



La actualidad ambiental y científica vista por el alumnado de Ecología del IES Ramón del Valle-Inclán (Sevilla)./ Our insight on Science and the Environment





A veces puede parecer que disponer de riquezas es una maldición. Pero que nadie se llame a engaño: no voy a defender esa cínica y miserable tesis de que “los ricos también lloran”. Simplemente voy a exponer un ejemplo de una región del planeta en la que un día se descubrió que almacenaba uno de los bienes más codiciados en las sociedades contemporáneas: petróleo. Este recurso ha supuesto, para los habitantes del delta y para su entorno natural, una auténtica maldición.
El escenario de esta maldición, Nigeria, es uno de los estados con mayores desigualdades sociales del mundo. Miembro de la OPEP, es el sexto mayor exportador mundial de petróleo, y primero de África, por delante de países petroleros más conspicuos, como Libia. Sin embargo, el 70% de sus 140 millones de habitantes vive por debajo del umbral de la pobreza, con menos de un dólar por día. Los beneficiarios de las riquezas petrolíferas son el gobierno y las élites sociales nigerianas, pero, sobre todo, un conglomerado de multinacionales encabezado por la Royal Dutch Shell, esa simpática compañía de la concha. En cambio, los grandes perjudicados son la mayor parte de las comunidades locales, que han perdido sus medios tradicionales de vida (pesca, agricultura, etc.) ante los impactos producidos por la extracción desenfrenada de hidrocarburos, con deficientes medidas de seguridad.
El delta del río Niger ocupa unos 70000 kilómetros cuadrados y está poblado en toda su extensión por unos 30 millones de personas, de las que más de 7 millones ocupan la zona centro-meridional, donde mayor es la extracción de hidrocarburos (un 75% del total del petróleo producido por Nigeria, lo que se traduce en aproximadamente la mitad del total de ingresos estatales). Hasta la intensificación de la explotación del petróleo, en los años 60, las principales ocupaciones de los habitantes del delta eran la pesca -de extraordinaria riqueza - la agricultura y la ganadería. El delta del Níger es -¿era?- uno de los puntos calientes de biodiversidad de todo el planeta, con una enorme variedad de peces, invertebrados, aves, etc. en sus manglares, albuferas, marismas y selvas.
Gran parte de esta riqueza ecológica, pesquera y agrícola se ha perdido irremisiblemente, a causa de los vertidos continuos de crudo, las explosiones de gas, etc. Según la Nigerian National Petrol Corporation, el número de "incidentes de vertido" en el delta es de unos 300 al año, sin contar los episodios menores de derrame.Las causas de estos vertidos son la corrosión de tuberías y oleoductos (detrás de la mitad de los vertidos), los sabotajes, a veces para robar petróleo, y las propias operaciones extractivas.La extensísima red de tuberías y oleoductos se construyó entre los años 60 y los 90, y, según reconoce la propia Shell, utilizando unos estándares de seguridad muy bajo. Su renovación no parece ser una prioridad para esta empresa, de modo que las fugas se multiplican y pueden tardar varios días en ser detectadas, y mucho más en repararse.
Como es fácil suponer, la población local no permaneció quieta durante mucho tiempo ante estos desmanes. Lo que sucedió cuando parte de los habitantes del delta comenzaron a protestar, lo veremos en la próxima entrada.


En la entrada anterior planteábamos el problema: los estudios científicos sobre el río Guadalquivir, ¿respaldan o, por el contrario, desaconsejan el dragado ligado a la ampliación del puerto de Sevilla? Como las informaciones aparecidas en los distintos medios resultan confusas y contradictorias, rebuscando aquí y allá, en distintas fuentes, hemos reconstruido la historia del famoso informe del CSIC. Presentamos a continuación un extracto de la misma.
Noviembre 2001: el Pleno del Patronato del Parque Nacional de Doñana acuerda “trasladar a la autoridad portuaria de Sevilla su posicionamiento desfavorable al proyecto de dragado”.
Octubre 2003: El Ministerio de Medio Ambiente emite una Declaración de Impacto Ambiental positiva sobre dicho proyecto de dragado. La declaración no incluía el pronunciamiento del Patronato del Parque.
Noviembre 2004: El Patronato del P.N. Doñana, presidido entonces por Cristina Narbona, y la Autoridad Portuaria de Sevilla acuerdan constituir dos comisiones –una científica y la otra técnica – que estudien los posibles impactos del dragado y otras actuaciones sobre el río Guadalquivir y su entorno. Acuerdan asimismo detener toda actuación sobre el río hasta que las comisiones emitan sus respectivos informes.
Junio 2005: La comisión científica encarga un estudio para “diagnosticar y pronosticar las consecuencias de las actuaciones humanas en el estuario del Guadalquivir” a un equipo de investigadores pertenecientes al CSIC y a las universidades de Córdoba y Granada.
Octubre 2010: La comisión científica recibe los resultados de ese estudio. El equipo científico compareció ante la comisión y manifestó que “en la situación actual, y si no mejoran otros factores en el estuario, no se debe profundizar el dragado”, advirtiendo sobre las consecuencias negativas que tendría invertir el orden de las actuaciones y dragar antes de mejorar la situación en el estuario.
Noviembre 2010: Ante ello, la comisión científica, en el dictamen que elevó al Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino, manifestó que el dragado de profundización propuesto en el proyecto de ampliación del puerto de Sevilla “no es recomendable en la situación actual, por repercutir negativamente en la dinámica, morfología y biodiversidad del estuario y, por lo tanto, de Doñana, por no mejorar la situación frente a procesos externos (turbidez y salinidad) y limitar severamente la capacidad de minimizar su duración y sus efectos”
La respuesta a la pregunta con la que comienza esta entrada parece, pues, bastante clara. En sus conclusiones, el informe científico se pronuncia claramente en contra del proyecto de profundización del cauce mediante un dragado, al menos hasta que se hayan realizado una serie de actuaciones que mejoren la calidad del agua que llega al río, el estado de sus riberas, reduzcan la turbidez en el estuario, etc. ¡Basta de confusiones interesadas!


