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jueves, 8 de febrero de 2024

Evolución. ¿Serendipia o Historia de las ideas? / Evolution: Serendipity or History of ideas?

 ¿No os parece que la serendipia está sobrevalorada en el mundo de la divulgación científica? El hallazgo fortuito, la coincidencia, el azar,…, todo ello parece estar detrás de muchos de los grandes descubrimientos científicos, si nos atenemos a los relatos divulgativos. Recuerdo incluso que, hace algunos años, una periodista interesada en la divulgación científica me propuso hacer una serie de programas radiofónicos con este mismo título (Serendipia) y enfoque: la casualidad en la historia de la Ciencia.

El bergantín Beagle  (Wikipedia)

Sinceramente, desconozco la razón de este fenómeno, que parece afectar sobre todo a los periodistas dedicados a la divulgación científica. De la manzana de Newton al sueño de Kekulé, la idea del hallazgo casual que cambia la historia parece demasiado poderosa como para resistirse a ella. El problema es que, sin negar las casualidades, la Ciencia no funciona así. Centrándonos en las teorías científicas, estas se gestan sobre un sustrato empírico, pero también requieren de un ambiente intelectual propicio.

Un ejemplo claro de esto puede encontrarse en la idea de evolución biológica. La aportación de Darwin es, sin duda, extraordinaria, pero hay que situarla en su marco temporal.  Pensemos en Aristóteles. El filósofo griego era también un finísimo observador del medio natural, y disponía de datos empíricos más que suficientes para formular una hipótesis evolutiva sobre el origen de las distintas especies. Entonces, ¿Por qué Darwin y no Aristóteles? Más aún, ¿por qué, en unos pocos decenios, Lamarck, Saint-Hilaire, Humboldt, Von Baer, Hutton, Wallace y una pléyade de pensadores más o menos evolucionistas que aparecen, casi de repente, por toda Europa?

Sintetizando mucho lo que a continuación se expone con algo más de detalle, podemos decir que la idea de cambio evolutivo encontró su sustrato empírico en las características de la enorme biodiversidad descubierta para los europeos por las expediciones científicas de los siglos XVIII y XIX. En cuanto al ambiente intelectual propicio, apareció en esta misma época de la mano de la Revolución Industrial y los vertiginosos cambio sociales, políticos, económicos y tecnológicos que acontecieron. Nada de esto se daba en la Grecia del siglo IV a. C..

Todo esto aparece explicado en el siguiente texto, que escribí hace unos años para el alumnado de la asignatura Cultura Científica de 1º de Bachillerato, y que reproduzco a continuación.

 

Las especies no cambian. Nadie ha visto que de un animal nazca otro de distinta Las especies no cambian. Nadie ha visto que de un animal nazca otro de distinta especie. Los perros siempre engendran perros, y de las semillas de manzana siempre germinan manzanos. Por otro lado, los grabados más antiguos de nuestros antepasados (por ejemplo, los de los antiguos egipcios, con más de 5000 años) muestran animales y plantas idénticos a los actuales.

 Las anteriores palabras podrían haber sido pronunciadas por un científico fijista, como lo eran todos hasta fines del siglo XVIII. El fijismo (los seres vivos no cambian) se basa en el sentido común, por lo que es difícil desmontarlo. Además, la aparente inmutabilidad de las especies se complementaba muy bien con la idea de un planeta muy joven, de solo unos 6000 años de edad, que parecía desprenderse de la interpretación literal de la Biblia.

 A fines del siglo XVIII ya se habían descubierto muchísimos fósiles, y algunos sugerían la existencia en el pasado de organismos muy distintos a los actuales. Algunos de estos fósiles correspondían claramente a animales marinos, pero se encontraban en lo alto de montañas y en regiones muy alejadas del mar. Todo ello podría interpretarse como una prueba de que las especies animales y vegetales cambian con el tiempo, es decir, evolucionan. Sin embargo, no fue así. Desde su mentalidad fijista y creacionista, los científicos de la época buscaron explicaciones que no chocaran con sus ideas. Por ejemplo, el gran paleontólogo francés Cuvier imaginó la historia de la Tierra y de la vida como una sucesión de catástrofes y creaciones sucesivas. En cada catástrofe, asociada a un diluvio, se extinguía toda la fauna. A continuación, Dios creaba una nueva fauna formada por especies nuevas. Cualquier hipótesis era preferible antes que admitir cambios evolutivos.

Charles R. Darwin en su madurez.

