemos el siguiente diálogo entre dos sujetos, A (ateo) y B (beato):

B: En esta habitación viven 40 duendes. Son como enanitos traviesos que juguetean sin parar y se nos suben encima, nos hacen cosquillas, que nos llevan a estornudar,…

A: ¡Un momento! Yo nunca he visto esos enanitos. Es cierto que a veces toso, estornudo y siento picores, pero eso se puede explicar de otras maneras.

B: Bueno, lo que pasa es que los enanitos son invisibles. Por eso no sabes de su existencia.

A: Vale, son invisibles. Pero, de alguna manera, se podrán detectar. No sé: cámaras de infrarrojos, microscopios, espectroscopios,… algún dispositivo que permita registrar alguna de sus propiedades.

B: No. No están hechos de átomos, es decir, de materia. No absorben ni emiten radiación. No tienen ningún tipo de energía registrable por ningún aparato. Viajan por el espacio y por el tiempo a voluntad. No hay manera humana de detectarlos, a no ser, claro está, que ellos quieran manifestarse a los humanos. Además, tienen más superpoderes que Superman.

A:  No puedo admitir que existan estos duendes que no puedo percibir.

B:  Eres un escéptico materialista, incapaz de abrirte a la dimensión espiritual de la existencia. Demuestra que los duendes no existen, si es que eres capaz.

A: Eres tú quien tiene que demostrar su existencia.

B: ¿Acaso no conoces la riquísima tradición de apariciones de estos duendes, que se remonta a milenios? ¿No sientes el encantamiento de esta habitación sagrada en la que moran? ¿Por qué te cierras a la inefable experiencia de entregarte a estos seres todopoderosos, expresada desde tiempo inmemorial por profetas, místicos y venerables sabios?

¿Es A quien debe demostrar la inexistencia de los duendes o, por el contrario, es B quien tiene que demostrar su existencia?

Sea cual sea la respuesta que demos a esta pregunta, o las contrapropuestas que formulemos, merece la pena leer a Richard Dawkins, especialmente su libro “El espejismo de Dios”. Analizar sus argumentos, ya sea para aceptarlos o para contraargumentar, nos hará sin duda un poco más sabios.

domingo, 27 de octubre de 2013

WHY EVOLUTION IS SO IMPORTANT? / ¿POR QUÉ LA EVOLUCIÓN ES TAN IMPORTANTE?

Este pequeño texto me sirve como introducción a la unidad didáctica sobre Evolución en la asignatura "Ciencia Para el Mundo Contemporáneo" de 1º de Bachillerato. Aquí lo dejo a disposición de quien pueda sentirse interesado en este tema y dispuesto a debatirlo.

Hasta los siglos XVI – XVII priman en Europa cosmovisiones antropocéntricas, que colocan a nuestra especie (más aún, al hombre europeo y cristiano) en el centro del Universo, que estaría completamente subordinado a él. Esta visión del mundo fue desmontada por los avances de la ciencia, y lo fue en dos períodos diferenciados:
1º En los siglos XVI y XVII, la revolución científico-tecnológica llevó a la sustitución del modelo geocéntrico del universo por el heliocéntrico. A partir de este momento, la Tierra es vista como uno entre los muchos objetos que giran en la inmensidad del Universo, siguiendo las mismas leyes físicas (gravedad) que rigen a todos los cuerpos celestes. Se acabó la singularidad de nuestro planeta.
2º En el final del siglo XVIII y a lo largo del XIX, las ideas fijistas sobre la Tierra y la vida, que consideraban a ambas inmutables, ceden el paso a las evolucionistas. El planeta y los organismos que lo pueblan cambian a lo largo del tiempo, siguiendo leyes (selección natural, actualismo geológico) que pueden ser desentrañadas por la ciencia. La especie humana no es una excepción: tuvo un origen biológico a partir de otras especies animales. Se acabó la singularidad del ser humano.
Los avances científicos son resultado de una aventura colectiva protagonizada por personas, muchas de ellas anónimas. No obstante, es importante conocer los nombres y hazañas intelectuales de algunos de estos científicos que han pasado a la posteridad. Si la revolución científica de los siglos XVI y XVII popularizó los nombres de Copérnico, Kepler, Galileo y Newton – entre otros muchos – el evolucionismo posterior debe mucho de su empuje a Hutton, Lyell, Lamarck, Darwin y Wallace.
Si nos centramos en la Evolución, su importancia no se reduce solamente a la historia de las ideas. Todas las ciencias experimentales se articulan en torno a una o dos grandes teorías (algunos filósofos de la ciencias las llamarían paradigmas) que ocupan un lugar central en la disciplina. Estas teorías no están construidas de una sola pieza y para siempre, sino que se enriquecen continuamente en detalles y refinamientos. Cada una de ellas explica, directamente o a través de sus derivaciones, la mayor parte de los fenómenos naturales que estudia esa disciplina. Pues bien, la Evolución ocupa desde hace bastantes decenios ese lugar central en la Biología y ciencias relacionadas. No se podrían entender los desarrollos actuales de disciplinas aparentemente tan alejadas como la Inmunología, la Neurología o la Ecología sin recurrir a la Evolución.
 