Recientemente han aparecido en los medios de comunicación varias informaciones relacionadas con el proyecto de ampliación del puerto de Sevilla. Este proyecto pretende, entre otras actuaciones, aumentar el calado del canal central del Guadalquivir, entre Sanlúcar de Barrameda y el puerto de Sevilla, hasta los ocho metros de profundidad, lo que permitiría la llegada al puerto sevillano de buques de mucho mayor desplazamiento.
La primera información aparecida se refiere a un informe elaborado por científicos del CSIC que desaconseja dragar el cauce hasta los 8 m de profundidad. Posteriormente, algunos medios como El País, matizaron estas informaciones, resaltando (y aquí ya no sé dónde termina la información y empieza la opinión) que el informe “minimiza el impacto del dragado”. Éste es promovido por la autoridad portuaria de Sevilla y la Junta de Andalucía, y supondría hacer el fondo del río 1.8 m más profundo en la parte central de su cauce.
De todo lo anterior parece deducirse que hay cierta contradicción en las informaciones publicadas, reflejo, tal vez, de un conflicto de intereses. Será necesario, pues, acudir a los documentos originales publicados por el equipo científico del CSIC, la comisión técnica de la que depende, el Patronato del Parque Nacional de Doñana, etc.
Esto es lo que haremos en nuestra próxima entrada. En esta nos limitamos a poner de relieve la doble contradicción instalada en torno al Guadalquivir y Doñana. Por un lado, entre crecimiento económico del entorno de Sevilla y conservación del entorno del río (Doñana incluido)y sus aprovechamientos tradicionales. Por el otro, entre información sesgada (haya o no intencionalidad en ella) e información equilibrada, que no equidistante.

No es preciso dar muchos datos sobre el contexto. Un instituto (centro público, para quien no conozca la terminología educativa) en un barrio de clase media-baja de una gran ciudad. Primer curso de Bachillerato: alumnos de 16-17 años, ni pijos ni marginales, digamos que muy normalitos. La asignatura: Ciencia para el Mundo Contemporáneo, una materia en la que se tratan temas científicos de interés para todo ciudadano que quiera ejercer como tal. Calentamiento global, células madre, alimentación y salud, transgénicos, etc.
Tras haber trabajado en clase el tema de las enfermedades infecciosas y las grandes pandemias actuales, el profesor plantea un debate acerca de los medicamentos genéricos y las patentes sobre muchos fármacos que obran en poder de grandes empresas farmacéuticas. ¿es lícito saltarse las patentes cuando se declara una crisis sanitaria como la que, en el caso del SIDA, afecta a buena parte de Asia y África?
El debate no es una mera sucesión desordenada de opiniones más o menos atropelladamente expuestas. Por el contrario, se estructura en torno a argumentos favorables y contrarios a la anterior pregunta, defendidos por distintos alumnos, que previamente se han documentado. Otros alumnos interrogan a los primeros, contraargumentan y matizan los argumentos expuestos. El debate transcurre con bastante normalidad y un importante grado de participación.
Al final del mismo, el profesor pregunta cuántos alumnos son favorables al mantenimiento de las patentes comerciales para todos los fármacos. El 100% del alumnado considera que no se debería liberar ninguna patente, y que hay que primar los derechos de las empresas farmacéuticas. La principal razón aducida es que, de otro modo, no habría estímulos para la investigación farmacológica. A ninguno se le ocurre otro mecanismo para financiar la investigación que no sea la empresa privada con ánimo de lucro.
Por supuesto, caben muchas interpretaciones. Sólo diré, para que en ellas se tenga en cuenta, que no es un hecho aislado, ni propio de un grupo no representativo de la generalidad de nuestros adolescentes. Podría haber presentado otros muchos ejemplos, sólo que éste es el más reciente acontecido en la ya larga vida docente de quien escribe.Si alguien se anima a debatirlo, daré más detalles.
Definitivamente, algo se ha roto en la línea que une a los actuales adolescentes con las generaciones que eran jóvenes durante la Transición.En los primeros ochenta, cuando este profesor comenzó su andadura, no creo que el resultado de este debate hubiera podido ser el mismo. ¿Cuáles son las causas de esta tremenda transformación de la mentalidad juvenil?
NOTA: Por si alguien no se hubiera dado cuenta, la foto alude al estado de ánimo que se apoderó del profesor tras la experiencia.