 Sin embargo, desde finales del siglo XVIII hasta mediados del XIX, en diferentes países europeos surgieron muchos sabios y científicos que, con más o menos claridad y rigor, empezaron a cuestionarse el fijismo y a proponer la existencia de cambios temporales en los seres vivos. En Francia (Buffon, Lamarck, Saint-Hilaire), Alemania (Humboldt, Von Baer) o Gran Bretaña (Erasmus Darwin, Hutton, Charles Darwin, Wallace), son muchos quienes empiezan a imaginar una Tierra y una vida en continuo cambio desde tiempos que cada vez parecen más remotos. ¿Por qué surge esta corriente de pensamiento de manera aparentemente tan repentina y en tantos países?

 En la época a la que nos referimos, los imperios coloniales europeos están en pleno desarrollo. A los que anteriormente existía (portugués, español, holandés), hay que sumar la acelerada expansión colonial de Gran Bretaña y Francia. Las grandes potencias coloniales, interesadas en engrandecer sus respectivos imperios, financian expediciones científicas de largo alcance: Cook, Malaspina, Bouganville, etc. Los objetivos de estas expediciones eran diversos, aunque siempre dentro del interés colonial: encontrar nuevos recursos que explotar, elaborar mapas de los dominios más remotos, hallar vías de comunicación seguras, etc.

 

Uno de los resultados de estas expediciones fue el hallazgo de una sorprendente y enorme biodiversidad. Los barcos regresaban cargados con cientos y cientos de plantas y animales nunca vistos en Europa hasta el momento. Muchas de estas especies mostraban a adaptaciones a climas y ambientes muy distintos de los europeos, pero, al mismo tiempo, guardaban importantes similitudes con la fauna y flora propias de las metrópolis. Todo ello podía, ciertamente, interpretarse como el resultado de una complicadísima creación divina. Sin embargo, también cabía otra posibilidad: suponer que las especies se habían hecho más diversas conforme tenían que adaptarse a cambios ambientales o colonizar nuevos territorios, es decir, suponer que los seres vivos cambian.

J. B. Monet, caballero de Lamarck

Mientras todo esto sucedía, a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, la historia europea da un vuelco y parece sufrir una vertiginosa aceleración. Acontece la Revolución Industrial. En unos decenios se suceden desarrollos tecnológicos que cambiarán rápidamente la faz de la Tierra, las costumbres y los estilos de vida: la máquina de vapor, el barco de vapor, el ferrocarril, la fotografía, el telégrafo, … En los planos político, económico y social, los cambios son igualmente gigantescos. Se suceden las revoluciones, nuevos regímenes políticos, repúblicas y monarquías constitucionales, migraciones masivas del campo a la ciudad, grandes concentraciones industriales, etc. Aparece una nueva clase social – el proletariado industrial – y un nuevo sistema económico – el capitalismo – toma las riendas del mundo. El viejo mundo se tambalea y cae rápidamente. La idea de cambio penetra todos los ámbitos de la vida.


 No es extraño, pues, que en este momento de la historia europea muchos científicos, de manera independiente, se atrevan a aplicar la idea de cambio a la naturaleza. Los fósiles, la diversidad de plantas y animales a lo largo de los continentes, las semejanzas anatómicas entre organismos separados por océanos y viviendo en climas tan distintos, …. Todo ello comienza a ser examinado desde un punto de vista más dinámico, que acepta la posibilidad de que la Tierra y la vida que esta alberga, cambien progresivamente. En consecuencia, cuando Darwin publica, en 1859, El Origen de las Especies, la aceptación de sus tesis centrales será solo cuestión de unos pocos decenios.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

EL VIAJE DE CHARLES R. DARWIN ALREDEDOR DEL MUNDO / THE VOYAGE OF THE BEAGLE

Un documental que narra, a través del viaje de Darwin en el bergantín Beagle, la gestación de sus ideas evolutivas.
Otro documental, más completo aunque quizá no tan atractivo para alguien que se acerque por primera vez al tema:

lunes, 17 de octubre de 2016

VOYAGE OF THE BEAGLE

The second of a series of short, simple and easy to understand documentaries about evolution.
Discover how Darwin's curiosity, his passion for natural history, his voyage on the Beagle, and his use of the scientific process led to the publication of his groundbreaking book.

domingo, 29 de diciembre de 2013

WHY DARWIN AND NOT ARISTOTLE / POR QUÉ DARWIN Y NO ARISTÓTELES

Si nos hiciéramos las preguntas realmente fecundas para hacer avanzar nuestra comprensión de la historia de la Ciencia, una de ellas sería seguramente ésta. Para formular una teoría evolutiva no se necesitan grandes desarrollos tecnológicos ni  tampoco un sofisticado aparato matemático: basta con un conocimiento de la diversidad de seres vivos y un agudo sentido de la observación aplicado al medio natural.
Tanto Aristóteles como Darwin disponían de ambas cualidades en grado sumo. Es cierto que Aristóteles, a diferencia de Darwin,  no conoció los cinco continentes y la inmensa biodiversidad que albergan. Sin embargo, estaba familiarizado con la multitud de formas de vida que poblaban el mar Egeo, e incluso las estudió con detenimiento. Algunas observaciones de Aristóteles sobre el ciclo de vida de Moluscos y Equinodermos no fueron confirmadas por la Biología hasta el siglo XIX. Así pues, no le faltaban conocimientos sobre los seres vivos como para preguntarse por su origen y elaborar, al menos, una hipótesis evolutiva. Sin embargo, no se encuentra nada de ello en sus obras. ¿Por qué?
La respuesta que nos proporciona la historia de la ciencia y del pensamiento es, dicho de manera breve y tosca, que a Aristóteles le faltaba un marco conceptual dinámico, algo que no se desarrolló hasta la Edad Moderna. Dicho en términos más gráficos, Aristóteles - como casi todo el mundo en su época - observaba la naturaleza a través de unas "gafas" fijistas.  Esta entrada trata de mostrar, muy sucintamente, cómo se creó el clima conceptual que permitió el florecimiento de diversas teorías evolutivas en el siglo XIX.
 
En la actualidad se conocen casi dos millones de especies diferentes, pero los especialistas en biodiversidad estiman que el número de especies existentes es muy superior, tal vez de unos diez millones. Explicar el origen de tal variedad de formas de vida constituye uno de los grandes problemas que debe intentar resolver la Biología.
Sin embargo, el origen de las especies no ha sido percibido como un problema hasta, al menos, fines del siglo XVIII. Durante los siglos anteriores, la ciencias de la naturaleza se guiaban por concepciones propias del sentido común. De una gata nacen gatos (nunca perros ni conejos) y de una yegua, caballos (nunca asnos ni cebras). Los papiros y frescos egipcios, de hasta 5000 años de antigüedad, muestran los mismos chacales, halcones, vacas, palmeras, etc. que pueden verse hoy en día. Todo lo anterior fundamenta la idea – de sentido común – de que las especies no cambian. A esta forma de pensamiento biológico se la conoce como fijismo.
Por otro lado, hasta por lo menos la época de la Ilustración (siglo XVIII en Europa), el pensamiento sobre la naturaleza estaba muy influido por las explicaciones míticas y religiosas, que, en casi todas las culturas, consideran a la vida como una creación divina. En Europa, el relato bíblico, común a todas las religiones cristianas, establecía que tanto la Tierra como los seres vivos habían sido creados por Dios hace unos 6000 años. Esta forma de pensamiento, conocida como creacionismo, alimentaba la cultura y la ciencia europeas, reforzando las ideas fijistas de sentido común.
Sin embargo, a fines del siglo XVIII, las ideas sobre la naturaleza comenzaron a cambiar. Las expediciones científicas que los imperios coloniales efectuaron por todo el mundo dieron a conocer en Europa la enorme variedad de formas de vida existente en Sudamérica, África, Asia Oriental, Oceanía, etc., y – lo que quizá sea más asombroso – su extraordinario ajuste a las condiciones climáticas y ambientales de cada lugar. Además, el descubrimiento de multitud de fósiles de animales muy diferentes a los actuales hacía pensar en una Tierra mucho más vieja de lo que el relato bíblico hacía suponer. Por último, la idea de cambio se hacía presente en todos los ámbitos de la vida: tecnológico (Revolución Industrial, barco de vapor, ferrocarril, etc.), social y político (Revolución Francesa, pujanza de la burguesía y de su estilo de vida), religioso (leyes de libertad religiosa en gran parte de los estados europeos) y científico (nacimiento de la Química, grandes avances en Física y Astronomía, descubrimiento de nuevos planetas, etc.). Los tiempos y las mentalidades empezaban a estar maduros para aceptar que los seres vivos también cambian.
Las consideraciones anteriores explican que, tras siglos y siglos en los que apenas nadie había propuesto ninguna hipótesis evolucionista para explicar por qué la vida es tan diversa y ordenada a la vez, a comienzos del siglo XIX se multiplican los científicos que, en distintos países y con puntos de vista muy diferentes, exponen ideas evolucionistas sobre el desarrollo de la vida en la Tierra. Erasmus Darwin (abuelo de Charles R. Darwin) en Inglaterra, Humboldt en Alemania, Lamarck y Saint-Hilaire en Francia,… hasta llegar a Darwin y Wallace en la Inglaterra de mediados del siglo XIX. 
 

jueves, 24 de noviembre de 2011

LYNN MARGULIS, IN MEMORIAM

Ha fallecido Lynn Margulis, bióloga norteamericana conocida por ser la principal impulsora de la teoría endosimbiótica sobre el origen de las células eucarióticas. Éstas son las que están dotadas de núcleo, mitocondrias y otros complejos orgánulos; nuestras células, así como las de todos los animales, hongos, protoctistas y plantas. Muy controvertida durante años, esta teoría es hoy aceptada por la práctica totalidad de la comunidad científica, al menos en su versión light, la que da cuenta solamente del origen de mitocondrias y cloroplastos a partir de bacterias endosimbióticas dentro de una gigantesca (para ser bacteria) bacteria termófila.
Otra cosa es la visión de la evolución como un fenómeno atravesado en toda su extensión - casi diríamos dirigido - por fenómenos simbióticos. Esto es mucho más discutible y ha sido mucho más discutido, pero, sea cual sea el destino final de esta concepción simbiogénica de la evolución, ha dado lugar a muchos fructíferos debates, y eso es algo que no todos los científicos pueden mostrar con orgullo en su curriculum.
Margulis también es muy conocida por su actividad divulgadora de la Biología, a menudo escribiendo en colaboración con su hijo, el periodista científico Dorion Sagan (durante un tiempo, Margulis estuvo casada con Carl Sagan, uno de los más conocidos divulgadores de la ciencia de nuestros tiempos). También tuvo Margulis una estrecha relación con España. Casi todos los años venía al final de la primavera y principio del verano para recoger muestras de extremófilos (microorganismos que viven en condiciones ambientales extremas, letales para cualquier otro ser vivo) que estudiaba en colaboración con Ricardo Amils y otros microbiólogos españoles. De paso, casi siempre se quedaba para impartir algunas conferencias en la Universidad Internacional de Andalucía (en el campus de La Rábida) entre otros lugares.
 Su tarea divulgativa ha sido ingente y digna de admiración, como también lo es su obra científica, audaz y sugerente y, por eso mismo, enormemente fecunda. La echaremos de menos.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

ABOUT DARWIN'S LIFE

These short pics illustrate some interesting aspects of Darwin's life. Don't miss them! Aquí tenéis una parte de una recreación del viaje de Darwin, a mi entender, realista y divertida a un tiempo. En ella aparece Stephen J. Gould (promotor de la teoría del equilibrio intermitente) y Daniel J. Dennet, autor de la expresión "la peligrosa idea de Darwin". En inglés, por supuesto. Y este otro no trata de historia de la evolución, sino de la historia evolutiva más reciente de nuestra especie. En inglés claro y con subtítulos. La mayoría de estos videos están incompletos, pero buscar las partes que faltan ya es tarea vuestra. Enjoy them!

miércoles, 16 de noviembre de 2011

NATURAL SELECTION

Explained by Carl Sagan, even Natural Selection seems easy to understand. Carl Sagan es uno de los mejores divulgadores científicos que han existido. Este curioso caso ejemplifica muy bien la selección natural, con los seres humanos en el papel de "ambiente que selecciona".

martes, 1 de noviembre de 2011

Lamarck y la primera teoría evolutiva / Lamarck and the first evolutionary theory

Se la suele conocer como transformismo o, simplemente, lamarckismo, pero es mucho más informativo enunciar su contenido así: teoría de la evolución por herencia de los caracteres adquiridos. Hace muchos años que la ciencia la descartó en favor de la evolución por selección natural, de origen darwiniano. Sin embargo, es importante conocerla por su interés histórico, pero, sobre todo, porque muchas personas (incluidos ¡ay! algunos estudiantes de ciencias) mantienen ideas lamarckianas sobre la evolución de los seres vivos. Podríamos decir que la teoría de Lamarck es a la evolución neodarwiniana lo que la física aristotélica (ya sabéis, los cuerpos caen por su propio peso) a la newtoniana.
Esta graciosa animación permite visualizar la evolución por herencia de caracteres adquiridos lamarckiana en el famoso ejemplo de las jirafas. Espero que os guste.

martes, 29 de diciembre de 2009

VIDA DE CHARLES DARWIN - y 4: EMMA WEDGEWOOD, VIUDA DE DARWIN.


















Estas entradas sobre la vida de Charles Darwin se cierran, al igual que se cerraron las representaciones en la Feria de la Ciencia, con las palabras de Emma Wedgewood, ya viuda de Darwin, cuando preparaba con su hijo la edición de la autobiografía del difunto Charles. Creemos que son bastante esclarecedoras sobre algunas de las circunstancias personales y sociales en las que se desarrolló la obra de este gran científico.

Con esta entrada se cierra el ciclo de las dedicadas a la vida y obra de Charles R. Darwin. Esperamos que, junto con nuestra iniciativa en la Feria de la Ciencia 2009, hayan contribuido modestamente a difundir algo más la importancia de las ideas evolucionistas. Sin ellas, nuestra comprensión de la naturaleza y de nosotros mismos sería mucho más pobre e imperfecta de lo que actualmente es.







He pasado cuarenta y tres años de mi vida junto a Charles, he tenido con él 10 hijos, de los que 7 han llegado a la edad adulta, y nunca me he arrepentido de haber compartido mi vida con él. Charles Darwin es el hombre más bondadoso que jamás haya conocido.
Sólo una nube ha enturbiado en algunos momentos nuestra convivencia. Me refiero a sus creencias. O, más bien, a los peligrosos caminos por los que le llevaron sus investigaciones. Durante todos estos años he visto con temor cómo Charles se iba alejando más y más de las enseñanzas de la Biblia. Hay una frase en su autobiografía que me resulta especialmente dolorosa. Es la siguiente:
Me resulta difícil entender que alguien pueda desear que el cristianismo sea verdad. Si lo fuera, el lenguaje llano de la Biblia parece mostrar que las personas que no creen (y entre ellas se incluirían mi padre, mi hermano y casi todos mis amigos) recibirán un castigo eterno. Y ésta es una doctrina detestable.
Leyendo esto, no puedo evitar el sufrimiento al imaginar que su falta de fe pueda condenarlo eternamente. Comprenderéis que no puedo permitir que esta frase, y otras como ésta, sean publicadas.
Pero no os llaméis a engaño. Nunca tuve ningún reproche que hacer a Charles. Siempre fue amantísimo y bondadoso para conmigo, hasta el punto de ocultarme sus pensamientos más críticos con la religión, para evitarme sufrimientos. Sea cual sea su destino en el más allá, y sea cual sea el mío, sólo puedo recordarle con amor y transmitiros la memoria del gran científico y mejor persona que fue Charles Darwin.








lunes, 28 de diciembre de 2009

VIDA DE DARWIN - 3: ALFRED RUSSELL WALLACE





"Nuestros Wallace" de la Feria de la Ciencia (Sevilla 2009), junto con otros personajes de la vida de Darwin.














En esta entrada el protagonista es Alfred Russell Wallace, el codescubridor, junto a Darwin, de la evolución por selección natural. Tal vez la historia le haya tratado injustamente, puesto que fue un gran científico y mostró a lo largo de su vida una personalidad inquieta y generosa. Merece destacarse la sincera y profunda amistad que Darwin y Wallace se profesaron, todo un ejemplo para estos tiempos en los que abunda demasiado la más exacerbada competitividad.








Buenos días. me llamo Alfred Russell Wallace y mi gran pasión es el estudio de la naturaleza. Desde muy joven participé en largas expediciones científicas. primero estuve en la Amazonia brasileña, donde hice importantes hallazgos. Después me trasladé a malasia, Indonesia y Nueva Guinea. Allí descubrí importantes hechos sobre la distribución geográfica de plantas y animales, lo que me llevó a cuestionarme las teorías entonces vigentes sobre la formación de las especies. Elaboré entonces una hipótesis alternativa que pretendía explicar la transformación de unas especies en otras gracias a la presión selectiva del ambiente sobre los distintos individuos de una especie.

Antes de publicar mis ideas sobre lo que luego se llamaría "evolución por selección natural", pensé que sería prudente consultarlas con algún naturalista de renombre, cuya experiencia pudiera avalar mi trabajo. Así que, en 1858, envié un resumen de éste a Charles R. Darwin, con el ruego de que, si consideraba que merecían la pena, me ayudara a publicarlo.


La respuesta de Darwin fue sorprendente y generosa al mismo tiempo. Me anunció que llevaba más de 20 años trabajando en este asunto, con resultados muy similares a los míos. Se ofreció a publicar mi trabajo junto con un resumen del suyo, de modo que compartiéramos la prioridad de esta nueva teoría científica.

Debo decir que desde aquel momento y hasta su muerte, Darwin tuvo siempre un comportamiento generoso y considerado conmigo. Sus buenas relaciones con el mundo académico le hubieran permitido ningunearme, plagiarme y reducirme al silencio, pero nuunca lo hizo. Yo espero haberle correspondido con mi reconocimiento y gratitud.

viernes, 25 de diciembre de 2009

VIDA DE CHARLES DARWIN -2: DARWIN MADURO, TRAS RECIBIR LA CARTA DE WALLACE / MIDDLE-AGED DARWIN, AFTER HAVING RECEIVED THE LETTER FROM A.R. WALLACE

Darwin y Wallace en la Feria de la Ciencia de Sevilla (Mayo 2009).

Darwin maduro, Emma Wedgewood (Sra. de Darwin), Darwin joven y Wallace, en el stand Evodarwin, de la Feria de la Ciencia 2009 de Sevilla.



Charles Darwin a los 51 años



Alfred Russell Wallace en dos momentos diferentes de su vida














Éste es el segundo monólogo de los cuatro que componen la pequeña dramatización sobre la vida y obra de Darwin presentada por los IES Severo Ochoa e IES Valle-Inclán en la pasada Feria de la Ciencia de Sevilla.






En él, un Darwin que, a sus 48 años, cree encontrarse en el cénit de su carrera científica, y goza de todo el prestigio y posición social que un caballero de la buena sociedad victoriana pudiera desear, muestra su estupor al leer la carta que le envía desde el Archipiélago de la Sonda Alfred Russell Wallace. Este joven naturalista pide respetuosamente al "maestro" Darwin" que le ayude a publicar lo que considera una muy novedosa teoría científica.












En 1837, apenas un año después de volver de mi viaje en el Beagle, comencé a escribir una serie de cuadernos sobre lo que entonces llamé "la transmutación de las especies", y sobre la teoría de la Selección Natural. Durante años, paciente e incansablemente, di forma a esta teoría, al tiempo que recopilaba múltiples evidencias a favor de la evolución. No quería dejar ningún cabo suelto, ninguna sombra de duda. Me esforcé por encontrar los puntos débiles de mis argumentos, por anticiparme a todas las objeciones que se les pudiera hacer... Y plasmé todo esto en cientos de hojas manuscritas. Pero lo hice casi en secreto.






¿Por qué? Desde un principio, fui consciente de la fuerza corrosiva de mis ideas evolutivas. Sabía que, si las hacía públicas, me lloverían las críticas de filósofos, clérigos y toda la bienpensante sociedad victoriana, a la que, por otro lado, le debo todo lo que soy. No quería arriesgar el sólido prestigio científico que - modestia aparte - he acumulado en los últimos 25 años. Y tampoco quería que mi esposa, mi querida Emma, y mis hijos, sufrieran al verme alejado de sus creencias religiosas y vituperado por ello.






Por todo lo anterior, no podéis imaginar el estupor que me invadió al recibir, en 1858, una extensa carta que me obligó a modificar mis planes. La enviaba desde el archipiélago malayo un joven naturalista llamado Alfred Russell Wallace. En ella me pedía mi opinión y, en caso de que ésta fuera positiva, mi ayuda para publicar el trabajo que me adjuntaba. Al leerlo, descubrí en él, casi palabra por palabra, mis ideas sobre evolución y selección natural.

martes, 24 de noviembre de 2009

VIDA DE CHARLES DARWIN - 1: DARWIN JOVEN / THE LIFE OF CHARLES DARWIN - 1: THE YOUNG DARWIN



























Nunca se resaltará demasiado la importancia de la obra de Charles Darwin para la ciencia y el pensamiento contemporáneos. Por eso el autor de estas líneas se va a permitir seguir dando la paliza a sus innumerables seguidores con una nueva serie sobre la vida y obra de Darwin.

Como algunos ya sabéis, en la Feria de la Ciencia celebrada en Sevilla el pasado Mayo, el IES Severo Ochoa y el IES Valle-Inclán (es decir, nosotros) montaron un stand con una exposición titulada "La evolución: de Darwin a nuestros días". Junto a la exposición preparamos una dramatización sobre la vida de Charles Darwin, en la que se recreaban momentos importantes de su vida a través de monólogos declamados por varios personajes: Darwin en su juventud y en su madurez, Alfred R: Wallace y Emma Wedgewood, tras haber enviudado de Darwin.

Trabajamos mucho, lo pasamos bien y descubrimos varios excelentes actores y actrices entre el alumnado de ambos institutos. Aqui publicaremos el texto de los monólogos y, en el futuro, algunas fotos de nuestra participación en la Feria.
El primer monólogo, que podéis leer en esta entrada, es pronunciado por Charles R. Darwin poco tiempo después de volver de su viaje alrededor del mundo en el bergantin Beagle.


Buenos días. Creo que habréis oído hablar de mi. Me llamo Charles Darwin, y lo que voy a contaros es casi como confesar un crimen.
Nací en Shrewsbury, en la campiña del sur de Inglaterra, el 12 de Febrero de 1809. Mi padre, Robert Darwin, era médico, y el hombre más bondadoso que jamás haya conocido. Apenas alcancé la edad necesaria, me mandó a Edimburgo para que estudiara Medicina. pero aquello fue un verdadero fracaso. Las clases me aburrían soberanamente, las disecciones me asqueaban y nunca pude soportar aquellas odiosas operaciones sin anestesia. Así que mi padre cambió de planes y me envió a Cambridge, a prepararme para ser clérigo.
En Cambridge asistí a clases de Botánica y Geología impartidas por profesores que supieron cultivar en mi la afición por el campo, las excursiones y la observación de la naturaleza. A los tres años me gradué y me disponía a hacerme párroco rural cuando recibí una carta que cambió el curso de mi vida.

En esa carta se me ofrecía el puesto de naturalista a bordo de un pequeño velero, el Beagle, que iba a dar la vuelta al mundo, para levantar mapas y recoger informaciones sobre las regiones más remotas del globo. Acepté entusiasmado. Si hubiera sabido la dureza del viaje que me esperaba, tal vez hubiera dicho que no.

Casi cinco años, interminables mareos y nauseas, y una enfermedad contrída en Sudamérica de la que nunca me recuperé por completo. Ése fue mi pago por participar en tan fascinante aventura. Y no olvido lo peor: vivir encerrado en un camarote tan pequeño que apenas podía estirarme para dormir. Y, sobre todo, compartir charlas y almuerzos con el soberbio y colérico capitán Fitzroy.

Atravesamos el Atlántico, visitamos las selvas brasileñas y la pampa argentina, cruzamos el cabo de Hornos, recorrimos los Andes y recalamos en las islas Galápagos. En todos estos lugares hice largas excursiones, recogí cientos de ejemplares de plantas, fósiles e insectos, pero, sobre todo, observé.

Observé, al principio, con los prejuicios propios de alguien educado en las creencias tradicionales. Ya sabéis: los seres vivos creados de golpe en un sólo día, y todo eso. Pero, poco a poco, tantas asombrosas semejanzas entre organismos alejados, tantas adaptaciones inexplicables por puro azar, tantos fósiles de animales parecidos a los actuales,... hicieron que se abriera paso en mi mente otra inquietante posibilidad.

No recuerdo bien si fue en las Galápagos donde esta posibilidad empezó a tomar forma. Sí estoy seguro de que en 1836, de vuelta en Inglaterra, no podía dejar de pensar en ella. Decidí recopilar toda clase de informaciones sobre la naturaleza de las especies. Leí montones de libros de agricultura y ganadería, y no paré de refinar mis ideas sobre las variedades de plantas y animales.

Por fin han surgido destellos de luz, y estoy convencido, en contra de la opinión de la que partí, de que las especies no son inmutables. Es casi como confesar un crimen.
























































lunes, 13 de octubre de 2008

¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE DARWIN? / WHY IS DARWIN SO IMPORTANT?







En 2009 se cumplirán 200 años del nacimiento en Shrewsbury (Gran Bretaña) de Charles Robert Darwin. También se cumplirán 150 años de la publicación de la primera edición (24 de Noviembre de 1859) de su obra más conocida: El Origen de las Especies. Así pues, leeremos y oiremos muchas cosas sobre Darwin en los próximos meses. También este blog aprovechará la efemérides para abordar diversos temas relacionados con su vida y su obra, pero sobre todo con la evolución y la selección natural. Quizá debamos empezar por justificar brevemente la colosal importancia de este científico.
Hasta los siglos XVI y XVII, las concepciones sobre la posición de nuestra especie en el Universo eran claramente antropocéntricas. Según ellas, la Tierra es el centro del Universo y la especie humana domina la Tierra, en virtud de su carácter superior, hecha a imagen y semejanza de la divinidad. Pues bien, la historia de la ciencia moderna es, en buena parte, la del desmontaje de esa autocomplaciente visión de nosotros mismos. Este desmontaje se efectúa en dos etapas.
En la primera de ellas, el modelo geocéntrico del Universo es reemplazado por el heliocéntrico. En éste, la Tierra ya no es el centro, sino un planeta más, que recorre distancias vastísimas por el espacio mientras gira sin cesar – como otros planetas – alrededor del sol.
En la segunda etapa nuestra especie sufre el descabalgamiento definitivo del pedestal en que nosotros mismos nos habíamos colocado, y esto se lo debemos en buena parte a Charles Darwin. Veamos en qué sentido esto es así.
Darwin no es, ni mucho menos, el primero en hacer pública la idea de que los seres vivos cambian a lo largo del tiempo y las especies se modifican, dando lugar a otras nuevas. Desde fines del siglo XVIII la idea de cambio, en ciencias naturales como en ciencias sociales, impregnaba el ambiente intelectual europeo y norteamericano. Sin ir más lejos, el propio abuelo de Darwin, Erasmus, había escrito sobre ello. ¡Y qué decir de Lamarck en Francia! Tampoco puede adjudicarse a Darwin la autoría de la primera teoría evolutiva digna de tal nombre, pues los libros escritos por Lamarck datan de medio siglo antes de El Origen de las Especies.
¿Cuál es, pues, el mérito de Darwin?
Con la perspectiva que dan los años transcurridos, podemos afirmar que nuestro autor realizó dos enormes aportaciones a la ciencia y el pensamiento contemporáneos.
En primer lugar, en El Origen de las Especies reunió y expuso argumentadamente un número abrumador de pruebas a favor de la idea de evolución, como nadie había hecho antes. Las pruebas procedían de la biogeografía, de la anatomía comparada, la paleontología y el comportamiento animal. En su conjunto, tenían tal potencia argumentativa que unos años después de la publicación de su obra, la mayor parte de los científicos serios del mundo occidental aceptaban la evolución biológica como un hecho, aunque el consenso sobre cómo se produce el cambio evolutivo tardó mucho más en llegar.
La segunda gigantesca aportación de Darwin a la ciencia es su teoría sobre el mecanismo de la evolución biológica: la selección natural. En realidad, la paternidad intelectual debe ser compartida con Alfred Russell Wallace, el joven naturalista que, al comunicar sus ideas a Darwin, precipitó la publicación por éste de los estudios sobre evolución en los que venía ocupándose desde más de veinte años antes. Pero aquí, nuevamente, el carácter sistemático de Darwin marca la diferencia. La exposición detallada de la teoría de la selección natural, plagada de argumentaciones, ejemplos, analogías, etc., deja poco lugar a la ambigüedad. En el contexto científico de la época, la teoría darwiniana tiene sus puntos débiles. Le falta, por ejemplo, una teoría de la herencia biológica en la que apoyarse. Pero su claridad y poder explicativo es tan enorme que ganó adeptos rápidamente. Sin embargo, hubo que esperar a mediados del siglo XX para que, en conjunción con la genética de poblaciones y la naciente Biología molecular, la selección natural fuera aceptada por la comunidad científica como mecanismo básico de cambio evolutivo.
¿Qué queda de Darwin en la actualidad? En primer lugar, la ciencia contemporánea considera la evolución biológica como un hecho, mal que les pese a los creacionistas. El “cómo” de la evolución se explica mediante lo que se ha dado en llamar teoría sintética o, más inapropiadamente, neodarwinismo. El nombre obedece al hecho de que está construida con aportaciones recientes de distintas disciplinas biológicas: Genética, Bioquímica, Anatomía y Fisiología, Ecología, Etología, Biogeografía, etc. El núcleo de esta teoría sigue siendo la selección natural darwiniana. Y su alcance es, hoy como ayer, inmenso. Todas las ciencias naturales tienen una o dos teorías centrales que articulan y dan coherencia al conjunto de conocimientos construidos por cada disciplina. Pues bien, en el caso de la Biología ese papel central corresponde, sin ninguna duda, a la teoría sintética de la evolución. No exageraba el gran genetista T. Dobzhanskii cuando afirmaba: Nada tiene sentido en Biología si no es a la luz de la evolución.
En definitiva, la “peligrosa idea de Darwin”, en palabras del filósofo de la ciencia Daniel Dennett, supuso una revolución científica y filosófica cuyas consecuencias aún no han terminado de desarrollarse. No somos los mismos después de Darwin. Gracias, en buena parte, a su esfuerzo, disponemos de un potente modelo explicativo sobre la historia de la Tierra y de la vida, y sobre los cambios que en ellas acontecen. Y nuestra visión del mundo y de nosotros mismos ha cambiado en consonancia con ello.

NOTA.: No cabrían en una sola entrada otros aspectos muy importantes de la obra de Darwin: su obra sobre el origen de nuestra especie, su explicación sobre la formación de los atolones del Pacífico y otras contribuciones a la Geología, sus ideas sobre coevolución de plantas e insectos, su carácter de precursor de la Etología,… Quien quiera conocer algo más sobre la vida y obra de Darwin puede consultar literalmente miles de libros, revistas y sitios web. Para empezar, recomiendo estos:
- Pelayo, F. (2001): Darwin. De la creación a la evolución. Ed. Nivola. Madrid.
- Huxley, J. y Kettlewel, H.D.B. (1987): Darwin. Ed. Salvat. Barcelona.
- Sarukhan, J. (1988): Las musas de Darwin. FCE. México.
- Todas las obras divulgativas del gran paleontólogo Stephen Jay Gould (El pulgar del panda, La sonrisa del flamenco, etc.) publicadas en castellano por la editorial Crítica.
- Un excelente blog en castellano sobre evolución: http://paleofreak.blogalia.com
 
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