sábado, 22 de junio de 2013

APRENDIENDO A CAMBIAR EL MUNDO ENTRE TODOS

La cosa empezó a gestarse en Febrero de este año. En esos días trabajaba con mi alumnado de 1º de Bachillerato el tema de las enfermedades infecciosas, especialmente las que son endémicas en las regiones más empobrecidas de nuestro planeta. La asignatura en la que esto sucedía es Ciencia para el Mundo Contemporáneo, materia común a todo el alumnado-sea cual sea su itinerario: Humanidades, Ciencias Sociales, Ciencias e Ingeniería, etc. – en ese curso. Para quien no lo sepa, debo decir que ésta es una asignatura muy mal recibida por los sectores integristas y ultraconservadores que siempre revolotean en torno al sistema educativo. Sin ir más lejos, el obispo de Granada declaró hace unos años que “…es peor que la Educación para la Ciudadanía”. Supongo que este señor estará ahora más satisfecho, puesto que el anteproyecto de la LOMCE (la también llamada “ley Rouco-Wert”, ya sabéis) la ha suprimido del currículo del Bachillerato. Al parecer, no es importante que los jóvenes con estudios medios y superiores sepan valorar la importancia social de la ciencia.
En esos días debatimos en clase la importancia de la investigación encaminada a prevenir y curar enfermedades como la malaria, leishmaniasis, kala-azar, etc. También discutíamos el conflictivo asunto de las patentes que grandes multinacionales farmacéuticas detentan y la posible oportunidad de liberarlas para que tratamientos como los antirretrovirales contra el SIDA estén al alcance de todo el mundo. Los propios alumnos se documentaron, formularon argumentos a favor y en contra de las distintas opciones, y las debatieron ampliamente. Como veis, una asignatura peligrosa.
Pues bien, durante el desarrollo de esta actividad pude constatar algo que no era nuevo para mí, pero que en esta ocasión se presentaba ante mis ojos con especial intensidad. Me refiero al hecho de que la totalidad de mis estudiantes mostraban un total y escandaloso desconocimiento de lo que son los poderes públicos, la Administración a sus distintos niveles, y la diferencia entre ésta, las empresas privadas y los colectivos ciudadanos. Llegaban al extremo de exigirle a una asociación de vecinos lo que debería ser competencia de un ministerio, al ministerio o consejería lo propio de una empresa privada, y a ésta lo que habitualmente hace una ONG. Todas las instancias que acabo de mencionar eran vistas como parte de la misma vaga nebulosa que planea sobre sus cabezas y que podrían haber descrito como “los que mandan”, “los que tienen el dinero”, o, simplemente, “los de arriba”.
No es que este desconocimiento del mundo que les rodea me resultara nuevo. Llevo demasiados años en la enseñanza como para no conocer la mentalidad y grado de conciencia social del alumnado con el que trabajo. Sin embargo, esta vez había unas circunstancias que lo hacían especialmente llamativo. El grupo en cuestión estaba formado por jóvenes de unos 17 años, de un entorno urbano, en su mayoría hijos de funcionarios, pequeños comerciantes, técnicos especializados, etc. Además, casi todos son buenos estudiantes, están familiarizados con las nuevas tecnologías, han salido más de una vez al extranjero (participan en el programa bilingüe inglés-español de mi centro) y, lo que quizá sea más importante, tienen unas elevadas expectativas profesionales. En definitiva, lo que yo creía percibir en esos días es que estos futuros médicos, ingenieros, periodistas, enfermeros, profesores, traductores, etc. no distinguían una ONG de un Ministerio, no sabían qué puede esperarse de cada una de estas entidades y - peor aún – ni se les pasaba por la cabeza la posibilidad de agruparse en alguna asociación y trabajar colectivamente para mejorar cualquier aspecto de nuestra vida.
En esos días andaba yo reflexionando sobre lo que me parecía uno de los múltiples fracasos de la escuela (no preparar para la vida, al menos en su dimensión de compromiso con la realidad social de nuestro entorno) cuando escuché en distintos medios el ya famoso preámbulo del anteproyecto de la LOMCE que, en su primera redacción, insistía tanto en la competitividad y el fomento de la “cultura emprendedora”. En algún momento, en algún lugar de mi córtex prefrontal, mis redes neuronales debieron conectar la preocupación por la falta de conocimiento y compromiso social en mis clases con esto de preparar para “emprender” y … ¡zas! Se me ocurrió lo que tenía que habérseme ocurrido muchísimo antes: ¿Por qué no simulamos en clase la puesta en marcha de una ONG?
No es la primera vez que, en esta o en otra asignatura, abordaba un juego de rol o de simulación para introducir al alumnado en una realidad compleja. Otros años hemos trabajado con esta técnica conflictos ambientales, de salud pública, etc. Esta vez, sin embargo, íbamos a embarcarnos en la constitución de un colectivo para intervenir directamente en el mundo en que nos ha tocado vivir, con la intención de mejorarlo, claro está. ¿Qué mejor introducción a la cultura emprendedora, señor Wert?
Os ahorraré los detalles acerca de la planificación de este juego. Baste decir que a mis alumnos y a mí nos ha faltado tiempo para desarrollarlo en profundidad, así que los resultados deberían considerarse sólo un avance de lo que espero poner en práctica en los próximos cursos. A continuación encontraréis un esbozo de lo que ha sido esta simulación.
Para empezar, se me planteaba un problema importante. ¿Qué tipo de asociación o colectivo íbamos a fundar (simuladamente) mis estudiantes y yo? Al estar incluido este juego en una asignatura de Ciencia para la Ciudadanía, el ámbito de actuación de la asociación debería ser tal que permitiera aplicar conocimientos científicos de los trabajados en esta u otras asignaturas. Finalmente, decidí que pondríamos en marcha tres asociaciones diferentes: un grupo ecologista, una asociación de apoyo a pacientes de enfermedades raras y sus familiares, y una ONG de ayuda a una región de África.
Los estudiantes que trataran de poner en marcha un grupo ecologista tendrían que poner en juego sus conocimientos de temas como los impactos ambientales en las grandes ciudades, la gestión del agua, las energías renovables, el calentamiento global, etc. Por su parte, quienes se agrupaban en la asociación de familiares de pacientes de enfermedades raras tendrían que profundizar en el concepto de enfermedad, los tipos de enfermedades y su repercusión social, con una atención especial a las enfermedades hereditarias y a algunas enfermedades mentales. Finalmente, los miembros de la ONG de ayuda a cierta región de África tendrían ante sí una ingente tarea: decidir qué dispositivos de energías renovables utilizarían para abastecer una escuela y un centro de salud situados en el casi inaccesible macizo de Yadé (República Centroafricana); diseñar un sistema barato y práctico de potabilización de agua, así como un conjunto de medidas para abastecer de agua potable a varios núcleos rurales, con objeto de frenar la propagación de ciertas enfermedades infecciosas; poner a punto un programa de lucha contra la erosión del suelo y la consiguiente desertización, que en esta región del mundo constituye uno de los mayores factores ambientales y antrópicos generadores de pobreza.
En las tres asociaciones, mis estudiantes tuvieron que documentarse sobre los requisitos legales (ley de Asociaciones de Andalucía de 2006, entre otras) para constituir una asociación de utilidad pública. Tuvieron que redactar unos estatutos, hacer una asamblea y elegir una Junta Directiva, definiendo las funciones de cada uno de sus miembros. También tuvieron que definir los tipos de socios, las cuotas que pagarían, las relaciones que mantendrían con otros colectivos (federarse o no federarse con ellos) y con la Administración (solicitud de subvenciones para proyectos concretos, vigilancia crítica de ciertas políticas públicas). Naturalmente, tuvieron que elaborar un presupuesto, detallando fuentes de financiación realistas. Pero tal vez lo más importante es que tuvieron que discutir y aprobar un plan de acción para dos años, definiendo claramente sus objetivos prioritarios, los medios que emplearían para lograrlos (incluyendo la financiación) y los resultados tangibles que esperaban obtener.
¿Os parece exagerado? A ellos no se lo pareció. Lo hicieron francamente bien, teniendo en cuenta el escaso tiempo con el que contaron, así como la carga de trabajo que, a finales de este curso, les imponían las demás asignaturas. Espero que los resultados se puedan exponer de manera pública en un foro educativo próximamente, pero, en cualquier caso, estaré encantado de ampliar información sobre esta experiencia a quien me la solicite. Lo más importante, para mí, es que una treintena de jóvenes que antes de la actividad desconocían por completo el mundo del asociacionismo y jamás se habían planteado la posibilidad de trabajar colectivamente para mejorar el mundo, lo ven ahora como algo factible y –espero que al menos en algunos casos – deseable. Tal vez alguno de ellos se comprometa en un futuro con algún movimiento de intervención social, y quizá convenza a alguien más para que haga lo mismo. Si esto no es “espíritu emprendedor”, que venga Wert y lo vea.
 
Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons